lunes, 24 de agosto de 2020

El descubrimiento de la estructura del momento presente, Milan Kundera



por calledelorco



La novela desconoce, me parece, la necesidad de oponerse a la pérdida de la realidad huidiza del presente hasta un determinado momento de su evolución. El cuento boccacciano es el ejemplo de esta abstracción en la que el pasado se transforma en cuanto es contado: es una narración que, sin ninguna escena concreta, sin diálogos, como si fuera un resumen, nos comunica lo esencial de un hecho, la lógica causal de una historia. Los novelistas que vinieron después de Boccaccio eran excelente narradores, pero no era ni su problema ni su ambición captar lo concreto del tiempo presente. Contaban una historia sin imaginarla necesariamente en escenas concretas. La escena pasa a ser el elemento fundamental de la composición de la novela (el lugar del virtuosismo del novelista) al principio del siglo XIX. Scott, Balzac, Dostoievski componen la novela como una secuencia de escenas minuciosamente descritas con su decorado, su diálogo, su acción; todo lo que no es escena, está considerado y sentido como secundario, incluso superfluo. La novela parece un guión muy rico.
En cuanto la escena pasa a ser un elemento fundamental de la novela, queda virtualmente planteada la cuestión de la realidad tal como se manifiesta en el momento presente. Digo "virtualmente" porque, en la escena es más una pasión por lo dramático que una pasión concreta, más el teatro que la realidad. En efecto, la nueva estética de la novela que nace entonces ( estética del segundo tiempo de la historia de la novela) se manifiesta mediante el carácter teatral de la composición: o sea, mediante una composición concentrada a) en una única intriga (contrariamente a la práctica de la composición "picaresca", que consiste en una secuencia de intrigas distintas); b) en los mismos personajes (dejar que los personajes abandonen la novela a medio camino, como era normal para Cervantes, se considera hoy un defecto); c) en un corto espacio de tiempo (incluso si entre el comienzo y el final de la novela transcurre mucho tiempo, la acción se desarrolla tan sólo a lo largo de unos cuantos días elegidos; así, por ejemplo, Los endemoniados se extiende a lo largo de unos meses, pero toda la acción extremadamente compleja se distribuye en dos días, luego en tres, luego en dos y por último en cinco).
En esta composición balzaquiana o dostoievskiana de la novela, toda la complejidad de la intriga, toda la riqueza del pensamiento (los grandes diálogos en la obra de Dostoievski), toda la psicología de los personajes, deben expresarse con claridad exclusivamente mediante escenas; por eso, una escena, como en el caso de una obra de teatro, pasa a ser  artificialmente concentrada, densa (los múltiples encuentros en una única escena), y se desarrolla con improbable rigor lógico (para que el conflicto de los intereses y las pasiones quede claro); con el fin de expresar todo lo que es esencial (esencial para la inteligibilidad de la acción y de su sentido), debe renunciar a todo lo que "inesencial", o sea a todo lo que es trivial, corriente, cotidiano, a lo que es azar o simple atmósfera.
Es Flaubert ("nuestro más respetado maestro", dice de él Hemingway en una carta a Faulkner) quien saca a la novela de la teatralidad. En sus novelas, los personajes se encuentran en un ambiente cotidiano, que (por su indiferencia, su indiscreción, pero también por sus atmósferas y sus sortilegios, que hacen que una situación sea hermosa e inolvidable) interviene constantemente en su historia íntima. Emma acude a la cita con Léon en la iglesia, pero un guía se une a ellos e interrumpe sus confidencias mediante una larga perorata inane. Montherlant, en su prólogo a Madame Bovary, ironiza sobre el carácter metódico de esa forma de introducir un motivo antitético en una escena, pero la ironía queda fuera de lugar; porque no se trata de un manierismo artístico; se trata de un descubrimiento por decirlo así ontológico; el descubrimiento de la estructura del momento presente; el descubrimiento de la perpetua coexistencia de lo trivial y lo dramático sobre la que se fundamenta nuestra vida.
Captar lo concreto del tiempo presente es una de las constantes tendencias que, a partir de Flaubert, irá marcando la evolución de la novela: alcanzará su apogeo, su verdadero monumento, en el Ulises de James Joyce, quien describe, en unas novecientas páginas, dieciocho horas de vida; Bloom se detiene en la calle con M'Coy: en un único segundo, entre dos réplicas que se siguen, ocurren muchas cosas: el monólogo interior de Bloom; sus gestos (con la mano en el bolsillo palpa el sobre de una carta de amor); todo lo que ve (una señora sube a una calesa y deja entrever sus piernas, etc.); todo lo que oye; todo lo que siente. Un único segundo del tiempo presente pasa a ser, en la novela de Joyce, un pequeño infinito.
Milan Kundera
Los testamentos traicionados
Traducción: Beatriz de Moura
Editorial: Tusquets



domingo, 2 de agosto de 2020

PENSADORES INTEMPESTIVOS / 1. HENRI BERGSON


El tiempo era otra cosa


El filósofo francés Henri Bergson (1859-1941), ganador del Nobel de Literatura en 1927, en una imagen de 1928. 
El filósofo francés Henri Bergson (1859-1941), ganador del Nobel de Literatura en 1927, en una imagen de 1928.  ULLSTEIN BILD / GETTY IMAGES

Debajo de un bombín puede estar la frente de un revolucionario. Henri Bergson(París, 1859-1941) fue un señor educado, de rasgos finos y delicados que, entre el hongo y la dinamita, se decantó por lo primero. Es curioso que la palabra revolucionario tenga tanto prestigio en nuestros días, cuando implica dar vueltas y más vueltas en un círculo en el que la única posible transformación es la posición, el estar arriba o abajo. Pero Bergson lo fue precisamente por su rechazo a cifrarlo todo en la posición. Entre otras excentricidades, Bergson creía que la memoria no se guarda en el cerebro. Le parecía que reducir el tiempo al espacio, como hacen los relojes, era traicionarlo. Los relojes sólo miden a otros relojes, sólo pueden comprender el tiempo mediante el espacio, ya sea el que recorre la Tierra alrededor del Sol o las transiciones del átomo de cesio. El tiempo real era el tiempo interior, ese que había evocado su primo Proust, que él llamaba duración. Y si el camino de ida se nos hace más largo que el de vuelta, aunque en nuestro cronómetro marquen lo mismo, la ida ha durado más. La experiencia cualitativa del sujeto prima sobre la experiencia cuantitativa de la máquina.
Algunas de las hipótesis de Bergson parecen sacadas de la literatura fantástica, pero sabemos por experiencia que la literatura es la que marca el ritmo de la historia. Sostenía que para estudiar la vida no sirve descomponerla y analizar sus partes (eso supone estudiar la muerte), sino que era necesario profundizar en la vivencia. La naturaleza híbrida de este filósofo, buen conocedor de las matemáticas y la biología, hijo de inglesa y polaco, del pragmatismo británico y la ensoñación eslava, le proporcionó una poderosa intuición y un enorme talento para la escritura. Recibió el Nobel de Literatura en una época en que el premio también se otorgaba a los filósofos, entendiendo que el buen filósofo es, ante todo, un narrador que también sabe contar historias.

Fue un revolucionario y, entre otras excentricidades, creía que la memoria no se guarda en el cerebro

Bergson anticipó el auge del zen, una tradición que desconocía. Los maestros zen evitan largos parlamentos y demostraciones sobre la verdad. Prefieren dar a sus discípulos ocasiones para instruirse por sí mismos. Lo mismo hacía Bergson. Algunos pasajes parecen sacados de un manual de meditación: “Cierro los ojos, me tapo los oídos y suprimo, una tras otra, las sensaciones que me llegan del exterior. Ya lo he logrado. Sin embargo, subsisto y no puedo dejar de subsistir. Sigo aquí. Puedo rechazar mis recuerdos y hasta olvidar mi pasado, pero conservo la conciencia de mi presente”. Y advierte que en el instante mismo en que una conciencia se extingue, otra se alumbra para asistir a la desaparición de la primera, pues la primera sólo puede desaparecer para otra y frente a otra. Recuerda a las Presencias reales, de George Steiner, recientemente desaparecido. Un libro también extemporáneo. No es posible imaginar una nada sin advertir que hay alguien que la imagina, que hay algo que subsiste.

martes, 28 de julio de 2020

Un planteamiento interesante, a mi entender



Ramón Irigoyen enseña a leer y escribir poemas


Ramón Irigoyen inicia en la Casa del Lector su taller "Cómo se lee y se escribe un poema" el miércoles 5 de junio. El taller tiene una duración de cuatro sesiones, de 19:30 a 21 horas, los miércoles 5, 12, 19 y 26 de junio. En la primera sesión, se abordarán nociones métricas elementales y se leerán los poemas Una mujer me ha envenenado el alma de Bécquer,   Reyerta de Lorca Walking around de Neruda. Y se darán las pautas para escribir poemas. En las tres sesiones siguientes, los alumnos leerán sus poemas que imitarán los temas de los poemas de los poemas de Bécquer, Lorca y Neruda. El romance heroico Una mujer me ha envenenado el alma y el romance Reyerta los escribirán en verso libre. Y el poema en verso libre Walking around lo escribirán en romance. Los alumnos deben verter en sus imitaciones sus propias experiencias que revitalizan textos, tal como lo hicieron los poetas clásicos desde el siglo VI a. C hasta el siglo XVIII, la fecha en que los románticos se rebelaron contra la imitación clásica. 
Ramón Irigoyen es autor   de 16 libros de obra original.  Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.  Ha colaborado en 20 diarios de información general, en radio (Radio Nacional de España, cadena SER, cadena COPE) y en Telemadrid. Su obra ha sido traducida a diez lenguas. Su Poesía reunida (1979-2011), publicada por Visor, agrupa los libros Cielos e inviernos, Los abanicos del Caudillo, Romancero satírico La mosca en misa.  Algunos juicios sobre la poesía de Ramón Irigoyen: "Descomunal poeta" (Juan García Hortelano). "La voz más renovadora del panorama último" (Joaquín Marco, sobre Cielos e inviernos). 
Ramón Irigoyen ha impartido la conferencia "Cómo se lee un poema" en institutos de enseñanza secundaria de Madrid, Galapagar, (Madrid), Úbeda y Baeza (Jaén), Pamplona y en la Universidad Complutense. El taller "Cómo se lee y se escribe un poema" lo impartió también en la Casa del Lector del pasado 26 de febrero al 1 de marzo. 
Hay información en http://casalector.fundaciongsr.com/404/Taller-Como-se-lee-y-se-escribe-un-poema.


Y para los interesados la inscripción se encuentra en el teléfono 91 700 06 76 y en el correo electrónico: adriana.db@casalector.es
DESTINATARIO/A: Cualquier persona interesada.  
DIPLOMA: Se entregará a los/las asistentes al finalizar el taller. Asistencia mínima para obtener el diploma 3 sesiones. 

DESCRIPCIÓN DEL TALLER 
Leer bien un poema requiere  tener conocimientos de métrica.   En la primera sesión,  tras un repaso, en 30 minutos,  de nociones métricas elementales,  leeremos el poema  Una mujer me ha envenenado el alma de Bécquer, el romance  Reyerta de Lorca y el poema en verso libre Walking around  de Neruda. Y se darán las pautas para escribir poemas.  En la segunda sesión,  los alumnos/as leerán  su poema escrito   en verso libre imitando los temas de Una mujer me ha envenenado el alma.  En la tercera sesión,   los alumnos/as leerán su poema  escrito en verso libre  imitando los temas del romance Reyerta.  En la cuarta sesión,   los alumnos/as leerán su romance escrito imitando el poema en verso libre Walking around.   En las cuatro sesiones,  se corregirán  las lecturas de los poemas. En las buenas imitaciones de poemas ajenos  el poeta imitador vierte también sus propias experiencias que revitalizan los textos.  

IMPARTIDO POR RAMÓN IRIGOYEN

Ramón Irigoyen es escritor. Es licenciado en Filosofía y Letras (sección de Filología Clásica) por la Universidad de Salamanca. Residió en Atenas tres años.  Fue profesor de español en la Escuela de Idiomas de la Universidad de Atenas. Fue profesor de latín del Colegio Universitario de La Rioja. Obtuvo un Premio de Relatos Eróticos Play Boy y el XV Premio de Narraciones Breves "Antonio Machado". Distinciones: Escudo de la Universidad del Sur del Valle (Qena, Egipto) y Premio al Valor Ético por el conjunto de su obra otorgado por To Kafeníon ton Ideón en Salamina (Grecia). Insignia de plata del Club Internacional de Prensa. Entrada "Irigoyen, Ramón" en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. 
Es autor de 16 libros de obra original - libros de poesía, narrativa, ensayo, empresa, literatura infantil... -. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno - tragedias de Esquilo y Eurípides, y poesía de Cavafis, Seferis y Elitis (los dos últimos Premio Nobel), entre otros poetas. Ha colaborado en 20 diarios de información general, en radio (Radio Nacional de España, Cadena SER, Cadena COPE) y en Telemadrid. Su obra ha sido traducida a diez lenguas. Su Poesía reunida (1979-2011), publicada por Visor, agrupa los libros Cielos e inviernos, Los abanicos del Caudillo, Romancero satírico La mosca en misa.  Algunos juicios sobre la poesía de Ramón Irigoyen: "Descomunal poeta" (Juan García Hortelano). "La voz más renovadora del panorama último" (Joaquín Marco, sobre Cielos e inviernos). 
Más información en: www.ramonirigoyen.com

OBJETIVOS
- Asimilar que en una palabra es tan importante su significado como su sonido.
- Leer los poemas en voz alta con corrección métrica y entonación adecuada.
- Aprender a sentir y emocionarse con los poemas. 
- Educar el oído.
- Memorizar versos de Bécquer (Rimas), Lorca (Romancero gitano)  y Neruda (Antología).  
- Adquirir las técnicas para escribir poemas.
- Fomentar la lectura, escritura y corrección de poemas en equipo.

PROGRAMA

PRIMERA SESIÓN 
Primeros 30 minutos: Repaso de nociones elementales de métrica. El acento, ritmo, rima. Sinalefa, sinéresis, diéresis, hiato. Octosílabo, endecasílabo,  alejandrino. Pausas, tono,  encabalgamiento. Romance, soneto, verso libre.  Estas nociones de métrica - de muy fácil comprensión para el alumnado - se entregarán fotocopiadas a los asistentes. 
60 minutos restantes: aplicaremos estas nociones de métrica a la lectura de Una mujer me ha envenenado el alma de Bécquer (20 minutos),    Reyerta de Lorca (20 minutos);   y del poema en verso libre Walking around de Neruda (20 minutos).

SEGUNDA SESIÓN: 
Lectura y comentario del  poema en verso libre escrito por los alumnos/as imitando el poema Una mujer me ha envenenado el alma de Bécquer. Temas del poema: un error sentimental - Una mujer me ha envenenado el alma - y el error de no utilizar un  preservativo- otra mujer me ha envenenado el cuerpo -. En consecuencia, no me privaré de contagiar mi veneno a la humanidad - ¿puedo dar más de lo que a mí me dieron?  -. Otra forma de ver las cosas: "Si te pisan un pie la culpa es tuya" (Julio Herrero).

TERCERA SESIÓN
Lectura y comentario del  poema  en verso libre escrito  por los alumnos/as imitando el romance Reyerta de Lorca. Tema del poema: el  enfrentamiento entre personas con el  consiguiente resentimiento cuyo origen literario ya hallamos en el comienzo mismo de la Ilíada de Homero: "Canta, diosa, la cólera del Pelida Aquiles...".

CUARTA SESIÓN
Lectura y comentario del romance  escrito por los alumnos/as imitando el poema  en verso libre Walking around de Neruda. Tema del poema: el cansancio de vivir que, en el siglo XIX, Baudelaire llamaba spleen. Métodos surrealistas de reanimación que propone Neruda: "Sin embargo sería delicioso / asustar a un notario con un lirio cortado / o dar muerte a una monja con un golpe de oreja...". ¿Es una buena solución recurrir al crimen para salir del aburrimiento?

OBSERVACIONES:: 1) Traer a clase los poemas escritos. 2) Traer ordenador portátil, cuaderno  o folios.  3) Enviar los poemas escritos  al correo electrónico del Profesor los martes 11, 18 y 25 de junio.  4)   Leer, antes  de las clases,  las  Rimas  de Bécquer (Cátedra);   Romancero gitano  de Lorca (Cátedra);  Antología poética  de Neruda (Espasa). 
PLAZAS: 25                                                                  
PRECIO: 30 euros.
INSCRIPCIÓN EN: adriana.db@casalector.es






lunes, 27 de julio de 2020

Cada poeta es un océano pacífico, Marina Tsvietáieva


por calledelorco




Una nota indispensable: ni Byron ni Maiakovski se sirven para la gloria de su lira poética, los dos utilizan su vida privada, basura. ¿Byron desea la gloria? Compra una jaula de fieras, se instala en la casa de Rafael, tal vez, se va a Grecia... ¿Maiakosvki desea la gloria? Se pone una blusa amarilla y elige como fondo — una valla.
Lo escandaloso de la vida privada de una buena parte de los poetas es sólo la purificación de la otra vida: para que allí haya pureza.
En la vida — suciedad; en el cuaderno — pureza*. En la vida — bullicio; en el cuaderno — silencio. (El océano, incluso durante la tormenta, da la impresión de quietud. El océano, aun cuando está tranquilo, da la impresión de trabajo. El primero es — un observador en acción. El segundo — un trabajador en reposo. En cada forma de fuerza coexisten incesantemente el silencio y el trabajo. La paz que cada forma de fuerza vierte sobre nosotros hace que estemos más tranquilos por ella: Así es el océano. Así es el bosque. Así es el poeta. Cada poeta es un océano pacífico.)
De este modo se desmorona claramente un lugar común: en la poesía todo está permitido. No, precisamente en la poesía — nada. En la vida privada — todo.
*Pureza, léase — negrura. La pureza del cuaderno es precisamente su negrura.





sábado, 25 de julio de 2020

La imposibilidad de escribir con lucidez absoluta, Aldolfo Bioy Casares









por calledelorco
Una tarde de 1939, en las barrancas de San Isidro, Borges, Silvina Ocampo y yo planeamos un cuento (otro de los que nunca escribiríamos). Ocurría en Francia. El protagonista era un joven literato de provincia, a quien había atraído la fama –limitada a los círculos literarios más refinados e intuida por él– de un escritor que había muerto pocos años antes. Laboriosamente el protagonista rastreaba y obtenía las obras del maestro: un discurso, que consistía en una serie de lugares comunes de buen tono y redacción correcta, en elogio de la espada de los académicos, publicado en plaquette; una breve monografía, dedicada a la memoria de Nisard, sobre los fragmentos del Tratado de la lengua latina de Varrón; una Corona de sonetos igualmente fríos por el tema que por la forma. Ante la dificultad de conciliar estas obras, tan descarnadas y yertas, con la fama de su autor, el protagonista iniciaba una investigación. Llegaba al castillo donde el maestro había vivido y por fin lograba acceso a sus papeles. Desenterraba borradores brillantes, irremediablemente truncos. Por último encontraba una lista de prohibiciones, que nosotros anotamos aquella tarde en la ajada sobrecubierta y en las páginas de un ejemplar de An Experiment with Time; de ahí la transcribo:
En la literatura hay que evitar:
-Las curiosidades y paradojas psicológicas: homicidas por benevolencia, suicidas por contento. ¿Quién ignora que psicológicamente todo es posible?
-Las interpretaciones muy sorprendentes de obras y de personajes. La misoginia de Don Juan, etcétera.
-Peculiaridades, complejidades, talentos ocultos de personajes secundarios y aun fugaces. La filosofía de Maritornes. No olvidar que un personaje literario consiste en las palabras que lo describen (Stevenson).
-Parejas de personajes burdamente disímiles: Quijote y Sancho, Sherlock Holmes y Watson.
-Novelas con héroes en pareja. La dificultad del autor consiste en: si aventura una observación sobre un personaje, inventará una simétrica para otro, abusando de contrastes y lánguidas coincidencias: Bouvard et Pécuchet.
-Diferenciación de los personajes por manías. Cf: Dickens.
-Méritos por novedades y sorpresas: trickstories. La busca de lo que todavía no se dijo parece tarea indigna del poeta de una sociedad culta; lectores civilizados no se alegrarán en la descortesía de la sorpresa.
-En el desarrollo de la trama, vanidosos juegos con el tiempo y con el espacio. Faulkner, Priestley, Borges, Bioy, etcétera.
-El descubrimiento de que en determinada obra el verdadero protagonista es la pampa, la selva virgen, el mar, la lluvia, la plusvalía. Redacción y lectura de obras de las que alguien pueda decir esto.
-Poemas, situaciones, personajes con los que se identifica el lector.
-Frases de aplicabilidad general o con riesgo de convertirse en proverbios o de alcanzar la fama (son incompatibles con un discours cohérent).
-Personajes que puedan quedar como mitos.
-Personajes, escenas, frases deliberadamente de un lugar o de una época. El color local.
-Encanto por palabras, por objetos. Sex y death-appeal, ángeles, estatuas, bric-à-brac.
-La enumeración caótica.
-La riqueza de vocabulario. Cualquier palabra a la que se recurre como sinónimo. Inversamente. Le mot juste. Todo afán de precisión.
-La vividez en las descripciones. Mundos ricamente físicos. CF: Faulkner.
-Fondos, ambiente, clima. Calor tropical, borracheras, la radio, frases que se repiten como un estribillo.
-Principios y finales metereológicos. Coincidencias meteorológicas y anímicas. Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!
- Todo antropomorfismo.
-Novelas en que la trama guarda algún paralelo con la de otro libro. Ulysses de Joyce.
-Libros que fingen ser menús, álbumes, itinerarios, conciertos.
-Lo que puede sugerir ilustraciones. Lo que puede sugerir filmes.
-La censura o el elogio en las críticas (según el precepto de Ménard). Basta con registrar los efectos literarios. Nada más candoroso que esos dealers in the obvious que proclaman la inepcia de Homero, de Cervantes, de Milton, de Molière.
-En las críticas toda referencia histórica o biográfica. La personalidad de los autores. El psicoanálisis.
-Escenas hogareñas o eróticas en novelas policiales. Escenas dramáticas en diálogos filosóficos.
-La expectativa. Lo patético y lo erótico en las novelas de amor; los enigmas y la muerte en novelas policiales; los fantasmas en las novelas fantásticas.
-La vanidad, la modestia, la pederastia, la falta de pederastia, el suicidio.
Los pocos amigos a quienes leímos este catálogo, inconfundiblemente manifestaron disgusto. Tal vez creyeran que nos arrogábamos las funciones de legisladores de las letras y quién sabe si no recelaban que tarde o temprano les impondríamos la prohibición de escribir libremente; o tal vez no entendieran qué nos proponíamos. En este punto, alguna justificación tenían, pues el criterio de nuestra lista no es claro; incluye recursos lícitos y prácticas objetables. Me figuro que si hubiéramos escrito el cuento, cualquier lector hallaría suficiente explicación en el destino del autor de las prohibiciones, el literato sin obra, que ilustra la imposibilidad de escribir con lucidez absoluta.
Aldolfo Bioy Casares
Escritos autobiográficos