miércoles, 9 de noviembre de 2016

Walt Whitman







¡OH, CAPITÁN! ¡MI CAPITÁN!
¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado,
el barco ha sobrevivido a todos los escollos,
hemos ganado el premio que anhelábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero regocijado,
mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
¡oh rojas gotas que caen,
allí donde mi capitán yace, frío y muerto!
¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,
levántate, por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,
para ti ramilletes y guirnaldas con cintas,
para ti multitudes en las playas,
por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,
derribado, frío y muerto.
Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
Mas yo, con tristes pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.






domingo, 6 de noviembre de 2016

“Ser solitario hoy es como escribir con pluma”


El escritor peruano Javier Vásconez en Madrid. SAMUEL SÁNCHEZ
Javier Vásconez es un solitario que viene de Quito, Ecuador, escribe novelas y viaja por el mundo con una maleta imaginaria en la que habitan Kafka, Pavese, Onetti, Nabokov, Benet… Hace cuarenta años, en 1966, leía en una pensión madrileña Una meditación, de Juan Benet, y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa. Todo lo convertía en literatura entonces, pero lo mismo hacía cuando era chico; su padre, que era diplomático y hombre de negocios ecuatoriano, lo alojaba en hoteles de su país o del extranjero.
Ahora está de nuevo en Madrid. No se aloja en esta ocasión en hotel alguno, sino en la casa de un amigo. Viene a presentar una novela que publica Pre-Textos. Es Hoteles del silencio, que sucede, sobre todo, en un hotel como aquel en el que él leyó a Benet y a Vargas Llosa en Madrid, en un país que no se parece en absoluto a aquel “polvoriento, de sandalias” que conoció cuando era niño y que reconoció, en igual estado, cuando vino a estudiar a Navarra y a Madrid. Entonces Madrid estaba lleno de borregos: “Felipe González y su gente cambiaron este país, le quitaron el polvo y las alpargatas”. Le queda a Madrid (y a España, dice) “el buen humor, la simpatía de la gente, la comida, el pan con tomate y la belleza de algunas damas”.
En aquel entonces, cuando tenía diez años, Vásconez era coleccionista de sellos: “Iba a la calle Montera, cambiaba estampillas y le hablaba al dueño del almacén en inglés; debía pensar que era un imbécil pedante… De aquel tiempo viene mi pasión por las cantantes, me enamoré de Sara Montiel de por vida”. Su padre le hablaba de Baroja, su amigo, “al que le traía sombreros de paja toquilla”.
Siempre fue un solitario, y siempre ha escrito, desde que era chico, y ahora tiene setenta años. Se ha ayudado de su oficio de editor freelance en Ecuador, “y de una herencia que me dejaron. Por ejemplo, gracias a que vendí una lámpara de Baccará en París escribí mi novela La sombra del apostador”. Esa novela fue finalista del premio Rómulo Gallegos, y se junta a otros libros suyos: El hombre de la mirada oblicua, El viajero de Praga, La piel del miedo…, hasta llegar a esta que publica Pre-Textos y que presenta este jueves en Madrid (Librería Alberti, con Javier Rodríguez Marcos y José Andrés Rojo).
En su adolescencia madrileña se hizo apasionado de las papelerías, y una papelería y un hotel, o unos hoteles, forman parte de la geografía urbana de Hoteles del silencio, el que vierte un terror onettiano que incluye celos, secuestros, llantos de niños… “En los hoteles, que son mi fascinación, puede ocurrir cualquier cosa; según en qué hoteles, hay drogatas, amantes, trasnochadores sin escrúpulos ni pudor… Y hacia el amanecer se condensa una atmósfera de crímenes. ¡Si un hotel hablara!”
Pues este hotel habla en su libro. “Me encantan los hoteles, como a Nabokov, a Somerset Maugham o como a Tennessee Williams, o a Truman Capote, que se servía de una pieza en el Waldor Astoria para ambientarse”. Es un solitario habitando en hoteles. “Ser solitario hoy, con tanto ruido al lado, es como ser escritor con pluma”. En sus novelas (y en esta también) hay solitarios como él. “Mientras están solos los solitarios son felices. Cuando salen al mundo es cuando están verdaderamente solos. Y en la soledad se hace la buena literatura. La literatura es soledad, y nada es mejor que la soledad en los hoteles”.
—¿Y el horror?
—Hay alguna escena de horror en la que hago un homenaje al Infierno tan temidode Onetti: un personaje manda unas fotos…, y ya sabes lo que pasa.
Cuando se va hacia el taxi, con su primer iPad en la mano, este solitario sonriente y a la vez esquivo como Onetti o como Rulfo, que fue objeto de su primer trabajo académico, se adentra en la ciudad, “donde los solitarios estamos más solos”. De esos caminos urbanos salen sus novelas. Las escribe cuando ya descansa solo y solitario en los hoteles del silencio.

sábado, 5 de noviembre de 2016

El Aleph: 17 cuentos de Jorge Luis Borges que todos deberíamos leer (disponibles online)








Hoy 14 de junio se cumplen 30 años del fallecimiento del poeta, cuentista y ensayista Jorge Luis Borges, uno de los escritores argentinos más conocidos mundialmente. Como forma de recordar esta fecha tan especial, te proponemos conocer -o volver a leer- “El Aleph”, una de sus obras más representativas, invitándote a leer online los 17 cuentos que contiene este libro publicado en 1949.
Conseguí en Amazon "El Aleph", un clásico de la literatura y de Jorge Luis Borges 
La obra comienza con una historia titulada “El inmortal”, donde Borges narra la historia de un hombre que sufre el mal de la inmortalidad. “La casa de Asterión”, es un cuento de dos páginas que trata sobre el hijo de la reina encerrado en un laberinto. En “La otra muerte” aparece una carta, una noticia y una verdad por descubrir. En “La busca de Averroes” se cuenta la leyenda de un filósofo árabe que intenta encontrar algo, que sólo él entre los hombres, no es capaz de encontrar. Una pieza clave dentro de esta obra es “El Zahir”, donde se trata el infinito y lo inabarcable a través de la posesión de una moneda que lo puede conducir a la locura. “Los dos reyes y los dos laberintos” es un relato de treinta líneas que trata la rivalidad entre dos reyes y la competencia que existe por el poder.  “La espera” narra la historia de un hombre que se encuentra atormentado por su pasado. Por último, en “El Aleph”, otro de los cuentos destacados de este libro, el autor concentra temas típicos de él, como laberintos, búsqueda de conocimiento, azar, peligro, curiosidad y tiempo. 
De una manera simple y lineal, como generalmente escribía Borges, a través de esta obra llena de magia e imaginación al lector.
A continuación, te presentamos la lista de los 17 cuentos que componen a la obra “El Aleph”:
  1. El inmortal
  2. El muerto
  3. Los teólogos
  4. Historia del guerrero y la cautiva
  5. Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)
  6. Emma Zunz
  7. La casa de Asterión
  8. La otra muerte
  9. Deutsches Requiem
  10. La busca de Averroes
  11. El Zahir
  12. La escritura del Dios
  13. Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto
  14. Los dos reyes y los dos laberintos
  15. La Espera
  16. El hombre en el umbral
  17. El Aleph

Consejo de Borges para amar la lectura:
Jorge Luis Borges decía que una persona no debía leer los clásicos porque son clásicos. También afirmaba que si un libro te aburría no se debía hacer un esfuerzo para que nos gustara, por el contrario, simplemente debíamos dejar esa lectura y leer otro cuento.
“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta “el modo imperativo”. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz", (Jorge Luis Borges).

viernes, 4 de noviembre de 2016

Fray Luis de León_Qué descansada vida



¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
 Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!
 No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
 ¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
 ¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
 Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
 Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
 Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
 Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
 Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
 Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
 El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.
 Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
 La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
 A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
 Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
 A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

ARCADIA LITERARIA (263): Luis Goytisolo sobre Dante


Desde la poesía provenzal a las andanzas del Arcipreste o de Villon, la literatura gana en interés en la medida en que se afirma frente al único negocio que oficialmente debía regir la vida de todo cristiano: salvar el alma. En este sentido, la figura de Dante destaca sobre cualquier otra. Su empeño no podía ser más ambicioso: escribir en lengua romance una epopeya como las del mundo clásico; situar en un mismo plano –igualados por la muerte– a héroes de la Antigüedad y a contemporáneos suyos; modificar el paso en función del premio o el castigo recibidos por el alma después de la muerte; introducir en una sola imagen, que incluye el universo, el cielo y el infierno, al Creador de todo ello y a sí mismo, el creador de la obra. Una osadía que, por su propia naturaleza, contribuye decisivamente a que se abran los resignados horizontes de la época. Boccacio y Petrarca suponen también, cada uno a su modo, el rechazo de tanta pobreza de miras. Pero la Divina Comedia, por sí sola, anuncia el final de esos mil años de infelicidad que para el mundo significó la Edad Media.


LUIS GOYTISOLO, Diario de 360º, Siruela, Madrid, 2010, pág. 36 





martes, 1 de noviembre de 2016

E.M.Cioran.