Yo siempre digo que Clarice Lispector es la escritora más grande del siglo XX. Luego me digo, con un poco de remordimiento, que al decir eso es como si matara a muchos escritores grandísimos a los que amo. Así que, cuando digo siglo XX, en el fondo me doy cuenta de que quizá quiero decir siglo XXI. En realidad, es la escritora de hoy y de mañana. No conocía a Clarice Lispector. Había oído su nombre, pero nunca había leído nada suyo. Una joven brasileña vino a verme para pedirme dirigir una tesis sobre ella. Era Regina Machado, que con el tiempo se convertiría en su traductora. Para orientarme, me trajo unos pequeños fragmentos de texto traducidos por ella misma, y me parecieron magníficos. Al mismo tiempo, eran tan breves que no me atreví a fiarme del todo de lo que leía. Me dije: si este pequeño fragmento de texto se parece a una obra entera, entonces es realmente el tesoro del mundo. No lo creí del todo. Y justo entonces, las Éditions des Femmes, donde yo había empezado a publicar, me informaron de que iban a editar un libro de Clarice Lispector. Esperé ese libro con enorme curiosidad. Y resultó ser La pasión según G.H. Y sí: la iluminación que había tenido al leer aquel primer fragmento no me engañó. Era realmente el tesoro del mundo. Sentí entonces una felicidad extraordinaria. Diría que, dentro de la categoría de la felicidad simbólica, fue sin duda la más grande de mi vida. Era el descubrimiento de una obra inmensa. No tenía nada que decirle, salvo gracias. Es una mujer que encarna una promesa. Es decir, si existe Clarice Lispector, es como un descubrimiento científico: promete otra cosa. Uno se dice entonces que existen otros mundos, otras mujeres, y otras escrituras. Es, en el fondo, una mensajera de alegría. De hecho, cuando la leí, ya era para mí una escritora de la eternidad. Ni siquiera pensé que fuera contemporánea. Creo que eso también fue lo que más me conmovió al leerla. Me dolió de verdad. Estaba loca de alegría, pero también loca de dolor". Hélène Cixous *** Écoutez: Clarice Lispector. Clarice arrive premièrement comme ceci; en nous sautant dessus, au devant de nous, flèche, vit, vole, panthère et se pose. La couleur de son nom en mouvement est évidemment lispectorienne: une orange légèrement pourprée peau de clémentine. Mais si l’on prend son nom dans les mains délicates et si on le déplie et le dépluche en suivant attentivement les indications des gousses, selon sa nature intime, il y a là des dizaines de petits cristaux efflorescents, qui se réfléchissent ensemble dans toutes les langues où passent les femmes. Claricelispector. Clar. Ricelis. Celis. Lisp. Clasp. Clarlisp. Clarlisp. – Clar – Spec – Tor – Lis – les – lisp – Larice – Ricepector – clarinspector – claror – listor – rire – clarire – respect – rispect – clarispect – Ice – Clarici – O Clarice tu es toi même les voix de la lumière, l’iris, le regard, l’éclair, l’éclairis orange autour de notre fenêtre. Hélène Cixous |
libros para saber más y textos que me gustan
Lo que me interesa en relación a la escritura.
miércoles, 29 de abril de 2026
Vi a un pobre saltimbanqui, Charles Baudelaire
Vi a un pobre saltimbanqui, Charles Baudelaire
Al extremo, al último extremo de la fila de barracas, como si, vergonzoso, se hubiera él mismo desterrado de todos aquellos esplendores, vi a un pobre saltimbanqui, encorvado, caduco, decrépito, a la ruina de un hombre, recostado en un poste de su choza; choza más miserable que la del salvaje embrutecido, harto bien iluminada todavía en su desolación por dos cabos de vela corridos y humeantes. Por doquiera, gozo, lucro, liviandad; por doquiera, certidumbre del pan de mañana; por doquiera, explosión frenética de la vitalidad. Aquí, miseria absoluta, miseria embozada, para colmo de horror, en harapos, cómicos, en contraste traído, más que por el arte, por la necesidad. ¡No se reía aquel desgraciado! No lloraba, no bailaba, no gesticulaba, no gritaba, no cantaba ninguna canción, alegre ni lamentable, ni imploraba tampoco. Estaba mudo, inmóvil; había renunciado, abdicado… Su destino estaba cumplido. Pero, ¡qué mirada profunda, inolvidable, paseaba por el gentío y las luces, cuyas olas movedizas iban a pararse a pocos pasos de su repulsiva miseria! Sentí que la mano terrible de la histeria me oprimía la garganta, y me pareció que me ofuscaban los ojos lágrimas rebeldes, de las que se niegan a caer. ¿Qué haría yo? ¿Para qué preguntar al infortunado qué curiosidad, qué maravilla podría enseñar en aquellas tinieblas malolientes detrás de la cortina desgarrada? No me atrevía, a la verdad; y aunque la razón de mi timidez haya de moveros a risa, confesaré que temí humillarle. Acababa por fin de resolverme a dejar al paso algún dinero en una tabla de aquéllas, esperando que adivinara mi intento, cuando un gran reflujo de gente, causado no sé por qué perturbación, hubo de arrastrarme lejos de allí. Y al marcharme, obsesionado por aquella visión, traté de analizar mi dolor súbito, y me dije: ¡Acabo de ver la imagen del literato viejo, superviviente de la generación de que fue entretenimiento brillante; del poeta viejo sin amigos, sin familia, sin hijos, degradado por la miseria y por la ingratitud pública, en la barraca donde no quiere entrar ya la gente olvidadiza! Charles Baudelaire |
Sólo soy un soñador en prosa, Gerard de Nerval
Yo no he visto jamás a mi madre; sus retratos se perdieron o fueron robados; sé solamente que se parecía a un grabado de la época, un grabado de la escuela de Prud’hon o Fragonard, y que podía titularse: la Modestia. La fiebre de que ella murió me ha atacado tres veces, en épocas que han sido divisiones extrañas de mi vida. Siempre en esas épocas he sentido el espíritu atacado por imágenes de amargura y de desolación que han ensombrecido mi cuna. Las cartas que escribía mi madre desde las orillas del Báltico y desde las riberas de la Sprée o del Danubio, me han sido leídas muchas veces. El sentimiento de lo maravilloso, el gusto de los viajes lejanos han sido sin duda para mí el resultado de estas primeras impresiones, así como de mi estancia durante mucho tiempo en una quinta aislada, en medio de los bosques. Abandonado a menudo a los cuidados de los criados y de los campesinos, nutrí mi espíritu con creencias extrañas, leyendas y viejas canciones. Había en todo eso con que hacer un poeta, sólo soy un soñador en prosa. Gerard de Nerval |
La pequeña memoria, Christian Boltanski
La gran memoria está en los libros. La pequeña memoria es saber dónde están las mejores quiches de París, algunas historias divertidas… eso es lo que somos. Y cuando alguien muere, lo que siempre es terrible, es que su pequeña memoria desaparece totalmente. Lo que nos diferencia a unos de otros son esas pequeñas historias. Intentar preservar esa pequeña memoria, que en realidad es imposible de conservar, porque está tan ligada a cada ser humano, siempre ha sido algo que me ha interesado… salvar fragmentos de vidas. Christian Boltanski *** De esas letras torpes en las que, en definitiva, no se dice otra cosa que que uno sigue vivo y que espera volver a verse pronto, me parece que emerge algo que constituye el tejido mismo de nuestra existencia en lo que tiene de más cotidiano y cercano: una historia olvidada, tan poco importante frente a los nombres de los generales y de las batallas, pero que cuenta mucho más de qué está hecha nuestra vida que lo que los historiadores, la mayoría de las veces, nos cuentan. Georges Perec *** Siempre ignoraré qué hacía ella aquellos días, dónde se escondía, con quiénes estuvo durante los meses de invierno de su primera fuga y en qué semanas de primavera volvió a escaparse. Ese es su secreto. Un secreto pobre y precioso que los verdugos, las ordenanzas, las llamadas autoridades de la ocupación, el Calabozo, los cuarteles, los campos, la Historia, el tiempo –todo eso que mancha y que destruye– no le podrán robar. Patrick Modiano |
lunes, 27 de abril de 2026
Con todo mi cuerpo, Franz Kafka
Con todo mi cuerpo, Franz Kafka
Empiezo a tomar notas para la conferencia que pronunciaré en el recital de Löwy. Será el domingo 18. Ya no me queda mucho tiempo para prepararme y, sin embargo, entono aquí un recitativo, como en la ópera. La razón es, simplemente, que desde hace días viene acosándome una excitación ininterrumpida y, antes del comienzo propiamente dicho, quiero escribir, medio retirado, unas pocas palabras solo para mí, con el fin de no presentarme ante el público hasta que me haya puesto un poco en marcha. En mí se alternan el frío y el calor a medida que se alternan las palabras dentro de la frase, sueño elevaciones y caídas melódicas, leo frases de Goethe como si recorriese sus acentos con todo mi cuerpo. Franz Kafka |
sábado, 25 de abril de 2026
Con todo mi cuerpo, Franz Kafka
Empiezo a tomar notas para la conferencia que pronunciaré en el recital de Löwy. Será el domingo 18. Ya no me queda mucho tiempo para prepararme y, sin embargo, entono aquí un recitativo, como en la ópera. La razón es, simplemente, que desde hace días viene acosándome una excitación ininterrumpida y, antes del comienzo propiamente dicho, quiero escribir, medio retirado, unas pocas palabras solo para mí, con el fin de no presentarme ante el público hasta que me haya puesto un poco en marcha. En mí se alternan el frío y el calor a medida que se alternan las palabras dentro de la frase, sueño elevaciones y caídas melódicas, leo frases de Goethe como si recorriese sus acentos con todo mi cuerpo. Franz Kafka |