viernes, 30 de septiembre de 2016

AUTORRETRATO John Berger



Hace unos ochenta años que escribo. Primero cartas, después poemas y discursos, más tarde cuentos, artículos, libros; ahora apuntes sueltos.
Escribir siempre ha sido un acto vital para mí; me ayuda a encontrarle un sentido a las cosas y seguir adelante. No deja de ser, sin embargo, una manifestación de algo más profundo, algo esencial: la relación que mantenemos con el idioma. Y el idioma es el tema de estos apuntes.
Empecemos por examinar la tarea de traducir de un idioma a otro. La mayoría de las traducciones que se hacen hoy en día son técnicas. Yo me refiero a las literarias; es decir, la traducción de textos que exigen una experiencia personal.
La creencia más extendida sugiere que el traductor, o los traductores, analizan las palabras escritas en una página para luego representarlas en otro idioma, en otra. Esto implica, primero, una supuesta traducción literal, al pie de la letra; después, una adecuación a las reglas y a la tradición lingüística del idioma al que se está traduciendo y, finalmente, un trabajo de revisión a fin de reproducir el equivalente a la “voz” del original. Muchas, si no la mayoría de las traducciones, se hacen bajo este método y sus resultados son dignos pero en el fondo mediocres.
¿Por qué? Porque una auténtica traducción no es binaria; no es un romance entre dos idiomas, sino entre tres. El tercer lado del triángulo está en lo que subyace a las palabras del original antes de que éste fuera escrito. La verdadera traducción exige un retorno a lo preverbal.
Uno lee y relee las palabras de un original con el fin de internarse en él a través de ellas y así comprender la experiencia o conmoverse ante la revelación que las ha inspirado. Una vez reunido lo que hay allí —en esa experiencia, en esa revelación— ya puede coger esa palpitante y casi indecible “entidad” y colocarla en la trastienda del idioma a la que va a ser traducida. En ese momento, la tarea principal del traductor es persuadir al idioma anfitrión de que asuma dicha “entidad” como propia y se ponga a su disposición para que pueda ser expresada.
Este ejercicio nos recuerda que un idioma no puede reducirse a un diccionario o catálogo de palabras y frases. Tampoco a un almacén de las obras escritas en ese idioma.
Una lengua es un cuerpo, una criatura con vida propia cuya fisonomía es verbal y sus funciones orgánicas son lingüísticas. Y su hogar está formado tanto por lo que se puede como por lo que no se puede expresar.
Hablemos ahora del término Lengua Materna. En ruso se dice Rodnoi Yazik, que significa “la lengua más cercana o la más entrañable”. Si me apuran, podríamos llamarla Lengua Amada.
La Lengua Materna es nuestro primer idioma, el primero que oímos de boca de nuestra madre cuando somos bebés. De ahí el sentido del término.
Digo esto porque no tengo duda de que esa criatura que es la lengua madre y que estoy tratando de describir es femenina. Me imagino su centro como un útero fonético.
Dentro de una Lengua Materna están todas las Lenguas Maternas. Dicho de otro modo, toda Lengua Materna es universal.
Chomsky ha demostrado con brillantez que todos los idiomas —no sólo los verbales— comparten determinadas estructuras y normas. Por lo tanto, toda Lengua Materna está emparentada (¿rima?) con lenguajes no verbales como el de nuestro propio comportamiento, el de los signos o el del ordenamiento espacial.
Cuando dibujo, intento desentrañar y transcribir un texto compuesto de apariencias que ya tiene su indescriptible pero innegable lugar —lo sé bien— en mi Lengua Materna.
Las palabras, expresiones o frases pueden separarse de su lengua y ser empleadas como simples etiquetas. En ese caso se vuelven inertes, vacías. El uso repetido de siglas y acrónimos es un ejemplo directo de ello. De igual manera, la mayor parte del discurso político dominante hoy en día está formado por palabras que, escindidas de cualquier lengua, carecen de vida, están muertas. Esa palabrería fantasmal borra del mapa la memoria y alimenta una implacable autocomplacencia.
A lo largo de estos años lo que me ha impulsado a escribir es la intuición de que hay cosas que merecen contarse y que si yo no lo intento cabe el riesgo de que nadie lo haga. Me veo más como un hombre-parche
que como un notable escritor profesional.
Tras escribir unas cuantas líneas dejo que las palabras vuelvan discreta y serenamente a esa criatura que es su lengua madre. Una vez allí, que sean reconocidas y admitidas por otra multitud de palabras con las que tienen una relación de afinidad semántica, o lo contrario, de discrepancia, o una relación metafórica, o de aliteración, o de ritmo. Escucho su conspiración. Cómo entre todas cuestionan el sentido de las palabras que he elegido. Así que rectifico esas líneas, cambio una palabra, a veces dos, y las presento de nuevo. Comienza otra conspiración.
Prosigo de la misma manera hasta que al fin aparece un suave murmullo de aceptación provisional. Entonces paso al siguiente párrafo.
Y comienza otra conspiración…
Los demás pueden pensar lo que quieran de mí como escritor. Yo sé que soy el hijo de puta. Y ya saben quién es la puta, ¿verdad?

lunes, 26 de septiembre de 2016

¿Dónde tienes escondido el pudor? REBECA YANKE



Giacomo Casanova estaba pasando la noche en la Suiza del siglo XVIII. Siguiendo las costumbres del lugar, acudió a unos baños donde le atendió una mujer que eligió entre un grupo de empleadas. Ella lo desnudó, luego se desnudó a sí misma y ambos entraron en el agua sin dirigirse la palabra. La joven limpió a Casanova a conciencia y él sintió que ella esperaba sus avances. "He visto suficiente para reconocer que ella tenía todo lo que un hombre puede desear (...), mi chica suiza sólo tenía 18 años, pero yo permanecí absolutamente frío", escribe este italiano, modelo histórico de seducción. Casanova no sentía nada porque en ese baño no había ni pizca de pudor.
La anécdota y las palabras de Casanova las recoge el sexólogo británico Havelock Ellis, fallecido en 1936, en su ensayo La evolución del pudor, donde también habla Stendhal: "Una mujer tímida y tierna preferiría morir cien veces antes de permitirse un gesto del que ruborizarse delante de un hombre". Hablar del pudor es hablar del origen del mundo. Sin embargo, la sociedad actual destaca más por su transparencia que por su recato.
Dice al respecto el escritor Miguel Dalmau, que en 2012 publicó el ensayo El ocaso del pudor, que "sabemos que el pudor es un reflejo instintivo, a menudo con textura de sentimiento, que nos impulsa a preservar nuestra intimidad y que, hasta hace relativamente poco, era visto como un símbolo externo de la salud moral del individuo o, al menos, de su respeto por las convenciones". En la era de los selfies, los realities, las redes sociales y la pornografía de fácil acceso, ¿dónde encontrar el pudor?
En conversación telefónica con EL MUNDO, Dalmau defiende que éste se encuentra únicamente "en los conventos y en los retretes, al menos en esta parte del mundo". Es su libro un abordaje histórico y documental de los hombres y mujeres -más ellas que ellos- que, con su producción artística o su actividad personalísima, rompieron los moldes de los tabúes; o los hicieron saltar por los aires. Hombres como Lord ByronÉduard Manet y Gustave Courbert, mujeres como George SandColette Simone de Beauvoir, pero también Brigitte Bardot y las hermanas Brönte. "Hay que redefinir el pudor", prosigue Dalmau, "aunque siga siendo un sinónimo de intimidad asociado al cuerpo, sobre todo al de la mujer".
Estudioso del cuerpo es el escritor italiano Fabrizio Andreella, para quien "el pudor es la piel de la conciencia". Andreella se pregunta a menudo "cuál ha sido el trayecto que nos ha llevado al culto de una sinceridad exhibicionista, que nos ha llevado a renunciar a la intimidad para compartir con todo el mundo nuestros conflictos y penas familiares en un estudio de televisión o nuestras banalidades en Facebook".
"El pudor ha cambiado. Fue conservadurismo y, ahora, ante el mainstream que sugiere que hay que ser impúdico, el pudor es revolucionario. De ser una forma de control social represiva, el pudor ha pasado a ser una forma de rebeldía a los códigos de la dictadura de la transparencia", argumenta. Y defiende su valor "erótico": "El pudor habla en silencio, es elegante e intelectual. Una relación puede ser más erótica si los amantes se hablan de usted".
En la polémica del verano, la del burkini, también jugaba su rol el pudor. Estaba presente el cuerpo, el derecho a cubrirlo y el derecho a enseñarlo. Ante la pregunta de si defender el burkini es defender el pudor, sostiene Andreella que "cuando tienes que defender el pudor ya lo has matado". En las antípodas del burkini, las mujeres que conforman Femen utilizan la desnudez como herramienta política, un gesto que a Dalmau le produce "desencanto". "Significa que no se ha avanzado nada. Si todavía la mujer ha de recurrir al desnudo es que no se ha avanzado en nada, ya no tendríamos que estar en ésas".
En la misma línea se expresa el escritor barcelonés Eloy Fernández Porta, profesor de Nuevas Formas y Nuevos Ámbitos Literarios en la Universidad Pompeu Fabra: "Las razones para ser pudoroso cambian con el tiempo. Lo que se mantiene es la producción colectiva del sentimiento de vergüenza. Quien crea su imagen en internet obedece a dos órdenes contradictorias, públicítate y avergüénzate de tu narcisismo. Esto se comprueba también en las autobiografías sexuales. Lo que busca el espectador de estas historias no es el detalle sexual sino el momento en el que el autor o la autora muestra signos de avergonzamiento, que son la marca de los procesos de socialización. La vergüenza no va a desaparecer porque es lo que nos hace sujetos".
Entonces, en esta época, en palabras de Dalmau, en la que prima "el narcisismo, la exhibición, el yo como eje, en la que el hombre se contempla, se ensimisma y se proyecta al exterior", ¿de qué nos avergonzamos? "El tabú hoy", responde Andreella, "es admitir el fracaso y la infelicidad que nos proporciona nuestra manera de vivir amarrados a una imagen de nosotros que, ésta sí, es impúdica".
Para este apasionado del pudor, "hoy la salida del gran dolor del anonimato, porque todavía muy pocos lo entienden como un lujo y un privilegio, empuja a mucha gente a buscar la celebridad con la aniquilación del pudor". Son los nuevos proletarios que ya no venden a la producción industrial su mano de obra a cambio de un salario sino que ofrecen su intimidad a la producción mediática a cambio de la popularidad".

"La religión del impudor"

En ese contexto, cabe preguntarse cómo evolucionará el pudor de quienes ahora son jóvenes. Sostiene el catedrático de Antropología de la Universidad de Lleida Carles Feixa, autor entre otros volúmenes del ensayo De la generación@ a la #generación: la juventud en la era digital, que "las mayores meteduras de pata en internet y en las redes sociales las cometen personas maduras".
"La diferencia es que antes un ataque de exhibicionismo podían verlo unas pocas personas y, ahora, enseguida se hace viral. El problema es que la vieja moralidad está en cuestión y la nueva aún no se ha asentado, la netiqueta está en construcción, pero creo que los jóvenes están mejor preparados para ajustarse a ella que los adultos, pues los primeros están educados en la red y los segundos no", analiza.
Para la primera "generación hiperdigital", es decir, la actual, opina Feixa que puede convertirse en una juventud capaz de "construir una relación con el propio cuerpo más equilibrada". "El mayor impudor no es el de los jóvenes sino el de los adultos que pretenden volver a la juventud exhibiendo su cuerpo sin vergüenza. El antiaging mueve hoy fortunas, es la religión del impudor, pero es un impudor conservador", analiza.
En lo que respecta a los comportamientos sexuales, el psicólogo especializado en adolescentes José Carrión destaca "la tendencia hacia la hipersexualización y una aparente conducta sexual sin cortapisas, aprendida sin filtros a través de la avalancha de material de fácil acceso y una cierta presión social para cumplir los cánones que están supuestamente de moda".
"Muchos pacientes reconocen en consulta que han probado determinadas prácticas sexuales sólo por presión del entorno e incluso en contra de sus propios planteamientos", culmina.

"Sin pudor, el sexo es menos divertido"

La canadiense Wendy Shalit, autora de Regreso al pudor, cree tener la solución: "En la actualidad, hay mujeres jóvenes que se suicidan tras ver lo que sucede con las fotos que comparten con hombres con el objetivo de demostrar que son mujeres liberadas. Eso es un empoderamiento falso, y por eso defiendo la educación en el pudor". Critica Shalit que "hoy se identifica la persona con el cuerpo de modo que si estás orgulloso de tu cuerpo [si lo muestras] entonces tu autoestima estará donde debe estar".
A esta escritora le preocupa que "todo signo de recato" por parte de "mujeres jóvenes e incluso de niñas", reciba ataques (¿Qué te pasa? ¿Eres virgen? ¿Es que te avergüenzas de tu cuerpo?). "También los chicos sufren la cultura del impudor. Recientemente, la revista Time expuso que quienes más luchan ahora contra la pornografía en internet no son personas guiadas por la religión sino los mismos jóvenes porque demasiada exposición a la pornografía en una edad temprana ha provocado que no se exciten con una mujer real, ¿no es tristísimo esto?"
Otra de las ideas que defiende Shalit, además de la importancia de educar en el pudor en la actualidad, es "sin pudor, el sexo es menos divertido. Poner límites forma parte de la salud sexual, tanto para hombres como para mujeres, y creo que afortunadamente la gente comienza a darse cuenta de esto, aunque es trágico que hayamos llegado al punto que hemos llegado", se lamenta.
A quienes consideran que el pudor no sirve para nada o que es incluso negativo, Shalit les pide que "no ataquen a quienes creen en él, porque lo que está pasando es que, sin alternativas diferentes, los jóvenes tienen menos opciones". "Dejad que haya una alternativa al impudor, dejad que los jóvenes elijan el pudor si así lo sienten; si les atacáis, entonces daos cuenta de que estáis restringiendo su libertad de elección, y si vosotros sois tan libres como decís, ¿por qué deberíais hacer eso?".

sábado, 24 de septiembre de 2016

CENTENARIOS: RUBÉN DARÍO_Luis Antonio de Villena




Félix Rubén García Sarmiento (1867-1916), nicaragüense, periodista, diplomático, sobre todo excepcional poeta, un genio del idioma español, de la métrica –que usó incluso en sus aspectos latinizantes-  y de la poesía honda o frívola, si es que no hay hondura, a veces, en la llamada frivolidad. “La princesa está triste”, sí, pero asimismo “Dichoso el árbol/ que es apenas sensitivo…” O la renovadora “Epístola a la señora de Lugones”. Hablo, obviamente, de Rubén Darío, de su esplendente genialidad. Cuando se conmemoró el centenario de su nacimiento -1967- todo fue gloria, académica también. Ahora (me digo) posiblemente Cervantes y Shakespeare han eclipsado el centenario del final dariano, y ello no sin injusticia, porque estamos hablando del padre de la poesía moderna en español y de un hombre –además- que en medio de los muchísimos viajes que hizo y de su fascinación parisina, como la época mandaba y el amor a Verlaine, fue un absoluto enamorado de España, tanto (y en eso se le correspondió) que cuando en el bachillerato franquista se estudiaba sólo literatura española , digo que no entraba ningún hispanoamericano, Darío era natural y caudal excepción. Era el “padre del modernismo”, y aunque eso se quiera desmontar diciendo que el colombiano Silva, los cubanos Casal o Martí y el mexicano Gutiérrez Nájera fueron ya modernistas y es seguro, todos ellos habían muerto ya en 1900, por lo que Darío pudo dejarlos en “precursores” notables, y ceñirse él la corona de gran patriarca, que le correspondía, sino por único, al menos por más expansivo en luz…
Por supuesto algunos gustan recordar las “sombras” darianas, que son  ciertas: el indio al que admiraron Valle-Inclán o Antonio Machado, era un ser lleno de miedos supersticiosos, un hombre profundamente erótico (como recogió bien el estudio de Pedro Salinas) y además un borracho empedernido, tremendo dipsómano, lo  que fue poco a poco minando su salud.  Darío tardó varios días en presentar sus cartas credenciales, porque no podía ir a Palacio ebrio…La fascinación de la absenta, “el hada verde” y la necesidad de paliar el dolor con el nepente que olvida. A Rubén se le acusó de afrancesado –y lo era en la justa medida- pero sin sus tres libros básicos, “Azul…” (1888), “Prosas profanas” (1896) y “Cantos de vida y esperanza” (1905) la poesía  moderna y nueva en español, estaría falta de referentes. Además Rubén Darío fue un prosista excepcional en sus libros de viajes y semblanzas, un cronista de
primera que no alcanzó a culminar la novela: “Los raros” (1905) o “Peregrinaciones” (1901) –recientemente reeditado- donde traza un cuadro magnífico del París cimero de la Exposición Universal de 1900. Y cito sólo dos entre tantos libros de prosa espléndida e innovadora… Pero son sus versos por doquier inolvidables, baste abrir la antología: “pero sé que Eulalia ríe todavía/ ¡y es cruel y eterna su risa de oro!”.  “Una gracia lustral de iras y lujurias”. “Huele a podrido en todo el mundo.”  O aquellos que nos suenan manidos, por tanta verdad y sentido como poseen: “Juventud, divino tesoro, /ya te vas para no volver…!/ Cuando quiero llorar, no lloro,/ y a veces lloro sin querer…” Un genio que salta en cualquier esquina. Un renovador prodigioso y un hombre temblando de sensibilidad, que volvió a su cuna a morir, con apenas 49 años…

jueves, 22 de septiembre de 2016

Cuanto más inculta una persona, más dinero necesita para los fines de semana: Savater


 
La educación capacita a los seres humanos para intervenir en la vida política de un país, sostuvo Fernando Savater. Durante la conferencia magistral “La literatura como alegría y salvación en el arte de educar”, que el escritor de origen español dictó en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, dijo que la democracia convierte en políticos a todos los ciudadanos y por eso es importante educarlos.
En el salón de usos múltiples, declaró que educar es formar seres humanos completos, porque dicho acto busca perpetuar lo que considera verdaderamente humano: “Nos hacemos humanos unos a otros, repartimos humanidad a nuestro alrededor y la recibimos de los demás”.
Recalcó que la ciudadanía no es definida por la tierra o los componentes naturales, sino que se transmite por el estado de derecho, la constitución democrática y las leyes de un país.
La democracia obliga a educar como si cada ciudadano fuera a ser gobernante, por lo que consideró que no debe restringirse sólo a los sectores que pueden pagarla, pues esto representa una amenaza para la sociedad: “La educación es lo que lucha contra esa fatalidad que hace que el pobre siempre tenga que tener hijos pobres y que el ignorante siempre tenga que tener hijos ignorantes”.
Agregó que la humanidad está unida por las semejanzas que trascienden a los rasgos individualistas que mandatan las tradiciones. Por eso se congratuló de que la Universidad Autónoma de Aguascalientes se permitiera el acogimiento de jóvenes sirios, a resguardo de los problemas bélicos que sufre su país.
Para Savater, aunque la vida del ser humano sea delimitada por las decisiones que éste asume a lo largo de su vida “la literatura sirve para multiplicar nuestra alma” al desplegar posibilidades para escapar de la estrechez y aventurarse en perspectivas distintos a las que se han elegido.
“La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene unos goces extraordinarios y además a muy poco precio. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana, porque como no fabrica nada, no produce nada, todo lo tiene que comprar. Mientras que una persona con un cierto nivel de cultura, con la conversación, un libro o una música puede pasar el tiempo de una manera enriquecedora, la riqueza que nos dan los libros es una riqueza real más duradera y limpia que las que se tienen.”
El filósofo también destacó el papel de las humanidades -literatura, filosofía, historia- que si bien son en apariencia menos rentables que las ciencias aplicadas, permiten a los estudiosos reconocer el para qué de sus esfuerzos y así evitar estancarse en la minucia cotidiana.
Cuestionado por los espectadores acerca del papel de las nuevas tecnologías, anotó que los nuevos soportes para la lectura, como smartphones y tablets, son de gran apoyo para esta actividad, siempre y cuando estos instrumentos no se transformen en un fin mismo.
Además se dijo partidario de la literatura de entretenimiento, toda vez que “el verbo leer no soporta la voz imperativa”.
Entre los presentes en la ponencia estuvieron el rector de la institución, Mario Andrade Cervantes; el ex rector y profesor emérito, Alfonso Pérez Romo; el decano del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades, Daniel Eudave Muñoz y el decano del Centro de las Artes y la Cultura, José Luis García Ruvalcaba.
Fernando Fernández-Savater Martín ha dedicado su trayectoria a la reflexión sobre la ética. Entre sus más reconocidas obras se encuentran Ética para AmadorEl contenido de la felicidad, La música de las letras y Aquí viven leones.

Andrés Trapiello: «Mi último diario es 'Seré duda', eso que dicen de los futbolistas»


Nuevo libro de la serie «Salón de pasos perdidos», que cumple 25 años

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«Escribo estos libros para hablar de las cosas pequeñas. Si me sucedieran grandes cosas, las contaría como si fuesen pequeñas, por eso los lectores de estos libros creo que siempre han disculpado que hable de las pequeñas como si fueran grandes». Esto escribe Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) aludiendo a su serieSalón de pasos perdidos. El pasado jueves el escritor leonés participaba en A Coruña en el ciclo Libros en directo, que organiza la concejalía de Culturas y en el que conversó con el escritor Pedro Ramos. El Quijote, que Trapiello ha rejuvenecido con su versión en castellano actual centró parte de dichas conversación.
-Además de «El Quijote», ¿en que está trabajando?
-Estos días estará en las librerías el último de todo de eso que se ha dado en llamar mis diarios, una serie que se titula Salón de pasos perdidos, de los que hace ahora 25 años que salió la primera entrega que se llamaba El gato encerrado. Esta es la entrega número diecinueve, la novela con el título de Seré duda, (Pre-Textos) como lo de los futbolistas, que es de donde está tomado cuando dicen eso de será duda para el partido.
-¿Por qué esa duda?
-Es una actitud. El hombre tienen la obligación de preguntarse siempre si aquello que sabe es verdad o aquello que conocemos lo damos por sabido o necesitamos plantearlo una y otra vez. No hay verdades absolutas, y por tanto la actitud más decorosa en esta vida es dudar de casi todo. Está bien ese propósito de preguntarse por las cosas y al mismo tiempo la constatación de que por muy seguros que estemos de todo, o casi todo, nos queda una especie de duda. Realmente apenas sabemos nada de las cosas más importantes: el misterio de la vida es el amor o la muerte y lo que une a ambas que es el tiempo. Pues todo lo que sabemos de esas cosas importantes es muy poco para todo lo que querríamos saber.
-Siguiendo con términos futbolísticos ¿qué pasa si se queda en el banquillo?
-Lo normal es que el hombre esté mucho tiempo de su vida sentado en el banquillo viendo jugar a otros. Hay que tomar la decisión de ser duda pero también estar en forma, que no te dejen en el banquillo por falta de ganas o por falta de preparación.
-¿Qué tipo de reacciones ha percibido ante esa actualización del texto de «El Quijote»?
-No es una actualización, es una traducción al castellano actual. Es igual que todos esos libros que hemos de leer en una traducción porque hay personas que no los entienden; una persona que puede leer Guerra y paz en ruso no tiene sentido que lo lea traducida al francés, al español... Ahora bien, si alguien no entiende el castellano del siglo XVI también es un poco un absurdo que se le exija que lo lea en una lengua que ya no habla nadie y raramente leemos cuando la vemos escrita.
-¿Ha sido polémico su «Quijote» traducido al castellano actual?
-Contrariamente a lo que se ha dicho por ahí de una polémica, yo no he visto ninguna, o no me he enterado. Está fuera de lugar una polémica por algo tan evidente como que una cosa que no se entiende se traduce y basta.
-¿La gente debería hacer un esfuerzo para leer esta obra cumbre de Cervantes?
-Sí, debería hacerlo, pero la encuesta del CIS [Centro de Investigaciones Sociológicas] nos dice, y eso siendo muy benévolos porque la gente, como se sabe, miente mucho cuando se le pregunta sobre estas cuestiones, que únicamente dos de cada diez españoles, ¡dos de cada diez!, confiesan haber leído El Quijote. Y de esas dos personas, únicamente el 16 por ciento son capaces de decir el nombre verdadero del protagonista, es decir, que se llama Alonso Quijano. Por lo tanto no hay polémica ninguna: si la gente no lee El Quijote es obviamente porque no lo entiende, o le cuesta muchísimo y es un esfuerzo que no está dispuestos a hacer. Si a partir de ahora lo lee ¡qué bien! Y si dentro de un tiempo el que lo ha leído quiere leer el original, mejor todavía.

martes, 20 de septiembre de 2016

LO QUE LOS ÁRBOLES NOS ENSEÑAN ACERCA DE LA VIDA Y LA PERMANENCIA, POR HERMAN HESSE



Herman Hesse Cultura Inquieta

Es difícil desasociar la sensibilidad artística de aquella que nos permite apreciar, y abrazar, el alma de la naturaleza. Incluso podríamos afirmar que la esencia primigenia de la estética, de las artes y de nuestras múltiples abstracciones en torno a la belleza, se origina en esa perfección retórica que pregonan las caídas de agua, las estructuras florales, los imperturbables desiertos o las intrigantes selvas.
Tomando en cuenta lo anterior, no debiera sorprendernos que Herman Hesse, el genial autor alemán, haya sido capaz de hilar un tributo literario a los árboles; esos pilares que irradian la más reconfortante sabiduría. Este fragmento fue tomado de su libro Wanderung: Aufzeichnungen (Berlin: Fischer, 1920; traducido al inglés como Wandering: Notes and Sketches y al español como El caminante).
En sus copas susurran el mundo, sus raíces descansan en lo infinito, pero no se pierden en él, sino que persiguen con toda la fuerza de su existencia una sola cosa: cumplir su propia ley, que reside en ellos, desarrollar su propia forma, representarse a sí mismos. Nada hay más ejemplar y más santo qué un árbol hermoso y fuerte. Cuando se ha talado un árbol y éste muestra al mundo su herida mortal, en la clara circunferencia de su cepa y monumento puede leerse toda su historia: en los cercos y deformaciones están descritos con facilidad todo su sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas. Y cualquier campesino joven sabe que la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles.
Herman Hesse Cultura Inquieta2
Herman Hesse en Montagnola, 1919

Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar por ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas; predican indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.
Un árbol dice: en mi vida se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Es única la tentativa y la creación que ha osado en mí la Madre Tierra. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis marcas singulares.
Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo hasta el fin del secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchamos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquieren una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.