viernes, 22 de octubre de 2021

Paul Valéry










Cet homme avait en soi de telles possessions, de telles perspectives; il était fait de tant d'années de lectures, de réfutations, de méditations, de combinaisons internes, d'observations; de telles ramifications que ses réponses étaient difficiles à prévoir; qu'il ignorait lui-même à quoi il aboutirait, quel aspect le frapperait enfin, (...) quel désir naîtrait, quelle riposte, quels éclairages!...(...).
Il était au degré de civilisation intérieure où la conscience ne souffre plus d'opinions qu'elle ne les accompagne de leur cortège de modalités, et qu'elle ne se repose (si c'est là se reposer) que dans le sentiment de ses prodiges.







miércoles, 20 de octubre de 2021

Hago una película como huyendo, Federico Fellini por calledelorco







Decir que mis películas son autobiográficas es una salida estúpida. Me he inventado mi propia vida. La he inventado a propósito para la pantalla. Antes de rodar mi primera película, lo único que hice fue prepararme para ser lo suficientemente alto y grande y cargarme de toda la energía necesaria para llegar a gritar un día la palabra acción. He vivido para descubrir y crear a un director: nada más. Y no recuerdo ninguna otra cosa, pasando por uno que vive su vida expresiva en los grandes almacenes de la memoria.

Nada es cierto. No hay nada de anecdótico, de autobiográfico en mis películas. Sin embargo sí está el testimonio de una determinada época que he vivido. En este sentido mis películas son autobiográficas: pero de la misma forma que cada libro, cada verso de un poeta, cada color de un lienzo, es autobiográfico.

Nada de lo que dicen es cierto. No quiero hacerme demasiadas ilusiones sobre mí, ni me interesa hacérmelas además.

No sé distinguir una película de otra; hablo de mis películas. Para mí siempre he rodado la misma película; se trata de imágenes y solo imágenes, que he rodado con los mismos materiales, quizá de vez en cuando empujado por distintos puntos de vista.

Lo que sé es que tengo ganas de recontar. No lo digo por coquetear con la modestia, sino porque francamente recontar es el único juego que vale la pena jugar. Es un juego necesario para mí, para mi fantasía, para mi naturaleza. Cuando lo juego me siento libre, me siento desembarazado. Y en esto soy afortunado: puedo jugar con este juego que es el cine.

Los estudios en penumbra, las luces apagadas, tienen para mí un encanto que debe tener que ver con una parte muy oscura de mí mismo. Levantar un bastidor con mis propias manos, maquillar a un actor, vestirlo, estimular un gesto, una reacción imprevisible, son cosas que me afectan, que absorben completamente toda mi energía.

Hago una película como huyendo, como una enfermedad que hay que padecer. Decido rodar, o llego al set a rodar, cuando estoy vencido por el odio, cuando caigo en el rencor. Es una creación que se inspira en signos de simpatía. Hago todo lo que sea necesario, puntillosamente, cada vez con más detalle, pero víctima de un estadio de fastidiosa rabia. Al final tengo que alejarme de la película y ¡ay! si no me alejo.

No quisiera hablar nunca de ella, pero hablar de la película que se ha rodado forma parte de un ritual de tipo comercial del que es imposible librarse. Las agencias de prensa se ponen en marcha, los teléfonos empiezan a sonar: llegado este momento es como tener delante un espejo. Sería mejor callarse.

Sin embargo me gusta todo ese circo del cine. Aunque con mis películas no mantengo buenas relaciones: es una relación de recíproco menosprecio.

Tengo complejo de criminal. No quisiera dejar huellas ni rastros de todo lo que me ha costado una película. Destruyo todo. Sólo tiene que quedar la película, desnuda y acabada. De la misma forma que no quisiera hacer confesiones.

Ahora, ya he visto esta dichosa película. Tiene algo que se asemeja mucho a mi naturaleza. Sin embargo...

Federico Fellini
Fellini por Fellini
Editorial: Fundamentos
Traducción: Paola Ungarelli y Augusto Martínez Torres


domingo, 17 de octubre de 2021

El misterio Stendhal por calledelorco






Stendhal ha llegado a ser tan importante para mí que cada cinco o seis meses tengo que volver a él. No importa en absoluto de qué obra se trate, siempre que sean frases que contengan su respiración. A veces leo veinte o treinta páginas suyas y pienso que viviré eternamente. Incontables son las obras que aguardan ante mí y con incrédulo horror me digo entonces que él murió a los cincuenta y nueve años.

Stendhal tiene la cabeza llena de cosas relacionadas con la “cultura”: cuadros, libros, música; muchas me resultan hoy tan importantes como lo fueron entonces para él, otras, aún más numerosas, me son indiferentes o repelentes y dulzonas, pero lo único importante es la manera como él está lleno de esas cosas. De todas saca algo que sólo se asemeja a él mismo. Acaso pueda yo consolarme pensando que estoy demasiado poblado de bárbaros y religiones, porque es posible que se hayan convertido en mí mismo. Ya se trate de Canova o de Wotruba, el azar del origen desempeña aquí un papel puramente secundario. La pasión con la que uno se posesiona de cualquier objeto, y la pasión con la que se distancia de él en la contemplación, lo son todo.

Elias Canetti
Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971
Editorial: Anaya & Mario Muchnik
Traducción: Juan José del Solar





miércoles, 13 de octubre de 2021

Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, Michel de Montaigne


Michel de Montaigne

Ahora bien, puesto que nos proponemos vivir solos, y arreglárnoslas sin compañía, hagamos que nuestra dicha dependa de nosotros mismos; desprendámonos de todas las ataduras que nos ligan a los demás, forcémonos a poder vivir solos de veras y vivir a nuestras anchas. Estilpón había escapado del incendio de su ciudad, en el cual había perdido esposa, hijos y bienes. Al verle Demetrio Poliorcetes, en medio de tal destrucción de su patria, sin miedo en el semblante, le preguntó si no había sufrido ningún daño. Él respondió que no, y que, a Dios gracias, no había perdido nada suyo.
Esto es lo que el filósofo Antístenes decía con gracia: que el hombre debía proveerse de un equipaje que flotara en el agua y pudiese salvarse con él, a nado, del naufragio.
Ciertamente, el hombre de entendimiento nada ha perdido si se tiene a sí mismo. Cuando los bárbaros arrasaron la ciudad de Nola, el obispo Paulino, que lo había perdido todo y estaba cautivo, rezaba así a Dios: «Señor, guárdame de sentir esta pérdida, pues Tú sabes que todavía no han tocado nada de lo que es mío». Las riquezas que le hacían rico, y los bienes que le hacían bueno, estaban aún intactos. A tal punto es bueno elegir tesoros que puedan salvarse del daño, y esconderlos en un lugar al que nadie vaya, y que no pueda ser traicionado sino por nosotros mismos. Es preciso tener mujeres, hijos, bienes, y sobre todo salud, si se puede, pero sin atarse hasta el extremo que nuestra felicidad dependa de todo ello.
Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad. En ella debemos mantener nuestra habitual conversación con nosotros mismos, y tan
privada que no tenga cabida ninguna relación o comunicación con cosa ajena; discurrir y reír como si no tuviésemos mujer, hijos ni bienes, ni séquito ni criados, para que, cuando llegue la hora de perderlos, no nos resulte nuevo arreglárnoslas sin ellos. Poseemos un alma que puede replegarse en sí misma; puede hacerse compañía, tiene con qué atacar y con qué defender, con qué recibir y con qué dar. No temamos, en esta soledad, pudrirnos en el tedio del ocio.

Michel de Montaigne
Los ensayos
Traducción: J. Bayod Brau
Editorial: Acantilado

lunes, 11 de octubre de 2021

El cuerpo de la novela, Roberto Bolaño por calledelorco






Se ha comentado que Los detectives salvajes podría leerse como un conjunto de cuentos autónomos. De hecho, de ahí ha vuelto a surgir un nuevo relato independiente: Amuleto. Y que la tuya sería, por tanto, “el tipo de novela que Borges hubiera aceptado escribir”. ¿Qué dices a eso?

Eso es de una gran generosidad por parte de Ignacio Echevarría, que fue quien hizo el comentario. Para mí Borges es el más grande escritor en lengua española del siglo veinte, sin la menor duda. El escritor total. Es una gran poeta, un gran prosista, un gran ensayista, es perfecto. Borges es una barbaridad. Borges es Borges. Pero quiero puntualizar que Los detectives salvajes no es un conjunto de historias: es una novela, y una novela con una estructura dificilísima y una unidad tremenda. Que de ahí salga una historia no tiene nada que ver. Una novela, como dice Stendhal, es un espejo a lo largo del camino, unas historias que pasan a lo largo de ese paseo por el sendero. En busca del tiempo perdido no es más que una sucesión de pequeñas historias. Sin embargo, En busca del tiempo perdido es una novela de una estructura de hierro. Todo cambio, en el momento en que tú pones un punto y aparte en una novela, de una u otra manera te enfrenta a una nueva historia. Es como el flujo y el reflujo del mar. Cada vez que hay un punto y aparte la historia tiene que coger un nuevo aliento. Tienen que aparecer otros personajes u otra nueva situación. Al menos un bar distinto. Eso ya hace que una historia sea una concatenación de pequeñas historias. Pero es que todo en la vida física es una concatenación. El cuerpo no es más que una acumulación de pequeñas historias, moléculas, átomos, que al juntarse están creando eso. Ahora, una cosa es un cuento y otra cosa es una novela. En una novela puede caber absolutamente todo, sí. Pero una novela es una novela. Tiene unas reglas: en una novela, una historia que esté totalmente aparte, como en un cuerpo, o se convierte en un cáncer  que tienes dentro o se convierte en algo que sale, como un hijo, pero en mi novelas no sale nada, todo está absolutamente pegado. Hay enlaces, hay incluso autopistas que te llevan lejísimos, pero luego siempre hay un camino de vuelta. Para mí una de las mejores novelas en lengua española es 62, modelo para armar, de Cortázar. 62 es una novela en la que puedes entrar por cualquier parte, de la que puedes salir por cualquier parte y, sin embargo, la novela está totalmente pegada. Es una novela tal vez elástica, no hay hierros ahí, hay materiales maleables, dúctiles. No por eso se rompe el cuerpo de la novela.

Roberto Bolaño
Entrevista con Dunia Gras Miravet
Revista Cuadernos Hispanoamericanos
Madrid, octubre de 2000




martes, 28 de septiembre de 2021

Una manera contemporánea de narrar, Augusto Monterroso por calledelorco



Existe una nueva narrativa?

Evidentemente sí, pero hay que saber por qué es nueva, cuáles son sus alcances, en qué se diferencia de la vieja. Algunos no saben en qué consiste que sea nueva porque no conocen la inmediatamente anterior ni la antigua. Hay una manera contemporánea de narrar, de decir las cosas, absolutamente diferente de la que usaron nuestros abuelos, ignorantes de Freud, de la televisión, de Joyce, de las dos guerras mundiales, de la barbarie norteamericana en Vietnam. También esto hay que recordarlo en los talleres. Algunos aspirantes a narradores no se han dado cuenta de que viven ya en otro mundo y siguen contando sus respuestas a la vida como se hacía en el siglo XIX. Aunque la buena literatura es siempre la misma y dice siempre lo mismo cuando refleja la situación íntima del individuo (para el cual fue igualmente horrible morir en Lepanto que en Verdún), tengo la impresión de que hay algo que sí cambia, y de que una vez en el papel, de un siglo a otro, las lágrimas de Vallejo no pueden ser las mismas que las de Espronceda.

Augusto Monterroso
Viaje al centro de la fábula
Editorial: RBA

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Entonces incurrí en un error muy común: hice cuanto pude por ser —entre todas las cosas— moderno. Hay un personaje en los Wilhelm Meisters Lehrjahre de Goethe que dice: «Sí, puedes decir de mí lo que te parezca, pero nadie negará que soy un contemporáneo». No veo diferencia entre ese personaje absurdo de la novela de Goethe y el deseo de ser moderno. Porque somos modernos; no tenemos que afanarnos en ser modernos. No es un caso de contenidos ni de estilo. Si consideramos Ivanhoe de Sir Walter Scott, o (por poner otro ejemplo muy distinto) Salammbô de Flaubert, podríamos decir la fecha en que esos libros fueron escritos. Aunque Flaubert llamó a Salammbô un «roman cartaginois» («novela cartaginesa»), cualquier lector que se precie sabrá después de leer la primera página que el libro no fue escrito en Cartago, sino que lo escribió un francés muy inteligente del siglo XIX. En cuanto a Ivanhoe, no nos engañan los castillos ni los caballeros ni los porqueros sajones, ni nada por el estilo. En todo momento, sabemos que estamos leyendo a un escritor de los siglos XVIII o XIX. Además, somos modernos por el simple hecho de que vivimos en el presente. Nadie ha descubierto todavía el arte de vivir en el pasado, y ni siquiera los futuristas han descubierto el secreto de vivir en el futuro. Somos modernos, lo queramos o no.

Jorge Luis Borges
Arte poética
Editorial: Crítica

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Cuanto más sujetos estamos a los hechos, cuanto más intentamos causar la impresión correcta, tanto más nos alejamos de lo fundamental. Al escribir, uno debe crear una superficie que cambie continuamente al dictado de la sensibilidad contemporánea, frente a la estabilidad del estilo clásico. En eso consiste la “obra en marcha”. Lo que importa, sin embargo, no es lo que uno escribe, sino cómo lo escribe; a mi entender, el escritor moderno de ser ante todo un aventurero y estar dispuesto a correr cualquier riesgo y a fracasar en su empeño si hace falta. Dicho de otro modo: debemos escribir peligrosamente; todo tiende a transformarse hoy en día, y la literatura actual solo será valiosa si acierta a reflejar esa inestabilidad.

James Joyce
Conversación con Arthur Power
Traducción: Pablo Sauras
Editorial: Alba

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He aquí también la prueba de que a un escritor lo marca de forma indeleble su fecha de nacimiento y su época, incluso aunque no participase de forma directa en la acción política, incluso aunque parezca un solitario, replegado en eso que suele llamarse “su torre de marfil”. Y, si escribe poemas, son a imagen y semejanza del tiempo en que vive y no habrían podido escribirse en ninguna otra época.
Es lo que sucede con el poema de Yeats, ese gran escritor irlandés cuya lectura me ha conmovido siempre de manera tan honda: “Los cisnes salvajes de Coole”. En un parque, Yeats está observando a unos cisnes que se deslizan por el agua:

Me ha llegado otro otoño, diecinueve
desde que conté el primero;
vi, antes de haber terminado,
de pronto a todos remontar el vuelo
y que en grandiosos anillos al dispersarse giraban
con estruendo de sus alas.
[…]
Sin rumbo ahora el agua inmóvil surcan
misteriosos y bellos;
¿entre qué juncos construirán sus nidos?,
¿en qué orillas de estanques o de esteros
deleitarán otros ojos cuando un día abra los míos
y descubra que se han ido?

Los cisnes aparecen con frecuencia en la poesía del siglo XIX, en Baudelaire o en Mallarmé. Pero este poema de Yeats no habría podido escribirse en el siglo XIX. Por su peculiar ritmo y por su melancolía pertenece al siglo XX e incluso al año en que se escribió.
Sucede también que un escritor del siglo XX se siente a veces apresado en su tiempo y que la lectura de los grandes novelistas del XIX -Balzac, Dickens, Tolstoi, Dostoievski- le infunde cierta nostalgia. En aquella época el tiempo fluía de forma más lenta que hoy, y esa lentitud estaba más a tono con el trabajo del novelista porque podía concentrar mejor la energía y la atención. Luego, el tiempo se aceleró y avanza a trompicones, lo que explica la diferencia entre los recios macizos novelísticos del pasado, con arquitectura de catedral, y las obras discontinuas y fragmentadas de hoy en día. Desde esa perspectiva, pertenezco a una generación intermedia y siento curiosidad por saber cómo las generaciones siguientes, que nacieron con Internet, móvil, correos electrónicos y tuits, expresarán mediante la literatura el mundo al que todos están permanentemente “conectados” y en el que las “redes sociales” menoscaban esa porción de intimidad y secreto que era aún, hasta hace poco, un bien que nos pertenecía, ese secreto que daba hondura a las personas y podía ser un gran tema novelesco. Pero no quiero dejar de ser optimista en lo referido al porvenir de la literatura y estoy convencido de que los escritores del futuro garantizarán el porvenir tal y como lo han venido haciendo todas las generaciones desde Homero…

Patrick Modiano
Discurso en la Academia Sueca
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia
Editorial: Anagrama

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La literatura, sin duda, tiene ese precio: también nosotros tenemos nuestros zancos y muletas, que nos parecen botas de siete leguas y que los lectores de pasado mañana, si quedan, sabrán poner en su sitio como nosotros hemos hecho con nuestros antepasados, y sin reprochárnoslo mucho más, en la tienda ortopédica de la literatura. La literatura está en otra parte. Si es válida, si significa algo, no puede ser más que lo que nos recuerda la hermosa expresión de Rimbaud: “el alma aplicada al alma -y tirando”. Hacia qué lado tira es, si ustedes quieren, su verdadero contenido.

Julien Gracq
"Por qué respira mal la literatura"
Conferencia dictada en el École normale supérieure de París en 1960