domingo, 2 de marzo de 2025

Primer encuentro con Samuel Beckett, Jérôme Lindon De calledelorco en marzo 2, 2025


Un día, en 1950, un amigo mío, Robert Carlier, me dijo: «Deberías leer el manuscrito de un escritor irlandés que escribe en francés. Se llama Samuel Beckett. Seis editores ya lo han rechazado». Desde hacía dos años dirigía las Éditions de Minuit. Unas semanas más tarde, vi tres manuscritos sobre uno de nuestros escritorios: MolloyMalone muereEl innombrable, con ese nombre de autor desconocido pero que ya me resultaba familiar.

Fue en ese momento cuando supe que tal vez llegaría a ser editor, quiero decir, un editor de verdad. Desde la primera línea —«Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué»— la belleza arrolladora de ese texto me golpeó. Leí Molloy en unas pocas horas, como nunca había leído un libro. Pero esta vez no se trataba de una novela publicada por uno de mis colegas, de esas obras maestras consagradas en las que, como editor, nunca podría haber tenido parte: era un manuscrito inédito, y no solo inédito, sino rechazado por varios editores. No podía creerlo.

Al día siguiente, vi a Suzanne, su esposa, y le dije que me gustaría publicar esos tres libros lo antes posible, pero que no tenía muchos recursos. Ella se encargó de llevarle los contratos a Samuel Beckett y me los devolvió firmados. Era el 15 de noviembre de 1950.

Samuel Beckett pasó por la editorial unas semanas después. Más tarde, Suzanne me contó que, al regresar a casa, él tenía el rostro sombrío. Sorprendida, temiendo que el contrato con su primer editor lo hubiera decepcionado, le preguntó qué ocurría. Beckett le respondió que, por el contrario, nos había encontrado a todos muy amables y que estaba desesperado al pensar que la publicación de Molloy nos llevaría a la ruina.

El libro salió el 15 de marzo. El impresor, un alsaciano católico, temiendo que la obra fuera perseguida por atentar contra las buenas costumbres, omitió prudentemente incluir su nombre al final del volumen.

Días después, escribí a Sam para pedirle una foto suya y un cuento del que me había hablado, ambos destinados a los periódicos. Me respondió con la siguiente carta:

Querido señor Lindon,

Recibí esta mañana su carta de ayer. Le agradezco profundamente su generoso adelanto.
Me hice la foto esta tarde. La tendré pasado mañana y se la enviaré en cuanto la recoja.
Sé que Roger Blin quiere montar la obra. Tenía previsto solicitar una subvención para ello. Dudo mucho que se la concedan. Esperamos a Godot, pero no para mañana.
La primera mitad del cuento, bajo el título Huida, ya apareció en Les Temps modernes, y está a su disposición. ¿Podría esperar hasta mi regreso? Es mi primer trabajo en francés (en prosa). El calmante, que Madame Dumesnil entregó al señor Lambrichs, quizá sea más adecuado. Se lo dejo a su elección.
Me alegra saber que tiene ganas de publicar pronto El innombrable. Como le dije, es la obra que más me importa, aunque me haya metido en un buen lío. Intento salir de él. Pero no lo logro. No sé si podrá convertirse en un libro. Quizá no sea más que un tiempo para nada.
Déjeme decirle una vez más cuánto me conmueve el interés que muestra por mi trabajo y cuánto le agradezco los esfuerzos que hace para defenderlo. Reciba mis más sinceros sentimientos de amistad.

Samuel Beckett

Como es probable que Samuel Beckett llegue a leer este penoso testimonio, no me atreveré a decir aquí la admiración sin límites y el afecto que le profeso. A él le incomodaría y a mí también.

Pero me gustaría que se supiera esto, solo esto: que en toda mi vida jamás he conocido a un hombre en quien convivan en un grado tan alto la nobleza y la modestia, la lucidez y la bondad. Nunca habría imaginado que pudiera existir alguien tan auténtico, tan grande, tan íntegro.

Jérôme Lindon
Samuel Beckett. Cahier de l'Herne
Traducción: KNB

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