sábado, 25 de abril de 2026

Con todo mi cuerpo, Franz Kafka


De calledelorco en enero 23, 2026

Empiezo a tomar notas para la conferencia que pronunciaré en el recital de Löwy. Será el domingo 18. Ya no me queda mucho tiempo para prepararme y, sin embargo, entono aquí un recitativo, como en la ópera. La razón es, simplemente, que desde hace días viene acosándome una excitación ininterrumpida y, antes del comienzo propiamente dicho, quiero escribir, medio retirado, unas pocas palabras solo para mí, con el fin de no presentarme ante el público hasta que me haya puesto un poco en marcha. En mí se alternan el frío y el calor a medida que se alternan las palabras dentro de la frase, sueño elevaciones y caídas melódicas, leo frases de Goethe como si recorriese sus acentos con todo mi cuerpo.

Franz Kafka
Diarios. 13.12.1912

Dame las exigencias del día, Kate Zambreno


De calledelorco en enero 24, 2026

Quiero escribir textos cada vez más pequeños y menores. He estado leyendo una biografía de Rilke y pienso en cómo veía el arte como algo sagrado, lo necesario que era rehuir las exigencias del día, cómo se aburrió cuando conoció a su hija en Navidad, no quería que nada perturbara su vida de escritor. Me siento tan alejada de eso. Dame las exigencias del día. El cubo de basura, los vecinos, el vómito y la lectura lenta de Lispector. Me interesa mucho más.

Kate Zambreno
Derivas
Traducción: Montse Meneses Vilar


No sentí amor por Joyce, Hélène Cixous


De calledelorco en febrero 11, 2026

Mi tesis sobre Joyce me enseñó muchas cosas, pero no sentí amor por Joyce. Es un grandísimo escritor. Es un hombre de un narcisismo absolutamente intolerable. Creo que todos los escritores son narcisistas, pero él lo lleva extremadamente lejos. Mantenía relaciones de explotación con su entorno, algo que se lee en sus textos. Y yo no puedo amar eso.

Y al mismo tiempo, es un hombre vulnerable; de lo contrario lo odiaría, y no lo odio en absoluto. Es un hombre vulnerable, físicamente frágil y físicamente valiente, que casi no veía nada y tenía graves problemas de supervivencia, además de verdaderos problemas familiares, como hijos con mala salud. Pero, aun así, era el rey y el tirano —y eso no se puede decir de Kafka. Kafka no era un tirano, no era un rey: es un hombre.

Además, el mensaje de Joyce es muy limitado, filosóficamente hablando, si puede decirse así. Lo que nos cuenta, el relato de Joyce, su relato humano, es la puesta en escena de algo extremadamente ingenioso: la puesta en funcionamiento de la familia, la repetición eterna de las situaciones familiares, algo que también se encuentra, como él mismo dice, en todas las epopeyas, en la Biblia, etcétera. Pero eso es todo. Es una máquina que vuelve a ponerse en marcha en cada texto, y lo que cambia —las transformaciones que opera Joyce— son transformaciones formales. Eso me aburre.

¿Sabes lo que dice Freud sobre el niño? El niño fascina porque es tan narcisista que lo miras permanentemente; no se ocupa de ti, solo de sí mismo, y eso te fascina. Y Joyce solo se ocupaba de sí mismo. Además, tenía plena conciencia de su propio genio. Y creo que la gente va a preguntarle al narcisista: «¿Pero cómo haces para quererte tanto?». Porque a todo el mundo le gustaría quererse.

Y además era alguien que solo creía en la literatura, lo que tranquiliza a todos los que escriben. Hay quienes, como Joyce, subordinan todo a la literatura —y eso lo entiendo—, y hasta les debemos algo, porque llevan la cosa tan lejos que producen algo bueno para la literatura, pero no para la vida.

Y yo diría, si quieres, que para mí el vaivén entre la literatura y la vida es absolutamente indispensable. Y a menudo soy culpable de no hacerlo como quisiera. Es decir, yo misma estoy tan desbordada, no por la obra literaria, sino por la cantidad de cosas que tengo que hacer, que ya no logro vivir lo suficiente. Y en ese momento es cuando me siento culpable. No me siento culpable respecto de la literatura; me siento culpable respecto de la vida. Cada vez que no he vivido lo suficiente.

Me parece que solo logro avanzar realmente escribiendo, lo cual quizá sea una debilidad de mi parte. Me digo: no consigo llevar más lejos mi percepción de la realidad —de una pasión, de un momento, de un espectáculo, de un ser— si no es sirviéndome de la escritura. Es como si dijera que soy miope, como si mi propio pensamiento fuera miope, y la escritura me sirviera de gafas. Es decir, es con ella como consigo ir más lejos en el pensamiento de la vida.

Y cuando no escribo, me siento más tonta. Y a veces eso me parece aterrador. Entonces tengo una fantasía: si no escribiera, ¿quién sería?

Es el combate eterno entre la escritura y la vida. Porque es verdad que, cuando se escribe, se toma de la reserva de fuerza, de presencia; uno se ausenta y eso, para mí, ha sido a menudo un problema. Siempre me he dicho: una gran parte de mi vida con los demás es sustraída, desviada a la cuenta de algo que es simbólico.

Mentimos todo el tiempo, Hélène Cixous


De calledelorco en febrero 13, 2026

Para escribir, hace falta un mínimo de severidad con uno mismo, de exigencia, de no mentirse. Hay que intentar no ser mentiroso para que la escritura pueda avanzar. Ahora bien, somos mentirosos: mentimos todo el tiempo, todos los días, para protegernos. Es nuestra muleta.

Y quizá ahí haya, efectivamente, un trabajo de confesión por hacer: hay que confesarse a uno mismo, y eso no es fácil. Diría que se trata de una práctica moral de la escritura, un esfuerzo previo indispensable. Estoy convencida de que quien no haya hecho ese trabajo y se lance a la novela sin haberlo realizado no llegará muy lejos. Yo soy el primer otro, por supuesto.

Hélène Cixous

Niño acostado en la libertad, Alberto Giacometti


De calledelorco en febrero 20, 2026

Escribir páginas y páginas, llenarlas de piedras, de hierba, de bosque, de cielos, de movimientos de la gente en la calle, de voces, de casas, del pasado, del hoy, de cuadros, de estatuas, de ríos y de olas y de vasos y de tarros y de yeso blanco en mi taller y de nubes, niño acostado en la libertad…

Alberto Giacometti


viernes, 24 de abril de 2026

Un paisaje está hecho de hojas, de colores y de luces, Italo Calvino


De calledelorco en febrero 25, 2026

Me acompaña en la visita a Kioto un estudiante japonés, apasionado de la poesía y poeta él mismo, que lee muy bien el italiano y hasta lo habla un poco. Pero la conversación es difícil porque ambos quisiéramos decir cosas muy precisas o muy vagas y en cambio sólo conseguimos cambiar frases o demasiado generales o demasiado perentorias.

El joven explica que, antes que los emperadores, frecuentaron estos lugares famosos poetas, ahora recordados por lápidas y templetes entre los árboles. Siguiendo el hilo de mis reflexiones se me ocurre pensar que aquí poemas y jardines se engendran sucesivamente los unos a los otros: los jardines eran compuestos como ilustraciones de poemas y los poemas eran compuestos como comentarios de los jardines. Pero esto se me ocurre más por amor de la simetría en el razonamiento que porque esté verdaderamente convencido: es decir, encuentro muy plausible que se pueda hacer con la disposición de los árboles el equivalente de un poema, pero sospecho que para escribir un poema sobre los árboles, los árboles verdaderos sirven poco o nada.

Ahora, por encima de los árboles rojos, herrumbre y amarillos, del otro lado del lago se asoman las ramas desnudas de un único árbol que ha perdido las hojas. Entre aquellas llamaradas de colores, las ramas negras y secas hacen un contraste fúnebre. Pasa una bandada de pájaros y entre todos los árboles apuntan derecho al árbol desnudo, caen sobre sus ramas, se posan uno por uno, negros contra el cielo, para gozar del sol de noviembre.

Pienso: el paisaje me ha dictado el tema de una poesía; si supiera el japonés, me bastaría describir esta escena en tres versos de diecisiete sílabas en total, y hubiera hecho un haiku. Trato de comunicar la idea al joven poeta. No parece convencido. Señal de que los haiku se componen de otro modo. O que no tiene sentido esperar que un paisaje nos dicte poemas, porque un poema está hecho de ideas, de palabras, de sílabas, mientras que un paisaje está hecho de hojas, de colores, de luces.

Italo Calvino
Colección de arena
Traducción: Aurora Bernárdez
Siruela

***

También había un Degas poeta, un Degas que, desde ese punto de vista, ocupa perfectamente un lugar en estos recuerdos literarios que hoy les relató a ustedes. No me referiré a él como a un poeta aficionado. Degas, inteligencia exacta, no podía soportar quedarse en el estado larvario del aficionado. Tenía una curiosidad inmediata e infinita sobre todo eso que en las artes constituye el oficio, lo que hoy se llama técnica. Hacía, pues, versos con la conciencia de un oficio que no tenía; los hacía además con enorme trabajo, como debe ser, pues quien hace versos sin tener que esforzarse no hace versos. Cuando se encontraba más desconcentrado, cuando al artista le faltaba la musa o al artista a la musa, pedía consejo; iba a quejarse sobre el hombro de las gentes de aquel otro arte. Unas veces recurría a Heredia, otras a Stéphane Mallarmé; les exponía sus desdichas, sus deseos, sus impotencias; les decía:
«He estado trabajando todo el día con este maldito soneto. He perdido todo un día, alejado de la pintura, en hacer estos versos y no consigo hacer lo que quería. Me duele la cabeza.»
Un día que le contaba esto mismo a Mallarmé, acabó por decirle:
«No me explico porque no consigo terminar mi poemita, cuando estoy lleno de ideas.»
Y Mallarmé le contestó:
«Pero, Degas, los poemas no se hacen con ideas, se hacen con palabras.»
He aquí una gran lección.

Paul Valéry
Recuerdos literarios


Adoro las piedras, Ursula K. Le Guin


De calledelorco en febrero 26, 2026

Adoro las piedras. Soy de ese tipo de personas que va recogiendo piedras y cuando llega a casa tiene la chaqueta mucho más pesada. Luego, saco las piedras del bolsillo y son tan bellas, tan hermosas. Tengo una regla y es que cuando no recuerdo de dónde son, las tengo que poner en el jardín. Nuestro jardín será muy interesante para los geólogos del futuro. Hay algo en las piedras… son una entidad pequeña que tienes entre las manos, pesan, existen, tienen color, tienen dignidad, y vivirán mucho más que tú. Es increíble, tener una cosa entre las manos que no sabes cuántos años tiene, algo que es una entidad.

Ursula K. Le Guin
La conexión infinita: Una conversación 
entre Donna Haraway y Ursula K. Le Guin
Traducción: Helen Torres
Continta me tienes

***

LA MÉDULA

Había una palabra dentro de una piedra.
Traté de extraerla de ella,
mazo y cincel, pico y punzón,
hasta que la piedra goteó sangre,
pero aún no podía oír la palabra
que la piedra había pronunciado.
La arrojé a un lado del camino
entre un millar de piedras
y según me alejaba me gritó
bien alto la palabra al oído
y la médula de mis huesos
la escuchó, y respondió.

Ursula K. Le Guin
En busca de mi elegía
Traducción: Andrés Catalán
Nórdica Libros

***

ASOMBRO

El centro no es donde el centro está
sino donde estaré cuando siga
las líneas de piedras que rodean un centro
que no está allí
sino allí.
Las líneas de piedras conducen adentro, llevando
a quien sigue al comienzo
donde todo lo sabido
es nuevo.
La piedra es piedra y más que piedra;
el centro se abre como un párpado abriéndose.
Cada rosa un laberinto: las huecas colinas:
Yo no soy yo
sino la pupila.

Ursula K. Le Guin

jueves, 23 de abril de 2026

La gran risa de Nietzsche, Gilles Deleuze

Soy un paisaje agrisado y azul, Clarice Lispector


De calledelorco en marzo 16, 2026

Estoy oyendo música. Debussy usa la espuma del mar que muere en la arena, refluyendo y fluyendo. Bach es matemático. Mozart es lo divino impersonal. Chopin cuenta su vida más íntima. Schönberg, a través de su yo, llega al clásico yo de todo el mundo. Beethoven es la emulsión humana en tempestad que busca lo divino y solo lo alcanza en la muerte. Yo, que no pido música, solo llego al umbral de la palabra nueva. Sin valor para exponerla. Mi vocabulario es triste y a veces wagneriano-polifónico-paranoico. Escribo de manera muy sencilla y desnuda. Por eso hiere. Soy un paisaje agrisado y azul. Me elevo en la fuente seca y en la luz fría.

Clarice Lispector
Un soplo de vida
Traducción: Marion Merlino

Leer a Proust es escribirlo, Marguerite Duras


El esfuerzo de Proust consiste en mostrar aquello que él, personalmente, ha conocido. Pero bastaría un leve desliz, un mínimo desplazamiento, para que lo que le ocurrió no hubiera sucedido, o hubiera ocurrido a alguien distinto de él. El esfuerzo de Joyce, en cambio, es una refutación absoluta de los valores que lo precedieron. Joyce crea una semántica nueva de la sensibilidad del escritor frente al mundo. Nada de eso ocurre en Proust.

Proust no quiso crear ni transformar la novela moderna. De ahí, sin duda, proviene esa sensación profunda de un futurismo constante en su obra, un futurismo que nos concierne. Siempre se tiene la impresión de que uno podría continuar, prolongar el relato proustiano con el suyo propio. Quiero decir que sus novelas están abiertas, las puertas permanecen abiertas. El lector actual de Proust —aquel que está descubriéndolo— tiene esa experiencia.

Borges decía que Shakespeare no existía, que Shakespeare era el lector de Hamlet en el momento de la lectura. Shakespeare soy yo cuando leo Hamlet. Pues bien, encuentro que esa magnífica boutade se aplica admirablemente a Proust. Proust soy yo cuando leo A la sombra de las muchachas en flor.

En ese sentido podría decirse que leer a Proust es, de algún modo, escribirlo. Se tiene la sensación de la escritura. Uno participa, en suma, tanto del mundo de Proust como de su creación.

***

La enseñanza mayor de Proust es su existencia misma. Que en el mundo moderno haya podido darse una vocación semejante, absoluta, en el espacio y en el tiempo, ya es suficiente. Para mí, ahí está lo esencial.

Marguerite Duras
Cincuentenario de la publicación
de 
Por el camino de Swann

Don Quijote es nuestro hermano, Lydie Salvayre

miércoles, 22 de abril de 2026

Danzar con cadenas, Friedrich Nietzsche


De calledelorco en abril 10, 2026

Danzar con cadenas.—Ante todo artista, poeta o escritor griego, hemos de preguntarnos: ¿cuál es la nueva traba que se impone y que hace que resulte seductora a los ojos de sus contemporáneos (logrando así tener imitadores)? Pues lo que llamamos «invención» (en el dominio de la métrica, por ejemplo) es siempre uno de esos obstáculos que se impone uno a sí mismo. «Danzar con cadenas»: lo que quieren mostrarnos es su esfuerzo por mirar las dificultades frente a frente y extender luego sobre ellas la ilusión de la facilidad. Ya en Homero se observa un conjunto de fórmulas y de reglas transmitidas en el relato épico, en medio de las cuales había que danzar, y él mismo añadió de su propia cosecha nuevas convenciones para los poetas venideros. Ésta fue la escuela donde se educaron los poetas griegos: primero, dejarse imponer por los poetas anteriores una múltiple disciplina; después, añadir la invención de nuevos obstáculos y superarlos con donaire, para que se admiraran las dificultades y el triunfo.

Friedrich Nietzsche
El caminante y su sombra
Traducción: Luciano de Mantua

Una actividad de comentario proliferante, Roland Barthes

Una actividad de comentario proliferante, Roland Barthes

De calledelorco en abril 20, 2026

He tenido en cierto modo la idea de que hoy podríamos concebir perfectamente una época en la que ya no se escribirían obras en el sentido tradicional del término, sino que se reescribirían sin cesar las obras del pasado, "sin cesar" en el sentido de "perpetuamente": es decir, que en el fondo habría una actividad de comentario proliferante, en constante ramificación y reiteración, que sería verdaderamente la forma de escritura propia de nuestro tiempo.

Roland Barthes
Entrevista con Stephen Heath, 1971