martes, 20 de octubre de 2020

La intención profunda del poeta es ser

 





PIERRE REVERDY: Creo que la intención profunda del poeta es ser, y ser según las exigencias que le impone su naturaleza y de las que nadie, ni siquiera él mismo, podría darse cuenta si no lograra expresarse. Es allí donde comienza ese deseo de conmover de que suele hablarse. Primero está la imperiosa necesidad de expresarse, para probarse a sí mismo su existencia, encontrar su identidad, la única valiosa para él. El deseo de conmover sólo llega en segundo lugar. Si es solitario, lo es por fatalidad, maldición o enfermedad, en absoluto vergonzosa por otra parte, pero de la cual aun así debe liberarse, y es para salir de esa soledad de todas maneras bastante difícil de soportar que ambiciona conmover. A través de la emoción que su obra se mostrará capaz de provocar en otras almas, por así decir, hallará la prueba de la autenticidad de ese valor pesado que siente y carga más o menos penosamente sobre sí mismo, y podrá unirse a los otros hombres en el único punto de contacto en que podía encontrarlos. Una obra es el lugar de cita que el poeta les ofrece a los demás hombres, el único donde verdaderamente vale la pena ir a buscarlo.

ANDRÉ BRETON: Es cierto, con tal que su comportamiento por otra parte no sea la negación demasiado respaldada como ocurre con los pintores más célebres de hoy.

FRANCIS PONGE: Sin duda debemos decirlo aquí: hemos elegido la miseria, a fin de vivir en la única sociedad que nos conviene. También porque es el único lugar, no diré del imperio de la palabra, sino de su ejército enérgico, en el fondo del pozo. Además, porque al empezar de abajo se tiene alguna posibilidad de subir. Por último, porque el oro se hace con plomo, no con la plata o el platino.

ANDRÉ BRETON: Más que conmover, creo en efecto que el papel del poeta es exaltar lo que nombra. Musset o Heine o Laforgue tuvieron la intención de conmover: emocionaron a muy gran escala, pero ya no nos conmueven. Lo que me parece secreto de la poesía es la facultad —muy poco repartida— de transmutar una realidad sensible llevándola primero a esa suerte de incandescencia que permite hacerla virar hacia una categoría superior. Creo que para eso basta con grandes reservas de amor. Tal vez justamente el rechazo de la "realidad" tomada en su conjunto, tal como se aliena ante nosotros, requiera poner de nuevo en el crisol algunos de los elementos que la componen, aquellos que al pasar parecen tener algo que decir, ya sea que apacigüen, ya sea que desvíen nuestra mirada. Es lo que lo fija a usted, Pierre Reverdy, en la calle oscura; aquello que lo retiene, Francis Ponge, en el bosque de los pinos.

FRANCIS PONGE: Justamente, creo que pude decirlo acerca del bosque de pinos: si me dedico a un tema así, es porque me hace actuar íntegramente, porque me desafía, me provoca, me parece apropiado para modificar mi noria mental, me fuerza a cambiar de armas y de maneras, me rejuvenece en fin como un nuevo amor. Por eso acudo a esperarlo cuando me da cita, espero que muestre júbilo por sí mismo, y con ello me regocijo también. Por las expresiones que acabo de emplear (muy conscientemente) podrán juzgar que al hacerlo no experimento ningún sentimiento de deber, de tarea: se trata de una partida mano a mano, a efectos de perder el control de la mano. Me daría risa que me hablaran de mensaje o de misión...

PIERRE REVERDY: No hay, no debe haber una idea de misión en la mente del poeta. El resultado misionero de una obra depende más de quien la lee que de quien la crea. El poeta no debe preocuparse por la intencionalidad del papel que podrá desempeñar la obra —no podría prejuzgarlo más que si conociera exactamente el efecto que producirá en aquellos que la aborden. Es el caso de aquellos que escriben para un público determinado. Por el contrario, si la obra debe ser reveladora para su mismo autor y ésa es su primordial razón de ser, es evidente que no puede dudarse de ninguna manera sobre el género de emoción que provocará en otros.

Conversación con André Breton, Francis Ponge y Pierre Reverdy
“Encuentro y testimonios” dirigidas por André Parinaud
Métodos

Editorial: Adriana Hidalgo
Traducción: Silvio Mattoni


domingo, 18 de octubre de 2020

De las imágenes verdaderas a la e-image: 3_Eras y el ocularcentrismo Irmgard Emmelhainz

 


Publicado el 2020-10-18

Escuchar leer hilar asociar ver percibir excavar editar contemplar poner atención divagar concatenar deshilar evocar relocalizar subjetivar interpretar. Cada acción se desborda y se deslumbra por el material y por la brillantez de las proposiciones, retada a abarcar el todo de la lógica detrás del ensamblaje que constituye 3_Eras. Esta máquina de visión ha sido impresa en un libro (1) traducida a un montaje de imágenes (2), entrevistas, intertextos y sobrevoz para proponer una epistemología de la imagen que se resiste a ser un archivo. La epistemología de la imagen de Brea se articula a partir de tres eras o regímenes visuales en relación a la materialidad/memoria/ lo sagrado/ soporte-técnica/ régimen de producción capitalista (feudal-industrial-cognitivo) /subjetividad/ relación con el tiempo (eternidad-presente-inmediatez)/deseo: imagen-materia, imagen-fílmica, la e-image. 

Podríamos aseverar que la modernidad es el paso del logocentrismo al ocularcentrismo, un régimen en el que, cito a Brea, “lo visible es lo verdadero y lo verdadero es lo visible y las imágenes son la memoria de lo verdadero.” En efecto, la centralidad de la visión a partir de la ilustración se basa en una epistemología basada en la determinación empírica de lo que es perceptible y cognoscible en el mundo. En otras palabras, con la ilustración la visión se convierte en aparato de investigación, verificación, vigilancia y cognición concibiendo a la base de todo conocimiento a un ojo “objetivo” desacralizado afincado en la ilusión de un espacio transparente de visión. La objetividad y la transparencia de este naciente régimen escópico nos obligan a cuestionar la mirada, la imagen y es en ese mismo cuestionamiento y reordenamiento en donde se encuentra el potencial crítico del régimen visual en sí. 

La primera imagen de 3_Eras muestra un grupo de jóvenes presenciando a distancia el derrumbe de una estructura. Todos alzan la mano portando un Smartphone con los que graban el evento. La secuencia denota el estatus de la visión del régimen de la e-image: mediada por la pantalla digital viene a sustituir la experiencia; esta imagen es ubicua, no tiene soporte fijo y es un compuesto que lleva trazos de verdad en la temporalidad de la inmediatez y por lo tanto del olvido. Como antídoto al inminente olvido de este evento-de-ruina capturado por la mirada digital, 3_Eras postula al Angelus Novus de Walter Benjamin. No es el ángel de Klee quien contempla las ruinas para rescatar al pasado (seguramente debido al copyright, el candado o las restricciones de circulación de ciertas imágenes), pero es el ángel benjaminiano que apela a la memoria enterrada en las ruinas para reescribir la historia  y emanciparnos. Después de esta secuencia aparece la imagen montada en una caja de luz que está en el Museo de Arte Moderno de Nueva York,  A Sudden Gust of Wind (After Hokusai) [Una repentina ráfaga de aire, inspirado en Hokusai] (1993) de Jeff Wall. Puede que esta imagen sea emblemática del régimen de la e-image: sin soporte fijo – la caja de luz es la que la fija en gran formato en el museo, mientras que A Sudden Gust prolifera en la infoesfera en todos tamaños y densidades posibles revelando el sustrato de la xilografía Katsushika Hokusai Yejiri Station, Province of Suruga de 1932 contenido en la imagen de Wall. El artista canadiense construyó esta imagen a partir de un collage registrando un “momento decisivo” (Henri Cartier-Bresson) completamente imaginario a partir de la unión de más de 100 fotografías. La imagen muestra a una mujer sosteniendo un fólder quien, al ser atacada por una ráfaga de viento, es cegada momentáneamente porque su rostro es cubierto con su bufanda flotante. Al mismo tiempo, los papeles que contiene la carpeta vuelan por el cielo: la archivista ¿la mujer es cegada por la ráfaga de viento o por la explosión de su archivo (¿visual?)? 

Cuando en 3_Eras se evoca al ocularcentrismo –ése padecimiento moderno–, la imagen que le corresponde es un clip de Arrebato, la película de horror de Iván Zulueta (1979), en el que vemos a un sujeto aterrado con los ojos vendados aferrándose a una manta. Su imagen es interpuesta con tomas de un sujeto proyectado en una pared. La escena culmina cuando el sujeto cegado se espanta aún más oyendo balazos en el fuera de campo. 

A la izquierda de la archivista de A Sudden Gust, está la figura de un hombre encorvado también con una venda que le cubre los ojos. Un tercer personaje sigue la travesía de los documentos por los aires maravillado, su mirada parece estar iluminada. Un cuarto está siendo cegado por un documento que irreverentemente se le ha pegado al rostro y del cuál está intentando liberarse. Ocularcentrismo = explosión de visibilidades = iluminación/ceguera. La acción en el primer plano de A Sudden Gust es una puesta en escena al estilo de una pintura clásica. La trayectoria de los documentos y las poses de los personajes capturan movimiento congelado. La acción se desarrolla delante de un paisaje no-romántico plano y abierto en donde hay una granja industrial y una zanja; la vestimenta citadina de los personajes contrasta con lo rural de su entorno. La imagen remite y no a la pintura clásica, tal vez sea su actualización. Como lo plantea Serge Daney, a finales del siglo XX ocurre una transición a un régimen visual en el que una imagen remite a otra imagen que remite a otra imagen…  Para José-Luis Brea, la imagen producto de este régimen es fantasma porque no tiene soporte fijo. Si A Sudden Gust es una alegoría del ocularcentrismo y su fiebre de archivo, el emblema de la imagen fantasma de 3_Eras cristaliza en Suspiria de Stan Douglas (2003). La instalación de Douglas para la Documenta consiste en la captura en tiempo real de imágenes de vigilancia de las habitaciones, pasillos, escaleras de un castillo vacío en Kassel transmitidas al azar a las cuales se superponen imágenes de actores poniendo en escena fragmentos de los cuentos de los hermanos Grimm. En 3_Eras, las imágenes de Douglas van acompañadas de un sobre voz que alude a la imagen-fantasma originada como “una forma empobrecida de la experiencia que la regulación de la representación administra el capitalismo del conocimiento”. Literalmente, la imagen fantasma surge de la desmaterialización del deseo libidinal detrás de las mercancías: la imagen (y la mercancía) son ya puro fantasma, como los personajes que pululan sin fondo fijo en Suspiria de Stan Douglas. Y a pesar de ello, la imagen fantasma, en tanto a que es e-image, es pura potencialidad dentro de la economía simbólica de la abundancia, en la cual es más importante el acceso que la propiedad, y por lo que es fundamental luchar por la construcción de comunidades que comparten datos e ideas.

En 1988 tuvo lugar en la Fundación DIA para las Artes en el Estado de Nueva York una legendaria conferencia sobre la visión y la visualidad. La premisa de la conferencia fue la novedosa distinción que hizo Hal Foster entre la visión como una operación física y la visualidad como un hecho social. Visión y visualidad no están opuestas como la naturaleza y la cultura: su diferencia reside en los mecanismos de visión e historias de las técnicas, la data de la visión y sus determinaciones discursivas. Mientras que para Foster la visión es histórica y social (y Jonathan Crary, y Martin Jay agregan, condicionada por la técnica), la visualidad involucra al cuerpo y a la psique. El archivo de las conferencias del DIA reúne textos de Hal Foster, Jonathan Crary, Rosalind Krauss, Norman Bryson, Jacqueline Rose, Martin Jay,(3) retomando ideas planteadas por Erwin Panofsky, John Berger, Michel Foucault, Roland Barthes, Jean Baudrillard, Guy Debord, Aby Warburg y Walter Benjamin. A estos académicos se les unirían W.T.J. Mitchell, D.N. Rodowick,  Nicholas Mizroeff, Michel Baxandal, Iritt Rogoff, entre otros, para contribuir a la naciente discusión sobre el giro visual. En el mundo anglosajón, el giro visual se teorizó como un régimen escópico que implicó el borramiento de la distinción platónica entre palabras y signos convencionales e imágenes. 

Antes del llamado giro visual, las palabras se consideraban significantes arbitrarios sin relación aparente con lo que significan, ya que las imágenes se consideraban estar ligadas por medio de fuerzas naturales a lo que se parecen. Este régimen mimético de lo real, que sitúa a las imágenes en el mundo natural, fue sustituido por un nuevo régimen escópico caracterizado por innovaciones técnicas y por una explosión de visualidades sin precedentes en el que las imágenes dejan de portar un estatus “natural” universal, trascendental o mimético, para adquirir características discursivas, abandonando lo figural. Esto da lugar a un nuevo alfabetismo visual y a la imagen como herramienta principal de comunicación, expresión, interacción, subjetivación y sujeción. Con el giro visual además, la imagen se hace más real que su propio referente: lo que es fotografiado o representado pierde importancia en relación a la fotografía o representación en sí. En la era del giro visual, la imagen deja de revelar la naturaleza del mundo físico para imponerse como una convención en un nuevo mundo de imágenes en el que tenemos fe.

En el campo de pensamiento francés, el giro visual diagnosticado por las humanidades anglosajonas tiene sus raíces en los archivos –eurocéntricos–  de la historia del cine de Gilles Deleuze clasificados a partir de un cine clásico basado en el montaje (la imagen-movimiento) y un nuevo cine basado en el plano secuencia (la imagen-tiempo) en el que el tiempo se emancipa con respecto a la narrativa, y el cine toma posesión de sus propios medios, como señala Jacuqes Ranciere en el film 3_Eras. Están también los estudios de Hubert Damisch sobre la historia de la perspectiva como régimen escópico predominante del renacimiento a la modernidad; los de la representación de Louis Marin, la diferencia entre imagen y lo visual de Serge Daney; así como el concepto de la videoesfera y sus implicaciones en la acción política de Régis Debray, el régimen sensible y la división política entre lo visible y lo invisible —la versión de la videosfera de Jacques Rancière, y los aspectos sagrados de la imagen como alteridad y desde la perspectiva de la iconología cristiana de Jean-Luc Nancy y Marie-José Mondzain respectivamente. En Francia tuvo también lugar un enrome debate sobre lo irrepresentable (Gérard Wachman, Didi-Huberman, Jean-Luc Godard). Bruno Latour fue comisario de una exposición gigantesca en 2002 en ZKM (Zentrum für Kunst und Medien) en Karlsruhe en 2002, Ikonoclash para abordar las historias de iconoclasmo, idolatría, y formas de hacer imagen en Occidente. Para Georges-Didi Huberman, las imágenes son capaces de tocar lo real, y en su contacto con lo real nos ofrecen la verdad de esa realidad, su memoria. Por eso la imagen es más un evento en concreto que una estructura visible. Paul Virilio por su parte, ha teorizado sobre las relaciones entre la tecnología, la información, el espacio, la velocidad y el poder. La artista audiovisual y teórica Hito Steyerl aborda en su trabajo, entre otros, la cuestión de los condenados de la pantalla y los espectadores privilegiados, la visibilización de todo y la necesidad política de hacerse invisible, el hecho de que el punto de vista del renacimiento anclado en la perspectiva haya sido sustituido por el punto de vista que ofrece GoogleEarth, que es el de un sujeto sin coordenadas cuyo ojo flota sobre el planeta sin ningún tipo de perspectiva. Y, finalmente, Ariella Azoulay, quien parte de la premisa que la imagen que documenta la catástrofe que sufre alguien más nos interpela éticamente porque las imágenes son producto de un contrato social de distribución de lo sensible que nos llaman a restituir los derechos violentados. Tanto en el campo de estudios de/sobre la imagen anglosajón como en el francés y sus derivados, se reconoce sin lugar a dudas, el potencial político, crítico y emancipador de la imagen. 

En este contexto, en su extraordinaria contribución a los estudios visuales, pionera en español y en dialogo con la academia anglosajona y francesa, José Luis Brea aboga por unas “humanidades para el presente” que se materializan en 3_Eras que como ya vimos, es un texto-ensayo-libro-película: un guion impreso en un libro para ser leído y una película para ser vista en la plataforma digital máquinas de visión inspirado en el libro Las tres eras de la imagen del mismo Brea (2010). Según María Virginia Jaua, quien editó el texto y dirigió la película basada en el guion de Brea, el texto opera como una máquina de visión que produce un roce constante entre sujeto y objeto de estudio sin una relación estable. Por un lado, el destino del texto se cumple en la secuencia de imágenes elegidas por Jaua (y determinadas por los permisos dados de reproducción) entrelazadas con sonidos, palabras, intertexto y las apariciones de Brea, Jean-Luc Nancy y Jacques Rancière. Por otro lado, hay que considerar que 3_Eras no busca constituir un archivo o un planteamiento histórico o historiográfico de la imagen, sino que tomando en cuenta criterios particulares, como ya lo vimos, es una partición de las imágenes en tres escenarios sistémicos epistemológicos diferenciados: imagen-materia, imagen-fílmica e-image o electrónica. Esta diferenciación es el tema del libro Las tres eras de la imagen, donde Brea considera a las imágenes como engranajes de operación, socialización, producción y formas de consumo al igual que a las formas de conocimiento asociadas a cada una de los sistemas-imágenes o regímenes escópicos. En cada régimen, la novedad técnica está afincada en una mutación de la experiencia del imaginario que culmina en la desmaterialización de las imágenes que circulan sin soporte fijo en la infoesfera. 

Para Brea, la imagen-materia de la primera era es la que cumple la promesa del deseo humano de perdurar, ya que el régimen técnico que regula su producción se cristaliza en un objeto inalterable. La imagen-materia es asimismo, individuación, la inscripción de un tiempo único, de la memoria del ser y de la promesa de singularidad y eternidad. Para Brea, la imagen-materia está ligada al proyecto ideológico cristiano con fuerte contenido teológico y dogmático. El potencial crítico de éste régimen consiste en considerar que un cuadro nos interpela, nos mira y nos produce como sujetos de un “acto de ver” y por lo tanto como conciencia del mundo, potencialmente revelando el punto ciego del campo de visión. En 3_Eras, el emblema del hecho de que somos interpelados por lo que miramos es Surface Tension de Rafael Lozano-Hemmer (1992). La pieza consiste en un ojo verde que mira y sigue al espectador en el espacio delante suyo desde una pantalla de plasma. La secuencia en la que aparece la instalación de Lozano-Hemmer acompaña una reflexión textual (y en el sobre voz) sobre el régimen escópico de la transparencia absoluta, de la distribución de las imágenes en un flujo permanente, universal y ubicuo que facilitan un acceso virtual a un archivo total – en la infoesfera – de la totalidad de las imágenes producidas por y de la humanidad. También se menciona la teoría de Jacques Rancière de la regulación de la lógica de la visibilidad: las formas de poder hacen visibles ciertas zonas para supervisarlas y otras para vigilarlas. Estas últimas son espacios sometidos a la mirada sistemáticamente invisibilizados. El potencial de la imagen aquí reside en redistribuir las visibilidades y hacer visible a los invisibles.

El segundo régimen escópico de Brea está marcado por la creación facilitada por la reproducción mecánica de las imágenes denominado la imagen-fílmica. En relación a la imagen-materia, la fílmica pierde el poder de la memoria del pasado. Su mnemónica deja de dar testimonio del pasado inmutable para registrar el transcurrir del presente. Este nuevo régimen es pura exterioridad y está ligado al capitalismo industrial, a las industrias culturales y al espectáculo. Debido a la capacidad de hacerse reproducible mecánicamente, la imagen se seculariza, es decir, pierde su aura o el lazo con lo sagrado. La imagen-fílmica abarca también el reino de la publicidad, cuyo despliegue universalizó al imperio de la mercancía sobre la totalidad de los sujetos. Uno de los emblemas de este régimen en 3_Eras es una secuencia en la que vemos a Andy Warhol comiendo una hamburguesa. Tal vez el culmine de esta era sea la monumental Histoire(s) du cinema (1969-1989) de Jean-Luc Godard, a la cual se hace un guiño con la cita de la secuencia del baile de The Band Wagon, una comedia de Hollywood de 1953, y de la escena de la resurrección de Ordet (1955) de Carl Theodor Dreyer. Si bien el fin del régimen de la imagen-fílmica se simboliza con una secuencia en la que vemos a un grupo de chicos tirando piedras a una imagen bizantina de Cristo proyectada en gran formato en una pared, la promesa de la resacralización de la imagen la simboliza la escena de la resurrección de Ordet (una secuencia clave en Histoire(s) du cinéma), según el aforismo godardiano: “La imagen vendrá en tiempos de la resurrección”. De allí a que en 3_Eras aparezca Jean-Luc Nancy explicando su noción de la imagen como lo sagrado que está a la raíz de la relación de la cultura occidental con las imágenes: “La realidad de Cristo es un hombre que es Dios que es un hombre: un hombre que nace de la imagen de Dios; el Cristo como la imagen visible del Dios invisible.” 

Por otro lado, el cine tiene el potencial de sacralizar la imagen no en el sentido religioso sino como alteridad. Como lo plantea Serge Daney en su distinción entre imagen y lo visual, la imagen nos devuelve la presencia que ha sido robada por lo visual. En ese sentido, la presencia, lo sagrado es lo que está aparte, puesto de un lado, quitado, a la distancia, es lo que uno no puede tocar. La presencia/sagrado es por lo tanto, lo distinto, lo opuesto de lo cercano, separado de la identidad por el contacto.(4) Por otro lado, la imagen-fílmica es un instrumento, según Brea, para la apropiación autónoma de la historia épica de los pueblos y restituir la narración de su paso por el mundo. En las palabras de Gilles Deleuze: La tarea del cine es restablecer el lazo del hombre con el mundo que ha sido roto por la modernidad y que es cuestión de fe.(5)

El tercer régimen, que ya esbocé más arriba, es el de la e-image, la imagen que carece de soporte fijo. En esta era, las imágenes toman cualidades de imágenes mentales condicionando la vida, el deseo y afectos de los sujetos. La imagen es espectral porque no se incrusta en el soporte sino que se hace etérea y flota en el aire, aterrizando en cualquier plataforma, incluida la psique humana. Por eso, la imagen deja de ser depósito de la memoria del pasado para afincarse en la eternidad del instante, en el tiempo-ahora. Más allá del espectáculo y para ser consumida, la e-image es del orden  de la experiencia. Descorporeizada y ubicua, trae modos de subjetivación individual más allá de la posibilidad de revelación, la promesas de recuperación de la memoria histórica o de la construcción de la identidad colectiva. 

Para Brea, la e-image “fulge con el brillo breve de la mercancía en su captura total de los flujos del deseo y abarca la captura de la vida por el capitalismo cognitivo”. Es decir, la e-image está entrelazada con la forma predominante de producción capitalista que está íntimamente ligada a la producción de la subjetividad y del deseo. Es decir, la e-image, en el planteamiento de Brea trasciende el sistema de objetos para que la mercancía llegue a operar directamente en el imaginario de los sujetos que la consumen. Su potencial crítico reside en la posibilidad de producción del sentido a partir del advenir de lo distinto apropiándose de los imaginarios del deseo para instituirse como la base de la organización económica y política del mundo. A partir de ello, pueden surgir comunidades-rizoma de productores de medios cumpliendo el sueño de participación igualitaria y de producción de imaginarios sociales de emancipación a partir de la libertad de expresión.

El montaje del guion y de la máquina de visión de 3_Eras (que habría que recalcar, cuenta con la intrusión en el sentido de Nancy de Jaua quien eligió las imágenes, dirigió y produjo la película póstuma de Brea) generan operaciones reflexivas que enlazan y desvinculan lo visible y su significación o la palabra y su efecto, produciendo y al mismo tiempo desviando nuestras primeras lecturas de la imagen, que complejizan lo que se da a ver y lo que se pueda decir de ella. En 3_Eras asimismo, está operando la inmediatez de lo visible mediado por un distanciamiento o desemejanza, que refleja el doble estatus de iluminación y embrutecimiento de la imagen en el régimen ocularcentrista que culmina con la aparición de la e-image. 

La epistemología de la imagen de Brea en 3_Eras (libro/filme-máquina-de-visión) parte de la complejización de la relación entre imagen y pensamiento. Ambos son difíciles de aprehender, sobre todo porque pensar la imagen supone implicación y distanciamiento, y el sentido – que siempre rebasa lo que podamos pensar o decir de la imagen – se construye y despliega a través del lenguaje. Por eso, una epistemología de la imagen es inestable e implica una relación afectiva en los límites entre lo discursivo y lo figurativo. Su sujeto es producto de la circulación vertiginosa del pensamiento: un sujeto del devenir puro, según Brea, en “el mundo en fuga, desvaneciéndose en la nada”.

El presente  —a diez años de Las tres eras de la imagen y de la muerte de Brea—, nos plantea retos tras el cumplimiento de la profecía de la disolución del mundo en la nada de las pantallas negras, que vemos desde una perspectiva virtual flotando sobre la tierra de GoogleEarth, sin coordenadas territoriales ni políticas aparentes. Estamos viviendo las consecuencias extremas del poder de penetración de la imagen, de la digitalización de lo real, de la experiencia, de las relaciones sociales, de la virtualización de los cuerpos, del cambio radical del tejido social a partir de las redes sociales y ante el capitalismo neofeudal afincado en la extracción de data de nuestros flujos neuronales para crear algoritmos que nos regresan mercancías digitales individualizadas para maximizar la captura de la atención y por lo tanto de la plusvalía. La infraestructura del poder se ha trasladado por completo al ámbito virtual, de manera tal que imaginar formas de resistencia se hace imposible, sobre todo porque el mundo político, el Estado ya gobierna a través de la infoesfera y despliega las tormentas de mierda y dominando las reacciones afectivas de los usuarios, generando polarización extrema y así, destruyendo sistemáticamente la esfera pública que debíamos defender. Estamos viviendo un escenario imaginado en Black Mirror, en el que la imagen nos devuelve un reflejo narcisista que interpela a un yo disociado y dislocado de su reflejo, en un espejo opaco que oblitera no sólo la alteridad de la imagen, sino la existencia propia del otro, de la alteridad. Así, la imagen abandona el potencial de emancipación que tiene para poner un velo sobre el mundo en el que colectivos de muertos vivientes sedientos de estimulación y dopamina coleccionan y regalan Me Gusta cumpliendo con su existencia con el ideal de Silicon Valley de virtualizar por completo la vida. Por eso hay que desertar de la invasión de las imágenes sin fronteras, distinguir imagen y realidad, afirmar la opacidad del mundo y resistir con la presencia, acuerpándonos, reconfigurando la alteridad en su erotismo más allá de la pornografía articulando conjunciones. Sin lugar a dudas, el futuro será de lo distinto. Según Brea, el futuro se gestará en la episteme, en la e-image por venir, en intensidades inmanentemente diferenciadas en un tiempo de “cristalografía cognitiva”, de conceptos productivos que rompen con las cárceles de sentido y de lo simbólico, de subjetividades desencializadas que fluyen en la red asociándose temporal y asociadas temporal y estratégicamente en comunidades-rizoma.


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(1) José Luis Brea, 3_ERAS, María Virginia Jaua (ed.), Ediciones/Metales Pesados Santiago de Chile,  Centro de Arte 2 de Mayo, Madrid, 2019.

(2) Puedes ver el film 3_ERAS

(3)  Hal Foster, Vision and Visuality: Discussions in Contemporary Culture, (New York: DIA, 1989).

(4)  Jean-Luc Nancy, The Ground of the Image (New York: Fordham University Press, 2005)

(5)  Gilles Deleuze, The Image-Time Cinema II (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2002), p. 166.

sábado, 17 de octubre de 2020

Yo estaba hecho un pañuelo, Julio Cortázar (por calledelorco)

 





Che, espero humildemente que no sea un acto fallido, pero en la nómina me comí a Borges. Oh, no creo que sea un acto fallido, porque no te podés imaginar cómo se me llena el corazón de azúcar y de agua florida y de campanitas, cuando, al cruzar el hall de la Unesco con Aurora para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Elena Vázquez*, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois. Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya nos estábamos abrazando con un afecto que me dejó sin habla. Mirá, fue algo maravilloso. Borges me apretó fuerte, ahí nomás me dijo: “Ah, Cortázar, a lo mejor, ¿no?, usted se acuerda, ¿no?, que yo le publiqué cosas suyas en aquella revista, ¿no? ¿Cómo se llamaba la revista, che, cómo se llamaba?”. Yo casi no podía hablar, porque el grado de idiotez a que llego en momentos así es casi sobrenatural, pero me emocionó tanto que se acordara con un orgullo de chico de esa labor de pionero que había hecho conmigo. Entonces le recordé a mi vez todo lo que eso había significado para mí, sobre todo porque él me había publicado sin conocerme personalmente, lo que le daba muchísimo más valor a la cosa. Y entonces Borges dijo: “Ah, sí, claro... Y usted a lo mejor se acuerda, ¿no?, que mi hermana Norah le hizo unos dibujos muy preciosos, ¿no?”. En fin, che, yo estaba hecho un pañuelo. Después lo escuchamos a Borges en su conferencia sobre literatura fantástica, dicha en un francés excelente, y a los días vino a la Unesco y les rajó una charla sobre Shakespeare que los dejó a todos mirando estrellas verdes. La chica Vázquez me arrancó la lectura de dos cuentos para una emisión de Radio Municipal, y se fueron a España. Por supuesto, los periodistas se ingeniaron como siempre para hacerle decir a Borges cuatro pavadas sobre política, pero qué poco importa, o en todo caso, qué poco me importa.

Julio Cortázar
Carta a Francisco Porrúa.
París, 30 de noviembre de 1964
Cartas 2 (1955-1964)

Editorial: Alfaguara
Carta completa en "Borges todo el año"





viernes, 16 de octubre de 2020

La 35 Feria del Libro ha acogido la presentación de la autobiografía de María Teresa León, presentada por su prologuista, el escritor Benjamín Prado

 


El escritor Benjamín Prado, en la Feria del Libro de Cádiz.El escritor Benjamín Prado, en la Feria del Libro de Cádiz.

El escritor Benjamín Prado, en la Feria del Libro de Cádiz. JESÚS MARÍN

 

–‘Memoria de la melancolía’ es un tratado sobre la pérdida, es un viaje íntimo, es un análisis de un contexto social y político y es una autobiografía. Es muchas cosas, ¿no?

–Todo lo que dices es absolutamente cierto, se le podría añadir alguna otra cosa, y, además, es una descripción estupenda de lo extraordinaria que fue María Teresa León, una mujer con una serie de capacidades casi interminables, no solamente por los géneros en los que desarrolló su talento porque fue poetisa, dramaturga, novelista, cuentista, periodista, actriz, activista... Sino porque además, dentro de cada uno de esos géneros, mezcló también muchas cosas. Memoria de la melancolía es un tratado de la pérdida, desde luego, también es un libro con una hondura filosófica impresionante, es un libro que a ratos es pura poesía aunque sea prosa, es el libro de una gran conocedora de la literatura española... En fin, una mujer renacentista, casi, imagínate si es justo que pases a la Historia como la señora de Alberti, ¡hombre por favor¡

–En un pasaje del libro, María Teresa dice de Zenobia Camprubí algo así como que “eligió ser la sombra al lado del fuego”. ¿Eso, al final, también le pasó a ella o es la imagen que nos ha llegado a nosotros?

–Es las dos cosas. Tanto en el caso de Zenobia como en el de María Teresa hay una renuncia voluntaria a sí mismas para dedicarse en cuerpo y obra a la creación de sus compañeros, pero también hay muchas diferencias porque Zenobia nunca escribió nada más allá de sus diarios y cuatro artículos, y María Teresa es autora de treinta y tantos libros. Hay diferencias esenciales. En el caso de María Teresa, vigilar la obra de Rafael no impidió que ella misma se dedicase a la suya, aunque bien es verdad que ella se dedicó a las dos y él sólo a la de él. Que hablamos de Rafael Alberti un grandísimo poeta, uno de los más grandes del siglo XX, tan grande como el que le quieras poner al lado, pero la diferencia es que él ocupa su sitio en los manuales de Literatura y ella no, y eso es lo que hay que arreglar.

–¿Se le debe un gran homenaje, un gran estudio?

–El más grande de todos, que es publicar sus libros, que sus libros estén a disposición de los lectores. Muchos de ellos nunca se han publicado en España, otros de ellos en ediciones inaccesibles, de vida muy breve, y creo, por eso, que la idea de la editorial Renacimiento de hacer una Biblioteca María Teresa León es magnífica, no sólo porque resuelve un injusticia que lleva muchos años vigente, sino porque pone a disposición de los aficionados a la buena literatura las obras de una escritora que, de verdad, merece muchísimo la pena que sea leída.

–La colección la dirige usted, ¿verdad?

– Sí, sí, yo por esa familia hago lo que sea. Les tengo devoción y una deuda de gratitud con Rafael Alberti. A María Teresa la vi muchas veces pero, en realidad, nunca estuve con ella porque ya no era ella del todo. Ya estaba muy mermada por la enfermedad (alzheimer) pero, aun así, era una mujer muy dulce, con una luz de inteligencia y de nostalgia en los ojos maravillosa.

–Nárreme la primera vez que la vio

–La primera vez que la vi pues debíamos ser amigos Rafael y yo hacía un par de meses, ya teníamos confianza, y me mandó a la residencia en la que estaba ingresada a llevarle unas mudas de ropa. Le llevé un ejemplar de la primera edición de este mismo libro publicado por Losada para ver si me la dedicaba, y allí vi una descripción de lo que es la pérdida de la cabeza. Ella se puso a leer su propia biografía pero como si estuviera leyendo la vida de otra, sin encontrar ninguna comunicación entre aquello que leía y ella misma. Eso me impresionó muchísimo. Ese es el primer recuerdo que tengo de ella.

–Qué destino más trágico el de María Teresa... Treinta y ocho años “con España anudada en la garganta” y cuando regresa no es consciente de la vuelta...

–Las dictaduras de los estados totalitarios perjudican a mucha gente y, sobre todo, le roban cosas. Le roban la libertad, el derecho a su propio país, le roban posibilidades de estar en el lugar que aman. Porque ahora que tanto se habla de patriotismo olvidamos que es impresionante cómo esta gente de la República tenían la palabra España todo el día en la boca. María Teresa es la autora de las biografías noveladas de Rodrigo Díaz de Vivar y de Jimena Díaz de Vivar, por ejemplo. Creo que hay muchos más dramas dentro del gran drama de una guerra y de una diáspora de los que parecen, así, a primera vista... Y volver al cabo de 38 años en las condiciones que ella lo hizo… Pero, bueno, yo con Alberti sí que le vi, aunque fuera tan tarde, disfrutar de los paisajes de su infancia y recuperar lugares, personas, sensaciones... Al menos tuvo esa recompensa después de 24 años en Argentina y creo que 14 en Roma.

–En el libro, María Teresa nos dibuja un Gobierno, el de la Segunda República, con la cultura, sino en el epicentro, sí como uno de sus pilares, ¿Eso se ha vuelto a repetir en la Historia?

–No, por desgracia no. Por desgracia vivimos en este mundo donde la frase más célebre es esta de es la economía, estúpido. Y yo pienso, y esta gente pensaba, que no, que es la cultura, es la sanidad, es la educación, son muchas cosas más antes que el dinero.

–Hemos aprendido poco… ¿De esta pandemia aprenderemos?

–Sin duda esa es la gran pregunta, si de esto saldremos habiendo aprendido algo o en el momento en que la vacuna esté dentro del cuerpo pues volveremos a las andadas. Yo que soy un optimista innato, aunque intento que mi optimismo no ralle con la temeridad o con la estupidez, tengo la esperanza de que hayamos aprendido algunas cosas elementales como que hay que fortalecer, cuidar y apoyar la sanidad pública y la industria nacional, que no se pueden tener las residencias de ancianos en manos de fondos buitres…. Yo con que hayamos aprendido esas tres cosas, me conformo.

–Tiene también en la calle la quinta entrega de la saga de Juan Urbano que, de alguna forma, guarda una conexión especial con ‘Memoria de la melancolía’...

–Tan especial como que la persona que sale en la portada del libro es María Teresa León. Es una historia de mujeres de su época, dos reales y una inventada, en los años 30 cuando desde el Gobierno de la Segunda República se fomentó la presencia de las mujeres en diferentes ámbitos, incluido el deporte. Se luchó por que existieran federaciones femeninas, porque se registraran sus marcas, al mismo tiempo estas chicas recibían una educación exquisita, se luchaba mucho por que hablasen idiomas, que hablasen inglés... Y, bueno, luego llegó la guerra y la dictadura y todo cambió al extremo contrario, a considerar que el deporte femenino era indecente, a que la ropa para practicarlo era atrevido y hasta decir que practicarlo era perjudicial para aquella función que, según decían ellos, era la principal de la mujer, procrear. Y, bueno, María Teresa sale en el libro citada varias veces y las protagonistas llegan a hablar con ella en el Lyceum Club.

–¿Ya tienen pensado cuál será el próximo título que alimente la colección de María Teresa León?

–Sí, estamos pensando sacar un libro de cuentos, uno de los mejores que escribió, un libro que se llama Morirás lejos.

jueves, 15 de octubre de 2020

La necesidad de ensanchar la mirada, Chantal Maillard (por calledelorco)






Les problèmes de mon interiorité me laissent un peu froid; plus exactement, je ne parviens plus à les considérer comme de véritables points de départ; en fait, il me semble que je n'attends plus grand-chose du "récit", que j'avais, que j'ai besoin de voir plus grand.

Georges Perec, Je suis né

(Los problemas de mi interioridad me dejan un poco fríos; más exactamente, ya no puedo considerarlos como auténticos puntos de partida; de hecho, me parece que no espero ya gran cosa del "relato", que tenía, que tengo necesidad de ensanchar la mirada.)

Me he traído de Bruselas un libro muy delgado. Es de Georges Perec. Je suis né es el título. Con gran curiosidad me detengo en el relato de sus proyectos de escritura y, con especial interés, en aquel que daría pauta del paso del tiempo, no solamente del tiempo presente y de la memoria, sino también, y esto es lo que me parece importante, del de la escritura misma.

Último de una cuatrilogía autobiográfica, el volumen proyectado habría de servir de marco a los tres anteriores. Lo redactaría a lo largo de doce años, durante los cuales describiría doce lugares (calles, plazas de París, cruces, etcétera) que hubiesen sido importantes para él por cualquier razón. Cada mes describiría dos de ellos dos veces: la primera, sería una descripción neutra del lugar en el presente; la otra sería una recreación del lugar en la memoria y se haría desde cualquier otro sitio. Después, introduciría los escritos en un sobre sellado. Esto lo repetiría durante doce años, al término de los cuales, abriría los sobres y los copiaría. Tendría entonces, en total, doscientos ochenta y ocho sobres y cada uno de los doce lugares se habría descrito dos veces en cada uno de los doce años, es decir, veinticuatro veces, dando una idea del envejecimiento de los lugares físicos, de los recuerdos y de la propia escritura. De esta manera, "el tiempo de la escritura, que era, hasta el momento presente, un tiempo para nada, un tiempo muerto que se fingía ignorar o que restituía sólo arbitrariamente (L'emploi du temps), que se mantenía siempre al margen del libro (incluso en Proust) vendría a ser aquí el eje esencial".

Desde siempre, me ha perseguido la necesidad de dar cuenta en el relato, tanto en la prosa como en el poema, del tiempo de la escritura. Me parecía y me parece injusto que se sustraiga ese tiempo o se encubra la necesidad de su presencia por medio de artimañas como la de introducir al propia autor en el relato convirtiéndolo en personaje del mismo, o la de hablar en plural mayestático o, simplemente, científico, enunciando en tercera persona las opiniones que son propias. Por ello quise que mis cuadernos de reflexiones aparecieran en forma de "diarios", tal como habían sido escritos, sin subterfugios ni ornamentos, evitando someter su contenido a clasificación, temática u otra. No estamos ya en los tiempos en que se entendía que el lector debía ser guiado; antes bien, un texto ha de proponerse para que el lector descubra en él itinerarios posibles. La escritura ha de ser obra, ha de ser arte.

Mis cuadernos pretendían, y pretenden, liando las fronteras entre los fragmentos autobiográficos, reflexivos, poéticos, etcétera, mostrar la sucesión de planos mentales que en el día a día se van sucediendo según el orden de los actos cotidianos y su representación. En este último cuaderno, se fueron superponiendo los tiempos, el presente y el recordado y, por supuesto, el de la escritura, puesto que formaba parte del presente, puesto que lo decía, lo describía, y ésa era su función. Se encontró la escritura, sin necesidad de decirse, investida de ese presente y relatándolo a un tiempo, relatando la manera en que la memoria aflora, se contiene o se escabulle. Casi logro del todo en los fragmentos "Groenendaal" y "Etterbeek", con el consiguiente vértigo. Lamentablemente, no pude mantener el tono. Y he aquí que, al final de mis andanzas (y de este texto), Perec venía a mostrarme lo que había querido hacer con un brillante ejemplo, un proyecto que podría perfectamente ser, que sería el de una obra artística. Más allá del relato, le besoin de voir plus grand, la necesidad de ensanchar la mirada, de apuntar más lejos requiere, a mi modo de ver, cambiar los puntos de apoyo para los itinerarios, esos que forman tema. En vez de la idea de persecución, pongamos por caso, el lugar en el que se ha dormido*. Iniciar la historia desde otros puntos, de tantos como hay en el mapa o la constelación de un día o una vida. Iniciar la historia... no, la historia no, pues ésta requiere sus pasos argumentales. Iniciar el texto desde allí justo allí donde creímos que no era tema de escritura, desde aquello que, de tan insignificante, no veíamos. Apuntar más lejos tal vez signifique hacer obra con menos.

*Lieux où j'ai dormi forma parte del proyecto autobiográfico de Georges Perec, una especie de catálogo de habitaciones.

Chantal Maillard
Bélgica
Editorial: Pre-Textos

domingo, 11 de octubre de 2020

Estéticas migratorias. Historia y definición Miguel Ángel Hernández

 


Publicado el 2020-10-11

El término estéticas migratorias, pretende dar cuenta de la dimensión estética de la experiencia de la migración  y su impacto y visualización a través de las prácticas artísticas contemporáneas. Aunque en su origen se encuentra en el debate en torno a lo global, la identidad, lo poscolonial, la memoria y los afectos —cuestiones presentes en el mundo del arte desde los años noventa—, el término  como tal entra en escena a mitad de la década de 2000, y su inclusión se debe  principalmente al trabajo de Mieke Bal, quien, a lo largo de ensayos, películas y exposiciones, ha ido dando forma poco a poco al concepto. (1)

Durante las dos últimas décadas, el término se ha expandido en el vocabulario artístico contemporáneo y su empleo se ha generalizado para nombrar y definir algunas prácticas y actitudes artísticas relacionadas con la migración y la movilidad. Esta popularización del concepto en textos, exposiciones, cursos, incluso colecciones  de libros (2), condujo  en 2014  al editor de la célebre  Encyclopedia of Aesthetics, Michael Kelly, a platearse la necesidad de incluir la voz “Migratory Aesthetics” en la segunda edición, ampliada y revisada, de esta vasta cartografía del pensamiento sobre arte y estética publicada originalmente en 1998 (3).

Este capítulo presenta una versión en español de la entrada que escribí para dicha enciclopedia. Aunque  apenas he modificado el texto original —que mantiene el formato descriptivo del diccionario—, sí que debo advertir de una pequeña dificultad en la traducción precisa del término. En realidad, la traducción lógica del inglés “migratory aesthetics” debería ser “estética migratoria” en singular. A priori, Aesthetics se refiere al campo filosófico que llamamos “Estética”. Sin embargo, en la formulación de Mieke Bal, la “s” no alude a ese campo filosófico, sino que indica un plural, una multiplicidad de formas de experiencia, una conectividad basada en los sentidos (4). Por esa razón, parece apropiado utilizar el plural y hablar de “estéticas migratorias”.

* * *

Cuando escribimos “estéticas migratorias” no nos referimos exactamente a una categoría estética, ni tampoco a un estilo o movimiento artístico, sino mas bien a un campo de problemas, prácticas, situaciones y teorías. Se trata de un constructor complejo empleado para observar algunas transformaciones en las sociedades contemporáneas —la migración y su impacto estético—, pero también para describir y calificar las prácticas artísticas que dan cuenta de dichas transformaciones —no sólo a nivel de contenido, sino también en los modos de hacer y promover una sensibilidad migratoria—. Y, al mismo tiempo, las estéticas migratorias también conforman un campo intelectual, una actitud teórica, una manera de enfocar los problemas y un posicionamiento político de compromiso.

Las estéticas migratorias parten de la observación de la metamorfosis que la migración produce en el ámbito de la estética en las sociedades contemporáneas. Una mutación que, como ha sugerido Bal, tiene que ver, en esencia, con la transformación de las sociedades y los espacios por los sujetos migrantes, pero también con la transformación de los sujetos en los encuentros con esos espacios (5). Un movimiento doble que afecta en dos direcciones, puesto que no solo modifica los modos de experiencia, sino también los modos de sentir —la aisthesis, el ámbito de los sentidos y las emociones—. Como señalan Aydemir y Rotas, el constructor “Estéticas migratorias” sugiere “la implicación mutua de la dimensión estética de las prácticas de la migración y la dimensión migratoria de los procesos estéticos” (6)  Es precisamente en este sentido en el que Mieke Bal entiende el término, más como un sentir plural que como un campo filosófico (7). Se trata, de este modo, de conducir la reflexión hacia caminos que devuelvan a la estética su viejo significado en el ámbito de la experiencia sensible y las emociones.

Las metáforas de la migración ya habían sido utilizadas ampliamente por la teoría contemporánea. Desde finales de los años ochenta, la sociología, la antropología, los ustedlos culturales o los estudios poscoloniales comenzaron a visibilizar y a dar importancia a la migración y a sus implicaciones en la cultura. Sin embargo, a través de una serie de ideas que enfatizaban el lado fatal y traumático de la migración: las teorías del desplazamiento, diáspora, exilio, el desarraigo… Por otro lado, también desde la teoría —tanto desde los desarrollos de las ideas de Deleuze y Guattari sobre el nomadismo (8) como del pensamiento sobre lo híbrido y el cosmopolitismo de autores como Homi Bhabha (9), se había producido una especie de idealización del universo migratorio, convirtiendo la metáfora en un lugar común que poco tenía que ver con la realidad. Las estéticas migratorias pretenden pensar la migración como un paso más allá de las visiones excesivamente negativas, y observan los efectos valiosos de la migración en las sociedades de acogida (la transformación estética a todos los niveles de la experiencia), pero no por eso dejan de prestar atención a la realidad que está detrás de la metáfora, y atienden a los desarrollos reales de la migración. De este modo, se sitúan más allá de la visión puramente victimista, pero también de la reflexión glorificadora.

Una de las articulaciones esenciales para romper estas visiones extremas se encuentra precisamente en el ámbito de la estética, en el terreno de lo sensible, en la experiencia de las emociones y los sentidos. Es precisamente ahí donde ese sentir trasciende lo temático. De manera que las estéticas migratorias no sólo tienen que ver con “el tema” de la migración, sino especialmente con cómo los modos de sentir y las experiencias migratorias se extienden a otros contextos, y sus estéticas llegan a ser claves en las transformaciones artísticas contemporáneas. A lo que se refieren, pues las estéticas migratorias es a los modos de sentir, de experimentar el tiempo, a los espacios, las memorias, las subjetividades…, a la experiencia estética del mundo, en definitiva, que puede considerarse definitoria de nuestro tiempo. Sin embargo —y esto también es importante— este modo de experimentar el mundo no siempre es evidente, sino todo lo contrario: en los discursos hegemónicos, esa experiencia heterocrónica, contradictoria e inestable suele ser anulada  o mostrada de modo arquetípico y, en consecuencia, manipulada. Lo que estos nuevos sentires que son perceptibles pero que, sin embargo, no ocupan —aún— un espacio en los imaginarios y discursos acerca del presente y, por tanto, necesitan encontrar un lugar en el registro de la política.

Ese modo de sentir y experimentar —caracterizado por lo cercano, lo abstracto, el afecto, la emoción o la recuperación de lo puramente estético— es el que comienza a incorporarse también en un gran número de prácticas artísticas recientes. Como observó Kobena Mercer, desde finales de los años noventa, lo migratorio se convirtió en uno de los problemas centrales de las artes contemporáneas (10). Cuestiones como alteradas, raza, pero también desplazamiento, exilio, diáspora, extranjería o transculturalidad se convirtieron en elementos centrales de la reflexión artística, y muchos creadores comenzaron a trabajar como virtuales antropólogos o etnógrafos, mostrando las transformaciones de la subjetividad contemporánea y la presencia de nuevos lugares, tiempos, ámbitos y espacios de produccion artística (11). Antologías como Over Here, por ejemplo, establecieron esos buenos mapas de la creación que, poco a poco, están siendo actualizados y redefinidos (12).

El arte por el que se interesan los teóricos de las estéticas migratorias se encuadra pues, en esos nuevos mapas del arte global. Pero va más allá de la pura representación de los otros, del mero contenido. No es sólo un arte “acerca” de estas problemáticas, sino que lo que verdaderamente interesa es cómo a través de las imágenes —pero también de los textos, en el campo literario— los artistas reflexionan y piensan lo migratorio como realidad, como metáfora, pero también como forma de experiencia.

El arte se configura aquí, pues, como un lugar de conocimiento y producción del mundo. No como un espejo que refleja lo social, sino como lo social en sí. Las estéticas migratorias parten, pues, de esta imposibilidad de separar el arte de la sociedad. Pensar como sugiere el antropólogo Johannes Fabian, no “sobre” sino “con” los implicados, llevar a cabo el análisis “a través” del corazón de las cosas (13). Ése podría decirse que es el cometido de las estéticas migratorias: pensar el mundo contemporáneo —e intervenir y actuar en él—  a través de las prácticas artísticas que incorporan la experiencia estética migratoria.

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Fragmento del libro: El arte a contratiempo. Historia, obsolescencia, estéticas migratorias, AKAL / Arte contemporáneo, Madrid, 2020.

Imagen de portada captura del video Don’t Cross the Bridge before you get to the River. Estrecho de Gibraltar, Marruecos-España 2008. Francis Alÿs en colaboración con Julien Devaux, Rafael Ortega, Felix Blume, Ivan Bocara, Jimena Blasquez, Roberto Rubalcava, Begoña Rey, Abbas Benhnin y los niños de Tánger y de Tarifa.

  1. Aunque la formulación no se encuentra en estado puro en ninguno de sus textos, podría decirse que su ensayo para la exposición 2Move: Double Movement/Migratory Aesthetics es uno de los lugares donde de modo más extenso se hace cargo del significado profundo del término (“Double Movement” en Mieke Bal y Miguel Ángel Hernández, 2Move: Double Movement/Migratory Aesthetics, Murcia, CENDEAC, 2008, pp. 15-80) 

  2. Véase por ejemplo la colección “Estéticas migratorias en el arte contemporáneo” del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia.

  3. Michael Kelly (ed.), Encyclopedia of Aesthetics, 6 vols., Nueva York, Oxford University Press, 2014.

  4. Bal, “Double Movement”, cit., p. 19.

  5. Ibid.

  6. Murat Aydemir y Alex Rotas “Introduction: Migratory Settings”, en M. Aydemir y A. Rotas (eds.) Migratory Settings, Ámsterdam, Rodopi, 2008, pp. 7-32, p. 8.

  7. Bal, “Double Movement”, cit.

  8. Gilles Deleuze y Feliz Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia.Valencia, Pro-Textos, 2005.

  9. Homi S. Bhabha, El lugar de la cultura, Buenos Aires, Manantial, 2002.

  10. (10) Kobena Mercer (ed.) Exiles, Diaspora and Stranger, Cambridge, Mass., The MIT Press, 2008.

  11. (11) Véase Anna María Guasch, El arte en la era de lo global, Madrid, Alianza, 2016.

  12. (12) Gerardo Mosquera, Jean Fisher y Francis Alÿs (eds.) Over Here: International Perspectives on Art and Culture, Cambridge, Mass., MIT, Press, 2004; Hans Belting y Andrea Buddensieg (eds.), The Global Art World, Audiences, Markets, Museums, Ostfildern, Hate Cantz, 2009; Terry Smith, Contemporary Art World Currents, Upper Saddle River, N. J., Prentice Hall, 2011.

  13. (13) Johannes Fabian, Time and the Other: How Anthropology Makes its Objects, Nueva York, Columbia University Press, 1983.