Entre la elocuencia de los literatos (que hablan de lo que no conocen) y el silencio de los marinos (que saben pero no hablan) hay afortunadamente unos cuantos marinos que decidieron escribir, como por ejemplo Conrad.
Simon Leys
El mar no se puede amar. Se teme, simplemente. Lo que Conrad amó del mar fue la lucha de los hombres contra su desaforada y terrible dureza. Conrad amó a estos hombres brumosos y cínicos, criminales o ángeles, vagabundos o ambiciosos, que luchan en el mar. Este material lo manipuló con una sola preocupación de verdad y de vida. Le puso por encima un cierto halo fin du siècle, una especie de realismo místico. Esa suerte de aura de misterio que Mallarmé, el gran pontífice, irradió en el terreno de la poesía pura. No llegó Conrad a la profundidad de Dostoievski pero construyó con una técnica mejor dominada –a veces dominada excesivamente. Conrad fue un eslavo europeizado, una mezcla de instinto y de forma, una fusión extraña de Dostoievski y de Flaubert.
El género de novela que Conrad cultivó es enormemente peligroso. La novela de aventuras es, generalmente, una argucia pueril e insignificante, basada en el interés que producen los melodramas sobre un fondo de exotismo y de alejamiento. Los franceses han abordado sin éxito la novela de aventuras. Aquí ni tan sólo se ha tocado el género. El único novelista de aventuras, en Francia, es aún el bueno de Julio Verne. Los franceses no han escrito novelas de aventuras porque las aventuras no les interesan, no sienten por ellas ni ambición ni curiosidad. Tenían un inmenso imperio colonial y no han pasado del harén o de los hermafroditas de Balidah. No sienten ni amor ni curiosidad más que por la vida posada y sedentaria. Aprecian la aventura gramatical y más o menos la sentimental –con ironía– , pero la aventura vital no les dice nada. Aquí aún menos. Cuando el escritor no es un retórico de cartón, cae en el realismo feroz de la novela picaresca. El lirismo, la vaguedad y la flotación en la vida –un corcho sobre las olas–, es absolutamente desconocido. Los ingleses son otra clase de gente. En primer lugar, en Inglaterra existe una tradición de estas cosas, existe una mentalidad cosmopolita –el único país que la posee– y, sobre todo, todas las ventanas miran al mar, al horizonte y al Imperio. Inglaterra ha tenido al mayor escritor de aventuras conocido, que es Stevenson. Conrad es un Stevenson más literario, de cualidades más misteriosas, no tan “aventurista”, es más profundo. Conrad ha sabido, por ejemplo, extraer toda la sensación de un paisaje, toda su sugestión. Nadie como él ha transmitido la angustia que producen determinados parajes de la Tierra, incluso de ciertos parajes totalmente conocidos. Y lo de la putrefacción de la voluntad de los trópicos, el deshuesado por la fiebre tropical, ¿quién lo ha descrito con más perspicacia? La lejanía colonial, la tenacidad colonial, callada y muda, por otro lado, ha sido contada por Conrad con léxico de poeta. Es siempre lo mismo: la mezcla de lo angélico y lo diabólico. […] A veces descubre toda la trama de la vida en un breve e insignificante diálogo, en una frase suelta, en una exclamación irreprimible. Ni que decir tiene que todos los personajes de Conrad son antihéroes, en el sentido que no tienen nada que ver con los diplomas oficiales del heroísmo. Los más insignificantes tienen un hormigueo de vida. Pero hay algo, a mi entender, que demuestra la inmensa superioridad de Conrad sobre casi todos los novelistas de aventuras de la época; me refiero a su manera de describir el mar. Para un escritor, el mar es algo inasible. Está el mar de Chateaubriand y el de Hugo, el mar en tono mayor, el mar elocuente que parece haber sido creado expresamente para las almas gigantescas, para la sublimidad meramente verbal de ciertos contertulios. También está el mar de los malos poetas, cuyo número es incontable porque es infinito. ¡Oh, el mar! Pero después está el mar auténtico, que se sitúa de forma equidistante entre el ridículo de la sublimidad y la sublimidad del ridículo, el mar sin lirismos de academia y sin balbuceos femeninos, el mar de los misterios desorbitados y eternos y de las durezas y dulzuras divinas. El mar corriente de los marineros que está aquí y que hay que vencer por fuerza. Es el mar de Conrad. El trasfondo de una lucha humana. Un mar que no se puede adonizar, ni convertir en soneto ni menos aún en una peroración adversa: un mar que se ha de navegar con astucia y prudencia. Conrad está tan compenetrado con el mar que en su obra produce a veces horror y otras veces nostalgia: nunca extrañeza.
Josep Pla
***
De todos modos, siempre que Stevenson evoca el mar en sus escritos lo hace con un convincente vigor expresivo. ¿No será porque su experiencia personal le había liberado precisamente de las ilusiones y estereotipos que deterioran o adulteran con demasiada frecuencia las imágenes del mar que nos ofrecen incluso algunos de los escritores más grandes? Pensemos, por ejemplo, en Baudelaire. Su aventura marítima juvenil fue menos seria de lo que se supone a menudo; más tarde extrajo del mar algunas metáforas majestuosas, pero hizo también afirmaciones altisonantes, cuya vaciedad hace reír a los verdaderos hombres de mar. Sobre su famoso y grandilocuente "Homme libre, toujours tu chériras la mer!" se siente uno tentado a verter agua fría.
Simon Leys
Prólogo a "El mar en la literatura francesa"
Foto: Barco Otago, capitaneado por Joseph Conrad en 1888
y los primeros tres meses de 1889.
Previamente en Calle del Orco:
Se necesita mucho espacio marino para decir la verdad, Herman Melville Melville el vikingo moderno, D.H. Lawrence El primer lector de Joseph Conrad, Enrique Vila-Matas |
viernes, 28 de julio de 2017
El mar de Conrad, Josep Pla por calledelorco
jueves, 20 de julio de 2017
LUIS ALEMANY_Cuando Panero amaba a Karina
Un acertijo: si El hijo de puta de Álvaro Delgado es el título de un poema, ¿quién puede ser el poeta? Leopoldo María Panero, quién iba a ser si no. El pobre Álvaro Delgado fue el pintor que retrató a Panero de pierrot cuando era un niño y, también, el que lo dibujó muchos años después como a un loco insondable, como a un personaje de Francis Bacon. Cualquiera que busque la imagen la reconocerá con un escalofrío.
El hijo de puta de Álvaro Delgado es uno de los poemas que el periodista y escritor Javier Mendoza leerá este viernes, en la Casa Panero de Astorga, en un congreso dedicado al poeta. Después se los entregará formalmente al catedrático y crítico Túa Blesa, que tiene el encargo de editar y publicar ese legado en el sello Bartleby, en un tomo que se llamará Los papeles de Ibiza, 35.
Algunas aclaraciones antes: «Ibiza, 35, 28009, Madrid» era la dirección legendaria de la familia de poetas. Y Javier Mendoza era el periodista que en El desconcierto (Bartleby, 2017) contaba su historia en paralelo a la de la familia Panero. Cuando Mendoza era adolescente, su madre se casó con Michi, el hermano pequeño de Leopoldo María. Y no le fue mal: como padrastro, Michi era un desastre pero como amigo, en cambio, era un tesoro. Fue tan generoso, que, cuando murió en 2004, le regaló las carpetas con sus papeles. «Felicidad Blanc [la madre de los poetas] decía en sus memorias que guardaba los textos de sus hijos en su mesilla de noche. Yo estoy convencido de que los papeles que me dio Michi venían de esa mesilla».
¿O sea que el legado no sólo incluía textos de Michi? «Eso es».
Durante años, Mendoza no supo bien qué hacer con las cajas de la calle Ibiza. «Las llevaba como el que lleva la maldición del diamante», explica. Después, pasó el tiempo, las piezas del puzle fueron encontrando su sitio, se murió su madre y, por fin, tuvo la paz para empezar a trabajar en el legado Panero.
Y ahora, vamos al cogollo. Entre los textos de Leopoldo María que heredó Mendoza aparecen dos colecciones inéditas, nítidamente diferenciadas del resto de textos. Son las obras con las que trabajará Túa Blesa. La buena noticia es que ambas remiten a los años inmediatamente anteriores al ingreso de Panero en el psiquiátrico de Mondragón, el periodo más propicio de su carrera, según Mendoza.
Uno de los conjuntos se llama No, no somos ni Romeo ni Julieta y el título también es un guiño muy leopoldesco. «Según contaba Michi, Leopoldo tenía un póster de Karina en su cuarto y hacia la broma de que era su amour fou, nunca mejor dicho. Tenía una vena folclórica, era fan de Lola Flores y una de sus canciones favoritas era Dame veneno de Los Chunguitos», recuerda Mendoza. La dedicatoria, en cambio, va en otra dirección: «A Calvert Casey», por el periodista cubano.
La otra colección se llama Poems divers, y está escrita en francés. Según Mendoza, Ni Romeo ni Julieta será reconocible para quienes hayan leído Así se fundó Carnaby Street, el primer libro de Leopoldo María, el más conocido. Hay ahí dentro textos cortos y, al lado, prosas poéticas de dos o tres folios. ¿Algo más? Sí. Los papeles de Ibiza, 35 incluirá también unos pocos cuentos inéditos y fragmentos sueltos como el cuestionario para una autoentrevista que preparó Leopoldo María.
Mendoza envía un escaneado de la autoentrevista, llena de barbaridades y destellos. Una pregunta incluida en el cuestionario: «¿Cómo meterías la mano entre dos latidos de león?». Otra: «¿Has visto un chorro de sangre con dolor de cabeza?».
Dame veneno, dame veneno.
Una pregunta más: ¿se agotan aquí los papeles perdidos de Leopoldo María? No. Pero Mendoza dice que el resto de textos necesitan bastante trabajo de clasificación y edición y que él no es la persona adecuada para dar orden a ese cachito de caos. Que para eso estará Túa Blesa. Paciencia, entonces.
domingo, 16 de julio de 2017
Walter Benjamin
Diario parisino*
Queridos lectores les ofrecemos un texto de Walter Benjamin para recordar que ayer sábado, 15 de julio de 2017, se cumplieron ciento veinticinco años de su nacimiento.
Los editores de las Gesammelte Schriften dicen sobre este texto lo siguiente: “Benjamin estuvo en París entre diciembre de 1929 y febrero de 1930. En esas semanas redactó, seguramente por encargo de la revista Literarische Welt, un informe extenso, con formato de diario, sobre su estancia en esa ciudad. La versión definitiva del Diario parisino seguramente la entregó tras haber regresado a Berlín.”
Walter Benjamin toca en estas páginas muchos temas, y no nos debemos dejar engañar por el aparente tono desenfadado y de cotilleo que hay en algunos pasajes. Aparte del interés que tiene por Proust –evidente si recordamos que lo tradujo al alemán a cuatro manos con su amigo Franz Hessel– nos permitimos llamar la atención de nuestros lectores sobre el final de la primera conversación que mantuvieron él y la librera Monnier el 4 de febrero.
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(...) Algunas cosas sobre Proust: Monnier habla de la repugnancia que en ella ha despertado su transfiguración de los diez mil de arriba, de la rebeldía y protesta que le han impedido amar a Proust, y a continuación, fanáticamente, casi con odio, habla de Albertine, que sería ce garçon du Ritz –Albert– de una manera absurda, y cuyo cuerpo y andar masculinos percibe constantemente en Albertine. Su persona moral le ha impedido amar a Proust, más aun, querer amarlo. Lo que dice me lo pone fácil, y así le cuento las dificultades con las que Proust se encuentra en Alemania, lo necesarios que resultan estudios profundos sobre el escritor para superarlas, lo escasos que son dichos estudios en Alemania, pero también en Francia. Su sorpresa ante esta frase me da pie para dibujarle a grandes rasgos mi imagen de una interpretación de Proust. No es el lado psicológico, ni la tendencia analítica, sino la metafísica que hay en sus escritos, le explico, lo que sigue pendiente de ser descubierto. Las cien puertas que franquean el acceso a su mundo siguen cerradas: la idea del envejecer, la afinidad de los seres humanos con las plantas, su imagen del siglo XIX, su sensibilidad hacia el moho, el desecho, el resto pendiente. Y le cuento que cada estoy más convencido de que para entender a Proust hay que considerar que su tema es el envés, le revers -moins du monde que de la vie même.
Esa misma tarde, al cabo de un rato, conversación con Gabriel Audisio. Puedo decirle muchas cosas sobre su Heliotrop, lo que le alegra. Cuenta entonces las condiciones en que escribió este libro, lo que nos lleva a hablar del trabajo en el clima meridional. Estamos completamente de acuerdo en que es absurda la opinión según la cual el sol del sur es un enemigo de la concentración mental. Audisio confiesa su plan de escribir una Défense du soleil. Empezamos a considerar las diferentes maneras de contemplación mística según se trate de la medianoche septentrional o del mediodía meridional. Jean Paul por un lado, la mística oriental por el otro. La postura romántica del norteño, que en su urdir de un mundo onírico intenta parecerse al infinito, y el rigor del sureño que, más bien tercamente, entra en competencia con la infinitud del azul del mediodía para concebir algo que también sea perenne. En esta conversación me acuerdo de cuando escribí las primeras cuarenta páginas, en Capri y en pleno julio, del libro sobre el drama barroco: no tenía nada salvo pluma, tinta, papel, una silla, una mesa y el calor del mediodía. Esta carrera con la duración sin fin, cuya imagen evoca el cielo del mediodía en el sur de modo tan perentorio como el cielo nocturno la de un espacio infinito, hace que la mística del sur tenga un carácter cerrado, algo que se expresa arquitectónicamente, por ejemplo, en los templos del sufismo.
Sobre “Escribir (Una antología)”, de Henry David Thoreau
El arte de escribir consiste en hacer cuadrar frases que sugieren más de lo que dicen, que tienen una atmósfera en torno a sí, que no sólo registran una expresión vieja, sino que crean otras nuevas; frases que sugieren tantas cosas y son tan perdurables como un acueducto romano. Frases que salen caras, pues para obtenerlas hubo de invertirse mucha vida y muchos volúmenes; que yacen como rocas sobre la página, en todas direcciones; que contiene las semillas de otras, pero no mediante la mera repetición, sino la creación; frases para cuya construcción un hombre vendería sus tierras y castillos.
Asomarme a los diarios de un escritor al que admiro siempre me produce sentimientos encontrados. Por un lado está la poderosa curiosidad que el texto despierta: el deseo de atisbar la intimidad del creador, sus dudas, sus miedos, sus reflexiones sobre la labor creadora (como la arriba recogida), la necesidad de encontrar pistas, consejos que aplicar al trabajo propio… Por otro lado se halla el pudor producido por meter las narices en la intimidad de otra persona. Y reconozco que cuando escribo “pudor” estoy recurriendo a un eufemismo. Siendo preciso debería decir: miedo. Miedo a descubrir que la persona que hemos intuido o imaginado a través de la lectura de sus obras dista mucho de la persona real, frágil, vacilante, cambiante e imperfecta que en realidad fue. Cualquiera que se haya enfrentado a los desgarrados diarios de John Cheever, por ejemplo, podrá corroborar esta impresión. En definitiva, la lectura de unos diarios de escritor es un recordatorio, siempre necesario, de que no debemos confundir la literatura con sus autores.

La lectura de Escribir (Una antología), sin embargo, no nos enfrenta al riesgo de conocer en la intimidad a Henry David Thoreau, o al menos no de una forma plena. El breve libro publicado por Pre-Textos es, como su título indica, una antología de fragmentos de sus diarios, en concreto de los referidos a la escritura. A la escritura y no a la literatura (hay que señalar), pues en ellos Thoreau no habla sobre autores u obras (salvo en contadas excepciones), no manifiesta sus opiniones sobre el trabajo de los demás (lo que sin duda podría interesar a muchos), sino que centra su atención en el proceso de escritura, en lo que queda oculto, en los oscuros talleres donde se fragua lo que más tarde aparece en las páginas.
Henry David Thoreau (1817-1862) es una de las figuras más importantes de las letras estadounidenses. Practicó la poesía, la narrativa de viajes, la historia natural y, en especial, el ensayo, género del que fue maestro indiscutible. Su obra más célebre, y también la más importante, fue Walden (1854), una crónica del experimento realizado por el propio Thoreau, con el que quiso demostrar que una persona es capaz de obtener de la tierra cuanto necesita para vivir, requiriendo únicamente para ello algo de organización y una moderada cantidad de esfuerzo. Era su intención denunciar las falsas necesidades que la sociedad capitalista nos induce, obligándonos a malgastar para satisfacerlas cantidades de tiempo y trabajo que bien podríamos emplear en la reflexión, la educación y el disfrute de la naturaleza. Thoreau levantó una cabaña en un terreno cedido por Ralph Waldo Emerson, a orillas de la laguna Walden, en las proximidades de Concord, Massachusetts. Permaneció allí durante dos años, dos meses y dos días, si bien en su libro comprimió su experiencia en un tiempo narrativo de un único año. Entre sus demás obras se encuentran el famoso ensayo Desobediencia civil y Dos semanas en los ríos Concord y Merrimack, texto a medio camino entre la narrativa de viajes y la elegía (dedicada a su hermano John).
Los textos recogidos en Escribir (Una antología) no deben ser tomados como partes de un manual de escritura. No lo son, y ésa es una de sus mayores virtudes. Forman parte de un gran work in progress mediante el cual Thoreau pretendía concretar su filosofía de escritura. No son conclusiones, sino pasos para llegar a ellas, aproximaciones sucesivas. Por lo tanto las contradicciones que se dan entre unos fragmentos y otros, no hay que verlas como tales, sino como cambios en las opiniones del autor; las variaciones de punto de vista y las matizaciones, como acercamientos a opiniones definitivas; las reiteraciones, como manifestaciones de puntos ya claros. Y no debemos olvidar algo importante: la sinceridad de todo lo que Thoreau escribía. No mientas a tu diario, menciona en una de las entradas. Lo que Thoreau dice en este libro se lo está diciendo a sí mismo, tal como lo pensaba. No se está dirigiendo a nadie del exterior, no edulcora ni rebaja sus pensamientos para facilitar la comprensión del lector ni se guarda nada en la manga.
¿Y qué es lo que podemos encontrar en estos fragmentos de diario? Énfasis en el esfuerzo que requiere la escritura si se pretende que ésta sea veraz, amor por la naturaleza e invitación a la atenta observación de cuanto nos rodea (como no podría ser menos viniendo del discípulo aventajado de Emerson, padre del trascendentalismo), insistencia en la experiencia propia como primer tema para la escritura y en la búsqueda de un estilo caracterizado por una complicada conjunción de lo cuidado y lo natural. Pero por encima de todo encontramos a un gran escritor, comprometido con su labor y consciente de las responsabilidades que ésta conlleva, y que era capaz de hacer gran literatura incluso cuando escribía sobre la propia escritura y nadie más que él iba a disfrutar de ella. Afortunadamente, esto último no se ha cumplido.
En la literatura sólo nos atrae lo salvaje. La torpeza es otro nombre para la docilidad. Es el pensamiento indómito, incivilizado, libre y salvaje en Hamlet, en la Ilíada y en todas las escrituras y mitologías lo que nos deleita, lo no aprendido en las escuelas ni refinado y pulido por el arte. Un libro bueno de verdad es algo tal salvajemente natural y primitivo, misterioso y maravilloso, ambrosíaco y fértil como un hongo o un liquen. Supongamos que la rata almizclera o el castor se dedicaran a la literatura: ofrecerían nuevas perspectivas de la naturaleza. La falta de nuestros libros y de nuestras acciones es que son demasiado humanas. Quiero algo que hable en cierto modo de la condición de las ratas almizcleras y de las mofetas tanto como de la de los hombres, lejos de la cháchara complaciente y condescendiente de los filántropos.
martes, 11 de julio de 2017
El libro sobre homosexualidad de Luis Alegre que Pablo Iglesias debe leer con urgencia
Pablo Iglesias y Luis Alegre se funden en un abrazo. Efe
FILOSOFÍA DE BATALLA
El libro sobre homosexualidad de Luis Alegre que Pablo Iglesias debe leer con urgencia
'Elogio de la homosexualidad' es el ensayo que publica el ex secretario general de Madrid de Podemos, una llamada a la revolución contra lo que entendemos por "el hombre de verdad".
Luis Alegre (Madrid, 1977) ha escrito un Elogio de la homosexualidad (Arpa), porque “los homosexuales hemos hecho más libres a todos”. Es un libro de “filosofía versátil”, accesible para todos, sobre todo, para los heterosexuales, porque son ellos los que más lo necesitan para acabar con la definición de “un hombre de verdad” (cipotudo). De hecho, asegura en el libro que los homosexuales han “vuelto más finos y maleables los barrotes de la jaula” en la que estaban los heterosexuales. “Ahora los hombres heterosexuales, si quieren, pueden no dar golpes a sus amigos para mostrarles afecto”.
Una vez creado Podemos, he decidido ya dejar que los heterosexuales lo destruyan a partir de Vistalegre 2
El ex responsable de comunicación de Podemos en el diseño de su lanzamiento y coordinador de la Asamblea de Vistalegre I, en la que también fue ponente (junto a Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa y Juan Carlos Monedero), describe la obra como un elogio, un manifiesto o, incluso, un manual de autoayuda. Alegre firma un libro provocativo, dispuesto a abrir nuevos caminos de la diversidad, a pesar de las manifestaciones convocadas por el Foro de la Familia: “Nuestro compromiso con la libertad no tiene nada en contra de que existan familias compuestas por un padre, una madre, un hijo y una paloma y, por el contrario, el Foro de la Familia sí pretende que no existamos a nosotros”, escribe.

Luis Alegre, profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Efe
El que fuera máximo responsable de Podemos en la Comunidad de Madrid escribe fuerte y golpea a la actual cúpula del partido del que fue fundador: “He dedicado todas mis energías a funda Podemos, algo de lo que estoy humildemente orgulloso. Ahora, una vez creado, he decidido ya dejar que los heterosexuales lo destruyan a partir de Vistalegre 2 (utilizando las ilusiones de la gente para medirse sus cosas)”.
Antecedentes cipotudos
Al teléfono, y con un periodista rebaja la intensidad de sus palabras escritas. “Eso es una broma”, dice a este periódico. “Podemos es uno de los espacios más libres y abiertos de la política, que ha conseguido liberarse. Y a pesar de que todavía tiene dinámicas que ancestralmente han gobernado la sociedad la sociedad, es de los espacios más libres. Necesita mejorar, pero es el primero de la clase en la diversidad”. Con besos de Congreso no basta.
- De la cúpula de Podemos, ¿quien debe leer con urgencia este libro? “Me gustaría que lo leyera todo el mundo. Prefiero no señalar a nadie”, responde. Alegre es más conciso por escrito: el discurso heterosexual que controla Podemos destruirá el partido.
Que el PP tenga portavoces homosexuales es un logro de todos. La diversidad es un cambio radical, que se producirá de manera paulatina
De hecho, los días previos a Vistalegre 2 fue famoso su artículo (publicado en Eldiario.es), en el que acusaba al actual equipo de Pablo Iglesias de ser un “grupo de conspiradores”, que ha entrado en el partido con la intención de “excluir” a “todos los que no formaran parte de su pandilla”. De hecho, este ensayo de género que publica ahora, de vuelta a sus tareas como profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, es una reivindicación contra la exclusión y la opresión, contra la jaula de la heterosexualidad entendida como ley suprema de la sociedad.
Aquellos maravillosos años de Podemos: Pablo Bustinduy, Irene Montero, Pablo Iglesias, Carolina Bescansa, Tania González, Tania Sánchez y Luis Alegre, en la noche electoral del 20-D.Efe
"Que el PP tenga portavoces homosexuales es un logro de todos. La diversidad es un cambio radical, que se producirá de manera paulatina, un progreso. A las empresas les pasará lo mismo, tarde o temprano, porque no hay organización que no sea permeable a los cambios sociales", asegura.
Libertad homosexual
“Los homosexuales somos mucho menos dados a convertir nuestra identidad en una mazmorra”, escribe Alegre, para aclarar que la revolución de la diversidad está protagonizada por la homosexualidad. Con su mayor libertad sexual son capaces de reventar el “manual de instrucciones” que prescribe los detalles mínimos que dirigen las vidas heterosexuales.

El beso entre Iglesias y Domènech, en el Congreso de los Diputados. Efe
Las normas, los usos y las conductas de la pareja están consolidadas sobre una base que Alegre anima a boicotear. “La época dorada de la heterosexualidad, que ha durado miles de años, está tocando a su fin. Las personas que han estado hasta ahora encarceladas en ese concepto están también de enhorabuena”.
La esperanza le lleva a gritar (por escrito): “El heterointegrismo está en claro retroceso”. Alegre asegura que nos encontramos en la Edad de Oro de la homosexualidad, un momento en el que, como él dice, las fiestas del Orgullo de Madrid se han terminado convirtiendo en las genuinas fiestas populares de la ciudad. “Suscitan más júbilo que las fiestas de San Isidro, San Lorenzo, San Cayetano y la Virgen de la Paloma juntos”, dice. “Bailar juntos puede convertirse en la mayor oportunidad para crear libremente”.
Familias protegidas
Sin embargo, el acceso a la reforma de las estructuras más arcaicas tiene fuerzas de choque que se resisten. “No hemos visto a la Conferencia Episcopal movilizarse por los desahucios para proteger a las familias”, dice. Los guardianes de las esencias, como los llama el filósofo, explica que sin ellos todo el mundo podría ser más libre para tomar unos elementos y otros a la hora de construir su propia identidad.
¿Cómo pueden considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es la principal amenaza que se cierne hoy sobre la familia? Él mismo se responde: “Como guardianes de las esencias, su tarea se limita a velar por el concepto de familia y, por lo tanto, les resulta bastante indiferente la suerte que corramos las familias de carne y hueso”. Una familia de dos hombres o dos mujeres y sus hijos no hace daño a ninguna otra familia, comenta, pero supone un atentado a la esencia de su familia. “Es un ejercicio de hipocresía”.
viernes, 30 de junio de 2017
El filósofo Slavoj Zizek: "Estoy harto de la irresponsabilidad narcisista de Podemos"
El filósofo y sociólogo esloveno Slavoj Zizek salta de idea en idea, con una verborrea inagotable. Se expresa con las manos, con el brazo entero, la boca y los párpados: animal discursivo, agitar antes de servir. Ya es una rara avis que un pensador esté de moda, pero lo cierto es que Zizek lo está, ya sea para los que le adoran, para los que le tienen por un personaje extravagante o para los que fantasean con dilapidarle en la plaza pública: qué inaudito, se le lee. O, al menos, se le escucha.
Hoy jueves se ha reunido con un pequeño grupo de periodistas en una sala del Museo Reina Sofía y lo mismo charloteaba sobre Tchaikovsky -y lo amado que era en la Unión Soviética a pesar de su condición de monárquico conservador- que sobre Taylor Swift, apoyándose también en la cultura popular para extender su palabra. Lady Gaga por un lado, y, al ratito, que Beckett sí, que Joyce no -”era un narcisista”- y que Platónov, exquisito. De Habermas a Los juegos del hambre. De Stephen Hawking a Black Mirror. De Pollock, ni hablar.
Primero, la pregunta obligada para un filósofo de izquierdas: ¿qué pasa con Podemos? Zizek responde con franqueza: “Fue maravilloso todo ese trabajo que hicieron construyendo redes en la sociedad civil. Ahí se hicieron fuertes y llegaron a ver el poder de cerca, pero se quedaron en el “¿qué hacemos?, ¿lo hacemos o no lo hacemos?”, lanza. “Yo les diría que se arriesgaran, pero que no abandonasen sus redes de la sociedad civil, o se convertirán en vieja izquierda. Que se arriesguen, que lo intenten, que se acerquen al poder, que fracasen de nuevo, que fracasen mejor. Por supuesto, es difícil, pero éste es el verdadero examen. Estoy harto de su irresponsabilidad narcisista. Sólo disfrutan siendo la oposición y la voz de la conciencia”.
Las máquinas controlan las mentes
Dice Zizek que no es pesimista, pero que tampoco quiere caer en el “optimismo estúpido”. Con todo, a pesar de su entusiasmo dialéctico, tiende a la lente apocalíptica, no por ello errática. “Black Mirror ya está aquí”, anuncia. “No es ninguna distopía, está ocurriendo ya. Las transfusiones de datos de Google a la Unión Europea… eso de que Kindle ya no sepa sólo los libros que buscas, sino todo lo que te gusta, todo lo que sigues. Es una sociedad de control”. Explica que estamos confundidos y que hemos olvidado que “la gran sabiduría humana no es saberlo todo, sino cómo simplificar”: “Eso no pueden hacerlo los ordenadores. Son estúpidos”.
Sostiene el filósofo que hoy las grandes preguntas metafísicas están en el tapete del debate social, porque la tecnología está erosionando el significado de “ser humano”. Aún no nos van a controlar, dice, pero sí nos están cambiando. Pone como ejemplo los videojuegos, que cambian la percepción del sujeto de sí mismo y alientan la “cultura de la inmortalidad” en la que vivimos.
Hasta la realidad no es la que era. “Hasta ahora hemos creído que la realidad estaba fuera, separada de nosotros, pero eso está cambiando: el cerebro puede conectarse con una máquina”. Aquí Hawking. “Él ya no necesita sus manos para manejar su computadora, lo hace directamente con su cerebro”. Pronto ni siquiera nos hará falta estudiar, ni leer, ni aprender nada. “Con un conector te puedes meter aquí la Historia de la Música”, dice, señalándose la sien. Hola, nueva era.
Ha mencionado las clínicas de los suburbios de Shangai a las que acuden parejas occidentales para seleccionar genéticamente a sus embriones y ha evocado lo que le dijo el responsable de la Academia de biogenética de China cuando lo conoció: “Me dio un folleto en el que ponía que su tarea era controlar el bienestar físico y, subrayando la palabra, mental de la gente. Pensé ‘Dios mío, ya lo están haciendo, el control de impulsos, la ansiedad”. Sociedad de control, bautiza Zizek. “Los ordenadores, si confías en ellos, van a decirte qué decisiones tienes que tomar sobre tu salud, tu tensión y hasta tu amor, si casarte o divorciarte, si votar a un partido u otro. Pero las máquinas no son neutrales. Dependen de quién las programe. Están manipuladas”.
Zizek.EFE
Bromea. “La CIA ya no tiene que hacerte nada violento, puede controlar tu cabeza. Tenemos que aplicar más que nunca la filosofía a nuestra vida”. Relata que esta sociedad de control, en la que los ciudadanos están vigilados constantemente, está creando una nueva distinción de clases, aún más feroz que la tradicional: los privilegiados y los esclavos. Esta clase, según dice, no sólo vendrá determinada socialmente, sino también biológicamente. Cita a Hollywood y películas como Elysium o series como Los juegos del hambre, que van en esta línea.
Trump, los refugiados y el comunismo
Rechaza la “sentimentalización con el tema de los refugiados”: “No me gusta. Por supuesto que hay que ayudarles, por ejemplo, no poniendo a Le Pen en el poder, pero lo importante es cambiar la economía internacional. Si no hacemos eso, da igual cuánta ayuda humanitaria les prestemos”, alega. Lo mismo dice que “Trump hará que extrañemos a Bush” que tacha de “hipócrita” a la Unión Europea. “En la UE, por lo visto, no puede haber fábricas que contaminen el aire, pero se van a los países periféricos o a México para contaminar el suyo”.
Sigue siendo marxista, comenta, orgulloso. Aboga por un nuevo tipo de comunismo. “El capitalismo, tal y como lo conocemos, está llegando a sus límites, eso lo sabemos todos. Necesitamos grandes estructuras reguladoras para hacer frente al calentamiento global, la desertización, los refugiados, la biogenética”. No confía en los Estados, sino en entes burocráticos públicos en los que habría expertos pero también miembros seleccionados aleatoriamente, como en los jurados populares.
Persiste en la provocación, irredento: "La burocracia funciona mejor si se siente aterrorizada. Stalin tuvo una buena idea cuando se le ocurrió aterrorizar no sólo a la gente ordinaria sino también a los burócratas", proclama. "En mi Estado ideal, puedes ser un burócrata influyente, pero sabes que antes o después puedes perder la cabeza".
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