lunes, 31 de enero de 2022

La rebelión del pudor, Milan Kundera por calledelorco





PHILIP ROTH: Pero el novelista revela vida íntima constantemente, y sin pedir permiso a nadie. La vida íntima es su negocio. ¿Acaso no eres tú una especie de fotógrafo de intimidades? ¿Tu queja contra el periodismo moderno no es la misma que te dirigían los censores checos? ¿No les parecía que revelabas secretos demasiado íntimos, demasiado drásticos como para ser publicados?

MILAN KUNDERA: Tienes razón. Toda la historia de la novela europea es una revelación gradual de secretos: cómo se comporta el ser humano y por qué, qué cosas piensa y siente en privado... Ese es el motivo por el que las grandes novelas siempre han resultado chocantes. Desvelan aquello que la gente no deseaba saber ni escuchar de sus propias vidas, Joyce nos sorprende en el Ulises tan sólo porque retrata una vida bastante vulgar, de la que detalla todo lo que el cerebro, las manos o el vientre de un hombre corriente suelen hacer, todo lo que ven sus ojos y escuchan sus oídos. Todo lo que leemos en Joyce es evidente, innegable, banal y, a pesar de todo, algo hay que nos lo hace insufrible, provocador, porque todos nosotros vivimos la vida sin percibir este nuevo ángulo, estas cosas que olvidamos hasta cuando están sucediendo y de las que, si nos vemos obligados a hablar, nos censuramos automáticamente. Ningún censor del Kremlin es tan severo como el censor que se oculta en el interior de cada uno de nosotros. Sí, tienes razón: la novela no obedece a ningún censor en su revelación de secretos, y puede llegar a ser tan cruel como la cámara enfocada sobre un hombre que agoniza. Pero hay una gran diferencia entre un novelista y un fotógrafo: Ana Karenina, Emma Bovary, Leopold Bloom, son personas inventadas. El estudio de vida íntima que realiza un escritor no es tan sólo una labor de observación sino que, primordialmente, es una tarea de la imaginación. Por eso ninguna madame Bovary real puede compararse con la de Flaubert. Y todavía hay una segunda diferencia de orden moral. Imagínate que Flaubert hubiese escrito su novela describiendo la vida de una vecina de Rouen, una existente madame Bovary. En este caso, el autor sería un monstruo de indiscreción, un espía, un cotilla, un hombre al que se le retiraría el saludo. El autor siempre inicia la narración a partir de su propia vida, pero crea algo que no se le parece en absoluto.

Milan Kundera
Conversación con Philip Roth
El periodista de Buenos Aires, nº 39, 31 de mayo de 1985

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El pudor es una de las nociones clave de los Tiempos Modernos, época individualista que, hoy, imperceptiblemente, se aleja de nosotros; pudor: reacción epidérmica para defender tu vida privada para exigir una cortina en tu ventana para insistir en que una carta dirigida a A no la lea B. Una de las condiciones elementales del paso a la edad adulta, uno de los primeros conflictos con los padres, es la reivindicación de un cajón para las propias cartas y cuadernos de notas, la reivindicación de un cajón con llave; se entra en la edad adulta mediante al rebelión del pudor.

Una vieja utopía revolucionaria, fascista o comunista: la vida sin secretos, donde vida pública y vida privada no sean más que una. El sueño surrealista de Breton: la casa de cristal, casa sin cortinas en la que el hombre vive a la vista de todos. ¡Ah, la belleza de la transparencia! La única realización lograda de este sueño: una sociedad totalmente controlada por la policía.

Milan Kundera
Los testamentos traicionados
Traducción: Beatriz de Moura
Editorial: Tusquets

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El arte tiene los movimientos del pudor. No puede decir las cosas directamente.

Albert Camus
Cuadernos
Traducción: Mariano Lencera
Editorial: Losada




viernes, 28 de enero de 2022

La grandiosa rebelión contra Balzac, Pietro Citati por calledelorco





El movimiento está contrastado, a veces ahogado, por una fuerza opuesta. Había en Balzac, además del deseo infinito, la pasión del movimiento y una especie de ligereza femenina, un potente instinto de concentración en donde él situaba la fuente principal de su genio: algo más profundo que la voluntad misma. Este instinto de concentración tiende a condensar cada página y cada párrafo de La comedia humana. Todo en ella está repleto, abarrotado, saturado: pero, volumen, masa compacta, encierro; abolición de cualquier espacio libre, de cualquier respiro, de toda corriente de aire y ligereza. Balzac proclama: "El vacío no existe"; "Nuestro globo está lleno y todo está relacionado"; "La naturaleza es una y compacta"; "Todo se encadena y comunica". Mientras narra, a pesar de sus afirmaciones contrarias, nos recuerda constantemente que somos prisioneros del Espacio y del Tiempo; no hay ninguna verdadera redención metafísica, ningún batido de alas. El mundo es una cárcel, La comedia humana una prisión: la prisión literal donde ha vivido Vautrin, o una prisión metafórica como el siniestro mundo de obsesiones que es la pensión Vauquer.

Ni siquiera Dostoievski llevó tan lejos este sentimiento de concentración y condensación. No hay una omisión: Balzac se siente obligado a no olvidar nada, ni la descripción de un interior, ni la de un exterior, ni la de un vestido, ni el rostro de un personaje, ni un análisis psicológico o sociológico. No le gustan los escorzos. Los diálogos, que son la vía por la que la ligereza y la movilidad penetran en la novela, casi no existen, porque se transforman en fragmentos de estupenda oratoria dramática. El comentario no deja nunca libre la realidad: Balzac quiere dominarla con la inteligencia, deglutirla con la mente, como un Bossuet o un La Bruyère convertidos en periodistas a la moda. Por último, no es feliz si no ha documentado todas las condiciones y situaciones sociales, si no ha dado a conocer, para hacer aún más densa la narración, los hoteles de París, los nombres de los sastres, las tipografías antiguas y modernas, los libreros editores, los periódicos y periodistas, el código del comercio, las letras de cambio, los procedimientos, las patentes, los cuerpos policiales, el derecho criminal, el teatro, las cortesanas... Esta densidad compacta suscita en nosotros admiración, aunque en algunas ocasiones nos ahoguemos y nos rebelemos contra un cosmos demasiado pesado. Imploramos ligereza, como Henry James, su antagonista, en un magnífico ensayo. De Tolstói a Flaubert, James, Kafka, la novela moderna —que ama la omisión, la sugerencia y la levedad del tejido— no es más que una consciente y grandiosa rebelión contra Balzac.

Pietro Citati
El mal absoluto
Traducción: Pilar González Rodríguez
Editorial: Galaxia Gutenber

domingo, 23 de enero de 2022

Discurso sobre el mecanismo del pensamiento Giorgio De Chirico


Publicado el 2022-01-23

Aunque siempre estemos pensando, aunque nuestro cerebro nunca deje de pensar, sabemos perfectamente lo que es el pensamiento y cómo se expresa.

Inconscientemente suponemos que pensamos con palabras. A las personas que hablan habitualmente varios idiomas se les pregunta a menudo en qué idioma piensan.

No pensamos en ningún idioma por el simple motivo de que no pensamos con palabras, y la palabra, como el gesto, a pesar de estar ligada al pensamiento, no constituye su esencia.

Utilizamos más la palabra que el gesto porque nos resulta más cómodo y porque la palabra tiene una mayor gradación de matices y es, al mismo tiempo, mis rica y precisa. Si, como se cree, pensáramos con palabras, los sordomudos y los animales no pensarían y de hecho piensan.

Todos los hechos y fenómenos existentes que ha observado el hombre se han grabado en su espíritu en forma de imágenes antes de encontrar una palabra para designarlos. El hombre que vivía al principio de la era humana seguramente tenía que hacer gestos para expresarse y comunicar su pensamiento. Más tarde, cuando se empezó a utilizar la palabra, el vocabulario de los hombres se enriqueció lentamente, pero la palabra siempre ha sido posterior a la creación de un objeto o al descubrimiento de una idea.

Han tenido que pasar miles de años para que el cerebro humano pueda contener los millones de imágenes que contiene actualmente el cerebro de un hombre de cultura media.

Nos servimos de la palabra para comunicar a los demás nuestros pensamientos, en voz alta cuando hablamos directamente y mentalmente cuando hablamos indirectamente, es decir cuando preparamos una conversación en nuestra mente, un discurso, una conferencia, o cuando estamos escribiendo. También utilizamos mentalmente las palabras, a veces pronunciándolas, cuando tenemos que hacer un esfuerzo mental. En este caso las palabras actúan de freno moderando el curso de nuestros pensamientos y ayudándonos de esta manera a retener, a profundizar y, por último, a realizar mejor lo que nos ocupa.

Es como que la palabra actúa de freno puesto que es infinitamente más lenta que la imagen y retrasa la sucesión de imágenes, dando a nuestros pensamientos la posibilidad de analizarlas y de realizarlas.

Debemos precisar que todo esto ocurre cuando tenemos que hacer un esfuerzo intelectual y pensar intensamente, en cambio, por lo que respecta a nuestros pensamientos cotidianos y normales, nuestro cerebro registra con facilidad la sucesión de imágenes.

Veamos ahora cómo funciona la técnica de nuestro pensamiento. Ante todo empecemos analizando los elementos que provocan nuestro pensamiento y el aspecto que toma en última instancia en nuestro cerebro. Supongamos que el pensamiento es la reacción a las impresiones que reciben nuestros sentidos. Nuestros ojos, nuestro oído, nuestros dedos, nuestra nariz y nuestra lengua son los receptores de las impresiones que transmiten después a nuestro cerebro donde llegan a formar un pensamiento. Este pensamiento se expresa en imágenes precisas e imprecisas. Las imágenes que pasan por nuestra mente toman forma de imágenes visuales, táctiles, auditivas, olfativas y gustativas.

La forma corriente del pensamiento humano es la imagen visual. Naturalmente nos referimos a la forma del pensamiento de seres humanos completamente sanos físicamente.

En cambio los ciegos de nacimiento tienen que utilizar imágenes táctiles y auditivas que para ellos adquieren una forma más concreta ya que los sentidos del tacto y del oído están mucho más desarrollados en los ciegos de nacimiento que en el resto de las personas.

Los ciegos han recibido todas las impresiones del mundo exterior y todo su conocimiento gracias a sus dedos y a su oído.

Suponemos que también para los animales la técnica del pensamiento es la misma que para los hombres, lo cual significa que también los animales piensan con imágenes, aunque para ellos la forma de imágenes cambia según sus particularidades físicas.

Los perros, por ejemplo, deben pensar mucho por medio de imágenes olfativas ya que estos animales tienen el sentido del olfato tan desarrollado que casi raya en la clarividencia. El hecho de que un perro advierta el regreso de su amo cuando éste todavía se encuentra demasiado lejos para que el animal pueda verlo y oírlo, nos resulta misterioso e impresionante.

Hemos dicho, pues que las impresiones que reciben nuestros sentidos provocan la aparición de imágenes en nuestro cerebro y que estas imágenes se dividen en imágenes visuales, táctiles, auditivas y olfativas, pero son las imágenes visuales las que predominan e incluso sustituyen a las demás en nuestro cerebro.

Señalemos ahora que los primeros caracteres que conoció la ciencia eran egipcios; consistían en dibujos de los objetos que el individuo quería expresar con la escritura; lo cual quiere decir que no era la palabra sino la imagen que existía en la mente del hombre lo que se trazaba en el papiro o en otra superficie.

¿Cómo nacieron esas imágenes visuales?

Para las imágenes que representan objetos físicos la explicación es más sencilla. Nuestra mente registra el aspecto físico de un objeto y su imagen empieza a existir en nuestro cerebro. Esta imagen es precisa cuando se trata de un objeto perfectamente concreto y definido, e imprecisa cuando el objeto es más bien un concepto, es decir cuando el objeto no está completamente particularizado y definido. Pongamos un ejemplo: hace mal tiempo, llueve; para salir tenemos que ponernos el impermeable.

La imagen precisa que tenemos del impermeable pasa por nuestro cerebro. En cambio, si no poseemos un impermeable y tenemos que comprarnos uno, por nuestra mente pasa la imagen o el aspecto impreciso de los impermeables ya que desconocemos el aspecto de nuestro futuro impermeable, y la imagen que pasa por nuestra mente corresponde a la idea de los impermeables que tenemos en general y que se parece de manera imprecisa a algún impermeable que nuestra mente registró en alguna ocasión.

Ahora intentemos analizar las imágenes que existen en nuestro espíritu y que representan conceptos, sentimientos o ideas metafísicas.

La visualización cerebral está mucho más desarrollada que la visualización de nuestros ojos. La fantasía nos ayuda a crear estas imágenes o visiones que a veces son extrañas y poco se parecen a la realidad. Son imágenes que se parecen más bien a las de un sueño y su claridad y su precisión varían como en los sueños.

Analicemos ante todo las visiones que crean los sentimientos. Los sentimientos de tristeza o de felicidad son los sentimientos más fuertes que tenemos y los que nos aportan las visiones más impresionantes.

La ausencia del objeto deseado nos provoca tristeza. Este sentimiento se expresa en nuestra mente con la visión de esa ausencia. Cuanto más fuerte e intensa es la imagen de la ausencia tanto mayor es nuestra tristeza que puede llegar incluso a la desesperación. Los colores gris y negro, que caracterizan la imagen de la tristeza, explica probablemente la necesidad que tienen los hombres de utilizar los colores como expresión de dolor. Los velos que cubren a las mujeres y los objetos en los días de luto tienen su origen sin duda en la visión de la tristeza aplicada a la realidad. El velo existe en la imagen de la tristeza, el velo, mejor dicho, nos separa del mundo exterior y se convierte, en casos de gran desesperación, en un telón negro que cae ante nosotros.

La felicidad, en cambio, es la posesión de lo que deseamos. La visión que produce la felicidad representa la presencia del objeto deseado.

Esta imagen es muy luminosa y no sólo proyecta su luminosidad sobre las imágenes que la siguen sino también sobre la realidad. De esta manera todo lo que ilumina nuestra felicidad nos parece bello y todo se vuelve agradable o, al menos, soportable.

En cambio la tristeza, al estar en las antípodas de la felicidad, hace que todo se vuelva insípido, aburrido y, sobre todo, indiferente. Los dos sentimientos, la felicidad y la tristeza, por ser muy fuertes nos dominan por completo con sus visiones cuando somos felices o desgraciados.

Ahora veamos cómo se ha formado en nuestro espíritu las imágenes que producen los conceptos o las ideas metafísicas. Estas imágenes, no son producto exclusivo de nuestra fantasía pero, al mismo tiempo, no pueden corresponder a la realidad. En efecto no existe una imagen física de las cosas abstractas. Probablemente están relacionadas con las impresiones que hemos recibido cuando conocíamos un concepto o una idea hasta entonces desconocidos. Por ejemplo. la visión de la idea de infinito puede estar vagamente relacionada con una ilustración de la Biblia o de un libro escolar.

Cuando el niño encuentra un concepto nuevo para él, intenta traducirlo en imagen visual. La ilustración del libro donde ha leído por primera vez la palabra que hace referencia a la idea de infinito, y el aspecto del cielo que tenía ante sus ojos en ese momento han dado origen a la imagen de la idea o el concepto que antes aun no existía en su mente.

La imagen, o la representación en nuestra mente de los objetos o de las cosas, es indudablemente la base y la forma principal del pensamiento. Pero, como sucede en todas partes, lo principal siempre está acompañado de fenómenos secundarios, por lo tanto también en nuestro pensamiento la imagen está acompañada de palabras, de movimientos del cuerpo, de gestos. Además existen impresiones que, si bien están ligadas indirectamente al pensamiento, muy a menudo no sólo dominan sino que incluso dirigen el pensamiento.

Sabemos lo que son las palabras, de manera que cuando se combinan en nuestro pensamiento su origen sigue siendo la imagen las ha estimulado.

Ahora intentaré definir lo que son las impresiones. Las impresiones que perciben nuestros sentidos sólo son transmitidas a nuestro cerebro cuando nuestros sentidos y nuestro cuerpo están completamente familiarizados con la impresión recibida. Añadiré que las impresiones de gran importancia para nosotros, cuando se transforman en sentimientos por su larga duración (sentimientos desde el punto de vista sensitivo naturalmente), son imágenes verdaderas, pensamientos verdaderos que siente nuestro cuerpo. A menudo estas imágenes, o pensamientos, que vemos con nuestro cuerpo y que naturalmente no forman parte del campo de las representaciones cerebrales, son más fuertes que dichas representaciones y las dominan.

Los momentos en los que sentimos o pensamos a través de nuestro cuerpo son probablemente los únicos momentos en los que nuestro cerebro deja de pensar puesto que está completamente ocupado “escuchando” los pensamientos de nuestro cuerpo.

sábado, 22 de enero de 2022

HAZ TUS MALETAS SIN SABER DONDE TE MUDAS por PAUL B. PRECIADO





No produzcas nada. Cambia de sexo. Conviértete en el maestro de tu profesor. Sé el alumno de tu estudiante. Sé el amante de tu jefe. Sé el animal de tu perro. Todo aquello que camina a dos patas es un enemigo. Cuida de tu enfermera. Entra en una prisión y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.


Conviértete en el asistente de tu secretaria. Limpia la casa de la señora de la limpieza. Prepara un cocktail para el barman. Cierra la clínica. Llora y ríe. Abjura de la religión que te fue impuesta. Baila sobre las tumbas de tu cementerio secreto. Cambia de nombre. Cambia de ancestros. No busques gustar. No compres nada que hayas visto transformado en ícono en una pantalla ni cualquier otro soporte visual. Entierra la escultura de Apolo. No busques gustar. Haz tus maletas sin saber donde te mudas. Abandona a tus hijos. Deja de trabajar. Entra en un campo de refugiados y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.


Prostituye a tu padre. Pasa una frontera. Exhuma el cuerpo de Diógenes. Cierra tu cuenta de Facebook. No sonrías en el momento de la foto. Cierra tu cuenta de Google. Entra en un museo y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.


Abandona a tu marido por una mujer diez años menor que tú. Todo aquello que camina a cuatro patas y todo aquello que tiene alas es un amigo. Solicita la clausura de tu cuenta bancaria. Rápate la cabeza. No busques el éxito. Abandona a tu marido por un perro. Redacta una respuesta automática para tu email: “Durante el 2017 y hasta nuevo aviso, contácteme por escrito a la dirección postal 0700465.”. Regala toda tu ropa y comienza un curso de corte y confección. Destruye la carpeta Dropbox de tu ordenador. Prepara una maleta vacía y vete. Pasa una frontera. No hagas ninguna obra nueva. Abandona a tu mujer por un caballo. Abre tu maleta en cualquier calle y acepta aquello que los demás te den. Aprende el griego. Entra en un matadero y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.


Cuelga una flor en tu barba. Regala tus zapatos más bonitos. Cambia de sexo. Ningún animal usaría ninguna ropa que no haya confeccionado él mismo. Acuéstate en el suelo de tu oficina y mueve tus pies como si bailaras en el techo. Sal y no vuelvas. Abandona a tu mujer por un árbol. No analices ninguna coyuntura. Exprésate exclusivamente en idiomas que no conoces con personas que no conoces. Pasa una frontera. Deja de votar. No pagues tu deuda. Quema tu carta electoral. Ningún animal mata otro animal. Destruye tu tarjeta de crédito. Valora aquello que los demás consideran inútil. Admira aquello que los demás consideran patético. Busca ser invisible. Intenta no ser representado. Ningún animal dormiría en una cama construida industrialmente. Cambia el objeto de tu libido. Descentraliza el placer genital. Siente placer por todo aquello que trasciende los límites de tu cuerpo. Deja que Gaia te penetre. Adjura de la farmacología. Cambia los ansiolíticos por el pasado. Trenza. Teje. No construyas una casa. No acumules. No comas otros animales. No fomentes el desarrollo humano. No segmentes. No aumentes los beneficios. No mejores. No inviertas. Entra en un hospital psiquiátrico y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.


No coordines las acciones. Revisa la basura. No pagues el seguro. No escribas la historia. No organices tu jornada de trabajo. Reduce tu nivel de rendimiento, consciente e inconscientemente. Ningún animal beberá vodka Absolut. No descargues videos de Youtube. Si aun no lo has hecho, no te reproduzcas. No te modernices. No utilices la comunicación de manera estratégica. No preveas el futuro. Intenta hacer lo menos posible durante la mayor cantidad de tiempo. No busques mejorar tu productividad. Entra en un asilo de ancianos y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.


No rindas cuenta alguna. Admira el saber que los otros no llaman conocimiento. No digitalices nada. No dejes pista. Envía una carta a tus rivales: “Renuncio. Feliz año.”. No aumentes la infraestructura logística. Escoge la vida en vez de escoger la prolongación científica de la esperanza de vida. Todos los animales son iguales.



Paul B. Preciado. Filósofo, comisario de Documenta 14 (Kassel y Atenas).
Traducción de Mariangela Pluchino.

jueves, 20 de enero de 2022

El don de Keats, Fleur Jaeggy por calledelorco






En sociedad su conversación era brillante, hacía juegos de palabras y sus ataques de risa eran ruidosos y prolongados. Lo encontraban irresistiblemente cómico cuando imitaba los gestos de alguien. Si la conversación no le interesaba, se retiraba hacia un rincón de la ventana, meditaba y miraba fijamente al vacío, los amigos le cedían dicho rincón como si le perteneciera por derecho.
Si un rostro, como dice Herder, no es más que un Spiegelkammer (espejo) del alma, tendríamos que estar un poco amedrentados por la variedad de las expresiones de Keats. Sin embargo, se plantea la duda. Cuando Keats escribe: "He pensado tanto sobre la Poesía", nosotros no vemos en los espejos ningún retrato de Keats; los espejos permanecen vacíos, sin habitar. Vemos la idea sin fisionomía, aunque pueda tenerla de cualquier cosa, pero teológicamente es más bella si está vacía. Keats no logra examinarse a sí mismo. El don de Keats reside en no saber reunirse a sí mismo. La identidad de una persona que está con él en la habitación empieza a presionar sobre él y es anulado en un instante. Cuando Keats habla, no está seguro de ser él quien habla. Cuando soñó que flotaba en un torbellino del Infierno de Dante, canto V, fue una de las más grandes alegrías de su vida.

Fleur Jaeggy
Vidas conjeturales
Traducción: María Ángeles Cabré
Editorial: Alpha Decay





martes, 18 de enero de 2022

Lo que más admiro de un escritor, José Lezama Lima por calledelorco








¿Lo que más admiro de un escritor? Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezcan que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que destruya el lenguaje y que cree el lenguaje. Que durante el día no tenga pasado y que por la noche sea milenario. Que le guste la granada, que nunca ha probado y que le guste la guayaba que prueba todos los días. Que se acerque a las cosas por apetito y que se aleje por repugnancia.

José Lezama Lima
Esferaimagen, julio de 1969
Editorial: Tusquets