jueves, 11 de julio de 2024

He preferido mi libertad a mis raíces, Milan Kundera







De calledelorco en julio 7, 2024

Persona non grata, un día abandoné Praga y viajé a Francia dispuesto a experimentar la tristeza del exilio. En lugar de eso, encontré un país que me hizo feliz. Bohemia es lo que me estaba destinado: mis raíces, mi educación. Francia es lo que elegí: es mi libertad, es mi amor. Desde hace siete años, puedo vivir donde volví a nacer. Si la vida humana durara doscientos años, sin duda intentaría repartir mi vida entre estos dos países.

Pero la vida es corta y he preferido mi libertad a mis raíces. Aunque ahora sólo escribo en francés, eso no significa que el francés haya sustituido a mi lengua materna. Mi lengua materna es insustituible: sale de mi boca con facilidad, antes de que empiece a pensar. En francés, cada frase es una búsqueda, una conquista, todo es consciente, nada se da por sentado, mil veces sopeso cada palabra, todo es una aventura, todo es una apuesta. El checo me grita: ¡Vuelve a casa, bribón! Pero no obedezco. Quiero quedarme con la lengua de la que estoy tan locamente enamorado.

Milan Kundera
"Français dans le texte"
Revue Télérama n° 2454, Janvier 1997




- Vinícius de Moraes | Fragmento de "Se necesita un amigo" Falleció en Río de Janeiro el 9 de julio de 1980

 




“Se precisa un amigo para no enloquecer,
para contar lo que se vio de bello y
de triste durante el día, de los anhelos
y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad.
Debe gustar de las calles desiertas,
de los charcos de agua y los caminos mojados,
del borde de la calle, del bosque después de la lluvia,
de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir,
no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos.
Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado,
en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros,
sonriendo o llorando,
pero que nos llame amigo,
para tener la conciencia de que aún estamos vivos”.



Nota: Hoy en Hermeneuta queremos recordar al brasileño Vinícius de Moraes, conocido, sobre todo, por ser uno de los más importantes autores de la música popular contemporánea. Sin embargo, también destacó como poeta (ya con 19 años, publicó “O Caminho para a Distância”). Esta faceta la destacamos con un fragmento del magnífico “Se necesita un amigo”, que condensa perfectamente el valor de la amistad.






miércoles, 10 de julio de 2024

Daphne du Maurier






“Menos mal que la fiebre del primer amor sólo se pasa una vez. Porque es una fiebre, y una carga también, digan los poetas lo que digan. A los veintiún años uno no es valiente. Está lleno de pequeñas cobardías, de miedos pueriles, infundados, y es tan fácil herirnos. ¡Se nos lastima con tan poca cosa! La más leve palabra espinosa se nos clava con crueldad. Hoy, arropada por la benévola armadura de una madurez que se aproxima, las diminutas punzadas cotidianas no arañan más que levemente y pronto se olvidan; pero ¡a aquella edad! ¡Cómo perdura el efecto de una palabra poco amable, dicha sin intención, hasta convertirse en un estigma imborrable! ¡Y cómo una mirada altanera se nos queda marcada en el alma como algo eterno!”

Dame Daphne du Maurier (Dama del Imperio Británico) (13 de mayo de 1907 - 19 de abril de 1989), fue una escritora británica famosa por novelas como "Rebeca", publicada en 1938, y "Mi Prima Raquel", ambas llevadas al cine. Las películas "Posada Jamaica" y "Los Pájaros" de Alfred Hitchcock también se basaron en relatos suyos.!  





martes, 9 de julio de 2024

(Ricardo Piglia sobre Juan José Saer).





"Recuerdo que discutimos agriamente con alusiones, bromas y argumentos múltiples y muy malintencionados, y que después nos fuimos a cenar al Dorá,
donde seguimos hasta que la disputa concluyó (o fue suspendida) algunas horas después, entre bromas y chistes sangrientos, en un café del Bajo.
Tal vez la memoria me falla y fueron otros los participantes, otras las circunstancias, otros los temas de
discusión, lo que recuerdo es que estuvimos hablando de La lombriz, en la vieja Facultad de Filosofía y Letras de la calle Viamonte, y después fuimos a cenar al Dorá, y que terminamos casi al alba en un bar de la zona.
Esa primera conversación fue igual a muchas otras conversaciones que tuve luego con Saer. Diálogos apasionados, bromas, una maledicencia liviana, gustos tajantes, argumentos arbitrarios, acuerdos instantáneos y diferencias irreductibles. 
Nos vimos muchas veces a lo largo de los años en distintos lugares, en distintas circunstancias que se me han borrado ya, pero recordaré siempre el entusiasmo, la ironía y la inteligencia de Saer como uno de los privilegios más grandes que me ha dado la literatura.
Saer tiene (no pienso escribir tenía) el don de la amistad. Siempre será suyo ese esplendor. Y nadie que lo haya leído podrá olvidarlo".







lunes, 8 de julio de 2024

Estoicismo, el valor de la razón para sobrellevar el caos

ESTOICISMO


En un mundo donde se suceden las crisis, la vida cotidiana es frenética y los elementos que la forman son tremendamente líquidos, el estoicismo se presenta para empresarios de éxito, entrenadores personales o escritores como la mejor filosofía para ayudar a tener una vida plena, basada en el valor de la razón y en no intentar dominar aquello que escapa a nuestro control.

El objetivo de los estoicos es alcanzar la felicidad o la autorrealización-

El estoicismo es una escuela filosófica fundada a principios del siglo III a.C por Zenón de Citio. Este filósofo, nacido en Chipre, sobrevivió a un naufragio, pero perdió en él todo lo que poseía. Llegó a Atenas, donde ofrecía sus lecciones en público, pero donde, como extranjero, no podía participar en la política de la ciudad. Precisamente, el nombre de su filosofía proviene del lugar en el que difundía su pensamiento; una ‘stoa’ o galería cubierta que se encontraba junto al Ágora de la ciudad-


¿QUÉ ES SER ESTOICO Y CUÁLES SON SUS CARACTERÍSTICAS?

La palabra estoico, en su uso moderno se refiere a aquella persona que es indiferente al placer, la alegría, así como la pena o el dolor. No en vano, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define estoico en su primera acepción como “Fuerte, ecuánime ante la desgracia” y lo mismo sucede con el diccionario de Oxford que lo viene a definir como una persona que sufre dolor o problemas sin quejarse o sin mostrar lo que siente. Sin embargo, la doctrina estoica se basa más bien en guiarse por la razón y, debido a que no se puede controlar lo que sucede a nuestro alrededor, controlar lo que se piensa al respecto de lo que sucede.
 
Por ello, el estoicismo se fija especialmente en las emociones, a las que se refiere como pasiones, y que divide en buenas, malas e indiferentes. Las buenas hay que potenciarlas, las indiferentes obviarlas y hay que lidiar con las malas. La reflexión que hace el estoicismo al respecto es que a las personas no las perturban las cosas que pasan sino las opiniones que tienen sobre esas cosas que pasan. Por ello, se trata de enfrentar esas opiniones y antes de asumirlas, cuestionarlas como si se trataran de hipótesis y no de hechos firmes. De esta forma, se pueden refutar buscando una perspectiva más productiva y obteniendo una respuesta racional a esas pasiones para convertirlas en emociones saludables.





miércoles, 3 de julio de 2024

La potencia transformadora del arte, Miguel Ángel Hernández De calledelorco en julio 3, 2024




En gran parte de las novelas mencionadas en este texto, el arte no aparece como un elemento encerrado en el museo o la galería para satisfacer la curiosidad cultural, sino que acontece en la vida de los personajes y afecta a su realidad. Hay un antes y un después del contacto con la obra. El arte penetra en el espacio cotidiano, lo toca, lo agita y lo altera. El arte transforma la vida. Podría decirse que, en cierta manera, tiene sentido, actúa, emociona, conmueve…, «funciona». Y una de las claves de este «funcionamiento» es que los escritores se sitúan en el espacio del espectador y describen la experiencia estética. Es lo que ocurre, por ejemplo, en 10:04 (2014), de Ben Lerner; Punto omega (2010), de Don DeLillo; o Kassel no invita a la lógica (2014), de Vila-Matas. El personaje está frente a la imagen, observándola, experimentándola, y no sólo analizando su discurso crítico, sino dejándose llevar por lo que la obra sugiere. La obra que se contempla no está desconectada del relato, sino que ocupa un lugar en la sucesión del antes y el después. El personaje entra al museo con su mundo de vida y, después de la observación, la obra viaja con él. No hay una desconexión de los espacios ni de los tiempos, sino una superposición. El arte es un elemento más del discurrir del relato, una parte más de la vida. Su capacidad de actuación proviene, precisamente, de su conexión con los tiempos de la experiencia vital.

Este situarse del lado del espectador a través de la búsqueda de vínculos con el mundo de vida es una de las diferencias más palpables entre la escritura de la novela y la escritura crítica. Y es que, cuando nos acercamos a las obras de arte como críticos de arte, solemos perder la relación con la experiencia, con lo que traemos con nosotros y con lo que nos llevamos después. Observamos las obras como un todo cerrado situado en un lugar fuera del mundo y las analizamos despiezándolas, como si estuvieran en una mesa de autopsias. Cuando leemos un texto de crítica de arte, nos encontramos allí la obra abierta en canal, descompuesta, analizada, pero desactivada. El texto la desactiva igual que lo hace la institución. La novela —la narración de la historia y la experiencia— y las formas no analíticas de escritura, en cambio, afrontan el arte en su terreno, que no es otro que el de la experiencia del espectador. Una experiencia que, como críticos de arte, muchas veces dejamos de lado, usando la escritura casi como una especie de armadura para protegernos de las obras. Y esa desafección crítica —aparte de negar la subjetividad del escritor— acaba negando muchas veces la potencia transformadora del arte. Los textos aparecen como discursos racionales, aunque nada de lo que decimos se incorpora a la experiencia estética.

Después de varios años saltando entre la narrativa y la crítica de arte, he podido constatar esta diferencia fundamental a la hora de dar cuenta del alcance de la obra de arte. Cuando escribo ficción y utilizo el arte en la narración, cuando el arte es lo que me rodea —lo que rodea al personaje de la ficción— y no lo que está colgado de una pared, aislado del mundo, siento que funciona. Cuando me dedico a él como crítico de arte y soy yo el que lo rodea, siento que lo desactivo. En un caso, dejo que el arte afecte a la experiencia —a la real o a la de ficción—; en el otro, de modo inconsciente —porque la «disciplina» del texto lo condiciona—, me sitúo fuera de campo. Es como si, ante las obras, tuviera dos opciones: estar fuera, buscando la distancia crítica, o dentro, nadando en la experiencia. Ambas posiciones son necesarias. Y lo que me gustaría —lo que intento— es encontrar un punto de cercanía-lejanía, un estar fuera y al mismo tiempo dentro, una forma de escritura capaz de acercarse al fenómeno artístico sin perder el sentido último de que el arte es acerca de la vida.

Por supuesto, no defiendo aquí un abandono de la crítica de arte; cada disciplina tiene su contexto de actuación. Pero sí me interesa señalar que hay un aspecto esencial del arte —la experiencia afectiva— que está presente en la novela y que se escapa a la crítica de arte. Y que los críticos de arte pueden —podemos— aprender algo de los narradores acerca del modo en que el arte se desenvuelve y actúa en sus escritos: hacer que el arte funcione como funciona en las novelas, que muchas veces se convierten en laboratorios, en el sentido ofrecido por Laddaga, donde es posible imaginar «cómo funcionaría el arte si realmente funcionara». Porque —y que me perdonen los colegas de profesión; los críticos, digo— tengo la impresión de que son los escritores los únicos que de verdad toman en serio la potencia del arte. Y que en sus creaciones la despliegan y la ponen en juego, convirtiendo los textos en museos sin paredes donde arte y vida se conectan.

Miguel Ángel Hernández
"La novela como laboratorio: 
espacios de contacto entre arte y literatura"
Cuadernos Hispanoamericanos
1 enero de 2019