miércoles, 25 de agosto de 2021

Jon Bilbao, el escritor más inquietante: "No hacen falta 400 páginas para contar historias"


Publica 'Los extraños', una novela corta sobre una pareja que recibe una sorprendente visita con la que vuelve a generar tensión en el lector 

placeholderFoto: El escritor Jon Bilbao
El escritor Jon Bilbao 

“Me gusta que una historia sea como ir a darte un baño en la playa, que el agua te llegue por los tobillos, sentirte muy seguro, pero que, de repente, haya un hueco y te hundas”. Así explica Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) sus novelas y relatos. Y a fe que sucede. Vuelve a ocurrir con su última obra, la novela corta ‘Los extraños’, que publica ahora Impedimenta. Una pareja que vive en una casona en el norte de España y que recibe la visita de un primo y su chica. Comen, cenan, beben whisky, pasean por el pueblo. Todo parece normal, cotidiano, rutinario hasta que deja de serlo. Como esa hondonada en la playa que sin verla venir te mete para dentro. Y a ver cómo sales. 

“Ese planteamiento me gusta mucho en la narrativa. Lo agradezco en una película o una novela. No ser tramposo con el arranque, no plantear una situación que se aleje totalmente de tu cotidianidad y que sea complicado conectar y empatizar con los personajes. Me gusta partir de un terreno común, conocido, fácil y a partir de ahí ir construyendo la historia”, abunda el escritor en conversación al teléfono con El Confidencial. Con ‘Los extraños’ no podía ser más cotidiano y común, puesto que está ambientada en la propia localidad asturiana de Ribadesella, su pueblo natal. Es más, todo ocurre en su casa familiar. Y los personajes principales, la pareja Jon y Catherina, ya son unos viejos conocidos para el fan de Bilbao puesto que aparecen en otras de sus novelas como ‘Basilisco’. 

placeholder'Los extraños'

Dice el escritor que cada vez se encuentra más cómodo con esta fórmula en la que los personajes van saltando de libro en libro. “El género del relato, una historia breve autoconclusiva, aún satisfaciendome mucho formalmente se me queda pequeño por lo que me gusta que los personajes se proyecten hacia lo que pueda venir a continuación”, manifiesta. Eso, dice, ocurrirá también en la novela que está escribiendo ahora. Lo de que todo este ambientado en Ribadesella y que apenas haya un par de escenarios vino más bien por dar un cambio con respecto a ‘Basilisco’, su novela anterior, un western con muchos personajes, mucha documentación y varias historias que se movían en el pasado y el presente. 

Le ha salido una pieza que entra como el agua. Y cortita. Poco más de 130 páginas. “Es un género que como lector cada vez me atrae más"

Y, así, casi sin quererlo, le ha salido una pieza que entra como el agua. Y cortita. Poco más de 130 páginas. “Es un género que como lector cada vez me atrae más, esta media distancia. Denota cierto respeto hacia el lector. No robarle demasiadas horas de su vida. Tampoco hacen falta 400 páginas para contar muchas historias en la mayoría de los casos”, asegura. 

Nuestra materia oscura

Donde no hay novedad es en ese aspecto inquietante de la historia que el escritor domina como pocos en las letras españolas actuales. Se puede hallar esa extrañeza en obras como ‘Como una historia de terror’ (2008), ‘Bajo el influjo del cometa’ (2010), ‘Estrómboli’ (2016) o ‘El silencio y los crujidos’ (2018), libros con los que ha ganado varios premios y que le han puesto en el disparadero de la narrativa española. “Es mi forma de contar, no la de ver el mundo porque no podría vivir así. Es una inquietud que se basa en no decirlo todo, en dejar unos huecos en la narración y no explicitarlo todo. En los libros yo trato de poner el foco en esos huecos y toda esa materia oscura que se hace visible creo que es la que genera esa inquietud”, comenta. 

placeholderJon Bilbao (Xavier González, 2016)

Esta vez el giro extraño llega - no hay spoiler porque se produce casi en la primera página- cuando, tras ver unas raras lucecitas de colores en el cielo y recibir la visita del primo, Jon comienza a sospechar que ese primo no parece tal primo. Y que la chica tampoco parece una mujer muy normal. Sin embargo, más que en la propia extrañeza que despiertan -y poco a poco los temores - a Bilbao le interesa ahondar también en otra cuestión: cómo también nos aprovechamos de los otros “para conocernos a nosotros mismos”. 

Ya decía Carl Jung que lo que menos nos suele gustar del otro es la parte que más horror nos despierta de nosotros mismos - breve pincelada de primero de psicoanálisis-, y Bilbao aprovecha a estas dos parejas para contarnos que sí, que los raros “son ese espejo deformante. En realidad, esta pareja que está pasando un invierno no del todo agradable. Tiene unas insatisfacciones, unas dudas y de repente se les presentan en la puerta unos primos que nadie recuerda y les abren la puerta de su casa porque les va a introducir una novedad en sus vidas, un elemento exótico. Perolo que están haciendo es utilizarlos, les interesan, les divierten … Y en ese proceso de utilización la pareja protagonista se van conociendo mejor y van afianzando su relación”. 

"Con la pandemia no es que veamos a los otros como extraños sino que nosotros mismos nos vemos más extraños”

El escritor afincado en el País Vasco, donde trabaja como traductor, acabó esta novela en junio de 2019. Los tiempos de la escritura y la comercialización pueden llegar a ser muy dispares. Por eso es curioso leer hoy, después de todo lo que nos ha pasado, una historia sobre nuestras relaciones con los otros. “Bueno, es algo en lo que no había pensado, pero creo que no es que veamos a los otros como extraños sino que nosotros mismos nos vemos más extraños”, afirma. Al final habrá una factura que pagar. Unos más que otros. “Creo que el confinamiento ha sido especialmente duro para personas que vivían para afuera y, de repente, han tenido que vivir para adentro. Han tenido que mirar hacia sí mismos sin darse cuenta de que no tienen tantas aficiones o tanto en lo que ocupar su cabeza y a lo mejor no les ha gustado lo que han descubierto”, dice el escritor. Ahí hay otra novela, le contesto. “Ahí hay muchas novelas. Seguro que alguien las está escribiendo”, contraataca. 

"Los elementos más inquietantes son esas conversaciones de sobremesa entre cuatro personas"

Por la novela también pululan unos ufólogos, que le dan esa pátina de ciencia-ficción, pero son casi una mera excusa para el trasfondo de la historia. Y, desde luego, como confirma el propio Bilbao, no son la parte, ni de lejos, que da más miedo. “He descubierto que para plasmar esa inquietud cada vez me hacen falta menos elementos y, a poder ser, cada vez más cotidianos. En esta novela,lo más inquietantes son esas conversaciones de sobremesa entre cuatro personas. Las versiones que unos y otros cuentan de su pasado que no encajan y llevan a preguntarte quiénes son o por qué recuerdan eso de mí… Para generar la inquietud hace falta muy poquito porque todos llevamos dentro unos buenos pertrechos de inquietud”, sostiene el escritor. Unos buenos kilos de esa materia oscura de la que los psicoanalistas (véase la teoría jungiana anterior) llevan viviendo décadas. 

El desprestigio del terror

Bilbao lleva años escribiendo historias que podrían anclarse en el género fantástico o de terror. Sabe que no es común que hablemos de este tipo de libros en la prensa. Sí se escribe sobre el terror, otra cosa es que sea un género reconocido y que se hable de él en los suplementos literarios que, evidentemente, no se habla”, sostiene. Es verdad. Y, además de él, hay buenos escritores en español como Emilio Bueso, Ismael Martínez Biurrun, Carlos Sisí o la ahora más conocida Mariana Enríquez. Pero sigue sin tener prestigio. “Creo que sigue acarreando el estigma de literatura de género, literatura popular, rápida, literatura para adolescentes…, algo con lo que tenemos que ir ya terminando”, reflexiona. Es el peso del realismo, añade, que lleva dictando sentencia en la literatura de este país desde hace más de un siglo. 

placeholderJon Bilbao

“Con el terror, la ciencia-ficción, el western… Con estos mimbres se puede hacer de todo, igual que con una novela realista. Puedes hacer ‘La Regenta’ o una cosa absolutamente formulaica y sin ningún interés”, mantiene. Y esto también es cierto, como bien saben los miles de ejemplares que acumulan polvo en los almacenes de muchas editoriales. 

La novela negra, que también fue considerada literatura popular y barata durante mucho tiempo, escapó del estigma, le digo. “Eso es porque el género negro es básicamente realista mientras que en el resto de géneros entra el elemento de imaginación más poderoso. Y creo que todavía hay bastante gente que piensa que la imaginación nos aparta de la realidad, pero la imaginación para un escritor es la herramienta que te permite sacar el máximo provecho posible a la realidad”, zanja. Y a fe que en otros contextos lo de fantasear no se nos da nada mal.

viernes, 13 de agosto de 2021

Querido Borges, Susan Sontag por calledelorco


Querido Borges:

Dado que siempre situaron su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. Si alguna vez un contemporáneo pareció destinado a la inmortalidad literaria, ése fue usted. Fue en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, supo cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que parece del todo milagroso. Esto tenía algo que ver con la amplitud y la generosidad de su atención. Fue el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores, así como el más ingenioso. Algo tuvo que ver asimismo con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo más bien largo, perfeccionó las prácticas de la exigencia y la indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental a otras eras. Tuvo un sentido del tiempo diferente del de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían nimios bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como “el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado”. Eso, por supuesto, era parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores. Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia.

Fue un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no precisaba de indignación. Más bien, tenía que ser inventivo… y usted era, sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia de la identidad que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró que no es necesario ser infeliz, aunque se pueda ser completamente esclarecido y desengañado sobre el terrible estado de todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que toda cosa que le sucede es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)

Usted ha sido un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de su muerte– dije en una entrevista: “En la actualidad no hay otro escritor que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el escritor vivo más importante… Muy pocos de hoy no han aprendido de él o lo han imitado”. Eso sigue siendo cierto. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando.

Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al tiempo que proclamaba una y otra vez nuestra deuda con el pasado, sobre todo con la literatura. Afirmó que le debemos a la literatura casi todo lo que somos y lo que hemos sido. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos ofrecen el modelo de la propia trascendencia. Algunos creen que la lectura es sólo una manera de evadirse: una evasión del mundo diario “real” a uno imaginario, al mundo de los libros. Los libros son mucho más. Son una manera de ser del todo humano.

Lamento tener que decirle que los libros en la actualidad son considerados una especie en extinción. Por libros también quiero decir las condiciones de la lectura que posibilitan la literatura y sus efectos en el espíritu. Pronto, nos dicen, tendremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a nuestra disposición, y se podrá cambiar su apariencia, formularle preguntas, “interactuar” con él. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuamos” siguiendo criterios utilitarios, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisada regida por la publicidad. Éste es el glorioso futuro que se está creando, y que nos prometen, como algo más “democrático”. Por supuesto, ello implica nada menos que la muerte de la introspección… y del libro. Esta vez no habrá necesidad de una gran conflagración.

Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?

Todo lo que quiero decir es que lo echamos de menos. Yo lo echo de menos. Su influencia decisiva continúa. La época en que ahora estamos entrando, este siglo 21, pondrá a prueba al espíritu de maneras nuevas. Pero, se lo aseguro, algunos no vamos a abandonar la Gran Biblioteca.

Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe.

Susan Sontag
13 de junio de 1996, Nueva York
Cuestión de énfasis


sábado, 17 de julio de 2021

A las amistades y las higueras Compañías que nos movilizan y conmueven






Te damos la bienvenida a nuestra habitación conectada y enmascarada de consonni un viernes más. En algunos sitios el calor del verano se resiste a llegar y en otros se buscan las sombras más frescas, las de las higueras, según MM. Es importante elegir bien a quién nos arrimamos, qué alianzas y compañías generamos con otrxs. Y no pensamos solo en personas: para Hannah Arendt las compañías son las que hacen de la vida algo valioso y vivible, y estas no tienen una forma concreta. Pueden ser libros, animales o plantas, la música que escuchamos o quienes nos sirven de referentes; compañías de vida que una elige, a veces con más o menos tino, y que pueden quedarse por siempre o a temporadas, como las amistades humanas. Esta idea de amistad, más que algo íntimo, describe una apertura al mundo, a dejarse afectar, sorprender, conmover o condolerse con otros.
 
Donna Haraway y Cristina Rivera Garza hablan de lo importante que son las historias a las que recurrimos para hablar de nosotras, las ideas que pensamos y nos movilizan, los libros que leemos y compartimos. Los discursos que elegimos o no combatir, y los que dejamos que nos transformen o infecten. Por eso es importante hablar, pero también escuchar y dar voz, defender la diversidad, publicar para hacer público, y no caer en idealizaciones del pasado, falsos dilemas y mentiras burdas. Elegir, en definitiva, bajo qué sombras nos cobijamos, a qué horizontes dirigimos la mirada y de qué compañías nos rodeamos
 
Svetlana Boym habla de la amistad como una experiencia radical, sin plan ni objetivos más allá de la experiencia y el placer mismos. En tiempos de índices de productividad y márgenes de beneficio, de inversiones y capitalización, de prevención del riesgo, las cuentas más claras son las que mantienen las amistades, y las amigas, de todo tipo, que elegimos y nos acompañan nos resultan tan refrescantes como la sombra de una higuera.

Sentimos que entremedias de todo este caótico y (cada vez más) soleado escenario seguimos compartiendo cultura crítica, fuerza, calma y silencio. Sobre todo, os enviamos un abrazo fuerte, sonoro.




martes, 29 de junio de 2021

Campos en la niebla. Cantos de lo irrecuperable David García Casado



El canto de un pájaro puede incluso, por un momento, convertir el mundo entero en un cielo dentro de nosotros, porque sentimos que el pájaro no distingue entre su corazón y el del mundo. 

Rainer Maria Rilke  (1)

Escribir ficción es como recordar aquello que nunca ha sucedido. 

Siri Hustvedt (2)

La memoria es en sí misma la expresión de lo perdido, de lo irrecuperable, pues si pudiéramos volver a traer todo lo que ella contiene dejaría de ser memoria y sería ya experiencia presente, como un mapa borgiano cuyo tamaño equivale al territorio que representa. A pesar de las bellas palabras de Siri Hustvedt sobre la escritura de ficción como una memoria no vivida, admitamos que gran parte de la producción simbólica surge de los esfuerzos de sus creadores por producir algo que se parezca a su memoria, si no ya literalmente al menos las intensidades emocionales que aún perduran, en un acto de recuperación singular donde se intenta dar forma a los elementos abstractos que conforman la memoria emocional y sensorial. 

El formato inmaterial de la música parece acertado para dar un cierto cuerpo al residuo emocional de la memoria. Como José Luis Brea escribió en su bello texto El espíritu de la música: “la música recrea el pasar del tiempo no dominable por tu pensamiento, para hacérselo asequible”(3). En verdad se podría decir que gran parte, si no toda la producción musical melódica (4) surge de la indagación en un territorio de recuperación del tiempo, de la memoria como residuo de la experiencia emocional; una zona intermedia, una membrana que separa sutilmente la experiencia objetiva (si es que se puede hablar de algo así) y nuestro recuerdo de ella; un tímpano se podría decir en el que resuena el canto de lo irrecuperable. Por poner un ejemplo, gran parte de las composiciones musicales de los compositores del Tin Pan Alley (5): Cole Porter, Johnny Mercer, Hoagy Carmichael...  parecen tomar toda su inspiración en el resonar de ese tímpano, en los acordes melancólicos que, como cantos de ave, nos recuerdan que aquello que fuimos no lo somos ya. Como en Skylark, de Carmichael y Mercer, la alondra en cuyo melódico canto buscamos la respuesta al amor perdido:

Skylark

Have you anything to say to me?

Won't you tell me where my love can be?

Is there a meadow in the mist

Where someone's waiting to be kissed? (6)

Nuestras memorias más preciadas, las que identificamos como atesorados reductos de felicidad son traídas de algún modo al presente gracias a la mediación del canto de la alondra, pájaro que, como escribe Rilke, “no distingue entre su corazón y el del mundo”. Un canto que parece suspendido en el espacio y en el tiempo y que resuena en nosotros para devolvernos una presencia enriquecida por la memoria, de la que no tanto se quiere recobrar su transcripción literal —el puro recuerdo (record)—  sino más bien los vapores que la mantienen viva. La ráfaga cantarina del pájaro llega como un “summer wind(7)”, un viento veraniego que nos devuelve imágenes y sensaciones que nos atraviesan con una agridulce punzada melancólica. 

Para Giorgio Agamben, “la melancolía no sería tanto la reacción regresiva hacia la pérdida del objeto de amor como la capacidad fantasmática de hacer aparecer como perdido un objeto inapropiable”. Y añade: “que no podía perderse porque nunca se había poseído (...) y que no podía poseerse porque, quizá, nunca había sido real.”(8) Hay ciertamente un impulso melancólico en cualquier obra basada en la experiencia del autor - ya sea biográfica o ficcional - y no puede darse relato de una experiencia que no se haya vivido de alguna manera (9), a riesgo de resultar falso o impostado. ¿Pero no  es lo perdido o mejor dicho nuestro impulso de recuperación, una tarea en sí misma falsa, alucinatoria? Para Freud “puede alcanzarse el punto en que el sujeto se aparta de la realidad y se aferra al objeto perdido gracias a una psicosis alucinatoria del deseo”. (10)

Clarice Lispector nos ilumina:  “La vida real es un sueño, pero con ojos abiertos (que todo lo ven distorsionado)” (11). ¿Hay una realidad última en la propia experiencia presente? Y aquí parece estar la clave: lo que imaginamos que sucedió durante los momentos más sublimes del recuerdo y en última instancia todo lo que es residuo de nuestra experiencia no es sino ilusión, sueño. (12) Más aún, la propia experiencia actual que consideramos real y presente carece de la solidez que le presumimos y es en sí misma un “campo en la niebla”: fantasmagoría. Como aclara Jameson a propósito del concepto de hauntología o espectralidad de Derrida: “La espectralidad no implica la convicción de que los fantasmas existen o de que el pasado (y tal vez incluso el futuro que parecen profetizar) todavía está muy vivo y en funcionamiento, dentro del presente: todo lo que dice, si se puede pensar que (la espectralidad) dice algo, es que el presente es a duras penas tan autosuficiente como dice ser; y que haríamos bien en no contar con su densidad y solidez.” (13)

Partamos entonces de la premisa por la que no hay realidad alguna que no sea ficción, sueño, pues si hubiera realidad alguna esta no podría ser de ningún modo narrada, no habría forma de referirse a ella, no habría palabras que lo hicieran, tampoco imágenes o forma alguna de expresarla, a riesgo de convertirla en niebla en el mismo momento en que la observemos como ente separado a nosotros. Leonard Cohen también habla de otro pájaro, el colibrí, en su poema póstumo Listen to the hummingbird: “Escucha al colibrí, cuyas alas no puedes ver, escucha al colibrí, no me escuches a mi”. Es decir, desviemos por un instante nuestra fijación en los pensamientos y en los cantos creados por el hombre para traer de vuelta cualquier experiencia pasada. Dejemos de buscarnos en el canto del pájaro que como el de sirena nos lleva hacia las aguas melancólicas de lo perdido y escuchemos el puro roce de lo real, su fricción sin lenguaje, que nos muestra que somos a la vez presencia y ausencia, la pura expresión de lo irrecuperable. Escuchemos el viento que resuena en las cavidades de nuestra casa, la lluvia que golpea el tejado, el sonido del trueno que nos llega más tarde que el relámpago porque proviene de algún otro lugar al que quizás no pertenecemos. 

El misterio Montaigne, Virginia Woolf por calledelorco






Es la vida lo que emerge cada vez con mayor claridad conforme los ensayos de Montaigne alcanzan no su final, sino su suspensión en plena carrera. Es la vida la que se vuelve cada vez más absorbente conforme la muerte se aproxima, el propio ser, la propia alma, el hecho mismo de la existencia: que uno lleva medias de seda en verano y en invierno; que se amera el vino con agua; que se corta el pelo después de cenar.; que solo puede beber en copa; que nunca ha usado gafas; que tiene una voz atronadora; que lleva un esqueje en la mano; que se muerde la lengua; que juguetea con los pies; que se prepara para rascarse las orejas; que le gusta la carne pasada; que se frota los dientes con una servilleta (¡gracias a Dios, están limpios!); que debe tener cortinas en torno a la cama; y que, algo que es bastante curioso, reconoce que al principio le gustaban los rábanos, luego pasaron a desagradarle y ahora vuelven a gustarle. No hay hecho que por nimio que sea, que uno deje escapar entre los dedos sin analizarlo antes; y, además, está el extraño poder que nos ofrece cambiar los hechos con la fuerza de la imaginación. Observemos cómo el alma siempre proyecta sus propias luces y sombras; convierte en vacío lo sustancial y en sustancial lo frágil; colma la amplia luz del día con sueños; se siente tan estimulada por los fantasmas como por la realidad; y, en el momento de la muerte, se distrae con una trivialidad. Observemos también su duplicidad, su complejidad. Se entera de la pérdida de un amigo y empatiza con él y, sin embargo, siente un placer agridulce y malicioso ante las penas de los demás. Tiene creencias; al mismo tiempo no cree en nada. Observemos su extraordinaria susceptibilidad a las impresiones, sobre todo en la juventud. Un hombre rico roba porque su padre escatimó el dinero del niño. Otro no construye ese muro para él, sino porque a su padre le encantaban esas cosas. El alma está toda ella dominada por nervios y simpatías que afectan a cada una de sus acciones, y no obstante incluso ahora, en 1580, nadie posee un conocimiento preciso —tan cobardes somos, tan amantes de los suaves modos convencionales— de cómo funciona o de qué es; únicamente se tiene la certeza de que es lo más misterioso y de que el propio ser es el mayor monstruo y el mejor milagro del mundo. "[...] plus je me hante et connois, plus ma difformité m'estonne, moins je m'entens en moy." Observemos, observemos eternamente y, mientras existan la pluma y el papel, "sans cesse et sans travail", Montaigne escribirá.

Sin embargo, queda una última pregunta que, si pudiéramos lograr que despegase la vista de su fascinante actividad para mirarnos, nos gustaría plantear a este gran maestro del arte de la vida. En estos extraordinarios tomos de afirmaciones cortas y fragmentarias, largas y eruditas, lógicas y contradictorias, hemos percibido el propio pulso y el ritmo del alma, que late día tras día, año tras año, a través de un velo que, conforme pasa el tiempo, se va reduciendo cas hasta la nada. Aquí tenemos a alguien que triunfó en la arriesgada empresa de vivir, que sirvió su país y vivió retirado; fue terrateniente, marido, padre; entretuvo a reyes, amó a mujeres y meditó durante horas a solas inclinado sobre libros antiguos. Mediante el perpetuo experimento y la observación de lo más sutil logró por fin un milagroso equilibrio de todas esas partes caprichosas que constituyen el alma humana. Apresó la belleza del mundo con todos los dedos. Alcanzó la felicidad. Si hubiera tenido que vivir de nuevo, dijo que habría llevado la misma vida otra vez. Pero, mientras observamos con un absorto interés el apasionante espectáculo de un alma que se despliega ante nuestros ojos, la pregunta se plantea casi de forma natural: ¿es el placer el fin de todo? ¿A qué se debe este abrumador interés en la naturaleza humana? ¿Por qué este deseo subyugador de comunicarse con los demás? ¿Basta con la belleza del mundo o hay, en otro sitio, alguna explicación al misterio? Pero no hay respuesta para esto, solo una pregunta más: "Que sçais-je?".


Traducción: Ana Mata Buil
Editorial: Lumen


martes, 22 de junio de 2021

Los muertos indóciles, Cristina Rivera Garza

22.06.2021

#novedad #Paper

Los muertos indóciles. Necroescritura y desapropiación
de Cristina Rivera Garza

Os presentamos un nuevo libro de la colección Paper de cultura crítica: un ensayo imprescindible para reflexionar sobre la escritura: Los muertos indóciles de la autora mexicana Cristina Rivera Garza.
 

«Un título que brilla con luz propia entre los escasos estudios internacionales de las escrituras del siglo XXI». –Jorge Carrión
 

PVP 19,90€

SINOPSIS

Este excelente libro analiza el estado de las escrituras contemporáneas en la era digital trazando una geografía —siempre móvil y cambiante— de sus posibilidades estéticas y políticas. Sostiene Cristina Rivera Garza que la práctica de la escritura nos confirma que, en la página como en la vida, no hay solistas pero sí acompañamiento. A la producción textual que, alerta, emerge entre máquinas de guerra y máquinas digitales, en un mundo en mortandad estrepitosa, se le denomina aquí necroescrituras; mientras, a la poética que las sostiene en busca de una desposesión, retando el dominio de lo propio, se las nombra escrituras de la desapropiación, siempre en plural. Menos que un diagnóstico, estos términos son fruto de la lectura crítica de lo que se produce actualmente, y pretenden animar una conversación donde la escritura y la política son relevantes por igual. Una invitación a poner en cuestión el estado de las cosas y el estado de nuestros lenguajes.
Se examinan aquí muchas prácticas y ejemplos de libros donde se da un traslado de la frontera entre plagio y creación, la reapropiación y reescritura de textos ya existentes, hasta un amplio abanico de posibilidades desatado por el estallido de las tecnologías comunicativas. La escritura deja de ser un ejercicio de introspección autoral romántico para convertirse en una experiencia de la comunalidad contemporánea, un espacio para reconocernos y relacionarnos.
Esta edición incluye un prólogo de Jorge Carrión.